100 años de la CONMEBOL (Nota 1)

19 de diciembre de 2016

Reproducción del comienzo de la crónica del matutino La Prensa, de Buenos Aires, del lunes 13 de junio de 1910, con el comentario del triunfo de Argentina 4:1 sobre Uruguay. Los diarios difundieron como Campeonato Sudamericano, al muy particular torneo que se organizó en Buenos Aires para conmemorar el centenario de la Revolución de Mayo. Todavía nadie hablaba en el Cono Sur americano de crear la Confederación. Sin embargo, Héctor R. Gómez -quién lanzará en 1912 la idea- participó en Buenos Aires como presidente de la delegación uruguaya, además de seleccionador de los jugadores y, junto con León Peyrou, responsables de integrar la oncena que salía a la cancha.

Reproducción del comienzo de la crónica del matutino La Prensa, de Buenos Aires, del lunes 13 de junio de 1910, con el comentario del triunfo de Argentina 4:1 sobre Uruguay. Los diarios difundieron como Campeonato Sudamericano, al muy particular torneo que se organizó en Buenos Aires para conmemorar el centenario de la Revolución de Mayo. Todavía nadie hablaba en el Cono Sur americano de crear la Confederación. Sin embargo, Héctor R. Gómez -quién lanzará en 1912 la idea- participó en Buenos Aires como presidente de la delegación uruguaya, además de seleccionador de los jugadores y, junto con León Peyrou, responsables de integrar la oncena que salía a la cancha.

Por Atilio Garrido / Investigador. Autor de “100 años de la CONMEBOL / Un continente de fútbol”, libro oficial de la Confederación Sudamericana con la historia de su centenario.

En el final de su mandato, el presidente de Argentina, José Figueroa Alcorta, festejó con toda pompa el Centenario de la revolución de mayo de 1810. Decidió mostrar al mundo la riqueza e influencia del país. Llegaron a Buenos Aires representaciones de diversas partes del mundo. Entre ellas, causó impacto la presencia de la infanta Isabel de Borbón. Eran aquellos los tiempos en que los sudamericanos llamábamos a España, la Madre Patria, razón por la cuál la llegada al Río de la Plata de una destacada representante de la realeza española resultó un gran acontecimiento.

En el Cono Sur americano, en ese tiempo de fines de la primera década del siglo XX, el football ya no pertenecía a los británicos residentes y los jóvenes de las familias de la aristocracia de Buenos Aires, Montevideo, Valparaíso, Santiago de Chile, San Pablo y Río de Janeiro. El nuevo deporte inventado por  los ingleses en 1863, penetró en las capas populares de las sociedades, logrando masificarse. Se encaminó hacia su transformación en “pasión de multitudes”.

En función de esa realidad, en el marco de los Juegos Olímpicos del Centenario, el gobierno encargó a la Sociedad Sportiva Argentina, la organización de una competencia futbolística. Esta entidad se fundó en 1899 como Sociedad Hípica por impulso del barón Antonio de Marchi, yerno del presidente de la República de ese momento, Gral. Julio Argentino Roca. En 1902, siempre durante el mandado de su familiar, se transformó en Sociedad Sportiva, con la intención de poner bajo su control y jurisdicción a la Asociación Argentina de Football. Estas luchas por el poder comenzaron a gestarse como resultado de la expansión del football y nacimiento del negocio a raíz del dinero que comenzó a ingresar por la venta de entradas. Surgía de esta forma el enfrentamiento dos corrientes de pensamiento sobre el futuro del deporte: amateurismo y profesionalismo.

El barón de Marchi cursó invitaciones a Uruguay, Chile y Brasil para que enviaran sus selecciones a participar en el certamen futbolístico, en el que también intervendría la selección de Argentina, el famoso y poderoso club Alumni, un combinado integrado por jugadores británicos que actuaban en clubes de Buenos Aires y otro de la Liga Rosarina.

El gobierno brasileño enfrentado con el argentino por disputas de supremacía naval y diplomática no intervino en las celebraciones. Uruguay remitió una destacada embajada política con autoridades del gobierno del presidente Claudio Williman y el equipo de la Liga Uruguaya de Football, nombre que en ese momento tenía la actual AUF. El presidente de Chile, Pedro Montt, asistió en barco con 400 personas (políticos, dirigentes deportivos y atletas), exigiendo que el fútbol de su país, que se encontraba dividido a raíz de lo señalado en línea precedentes, buscara una solución para intervenir. Ante esa orden presidencial, el combinado surgió de un acuerdo –especie de tregua– entre las dos asociaciones existentes. Organizaron una particular competencia para elegir a los futbolistas, con participación de selecciones de Talca, y de las ciudades del sur, Santiago y Valparaíso. La delegación de fútbol, presidida por Horacio Cooper, de Valparaíso, viajó en el Ferrocarril Trasandino, inaugurado el 5 de abril de 1910, en el marco de los festejos del centenario de la Revolución de Mayo. Después de 21 años de trabajos, las vías unieron las ciudades de Los Andes con Mendoza. Con el progreso de las comunicaciones, América del Sur comenzaba a “achicarse”. El fútbol, agradecido. Cruzar la cordillera andina en tren desde Santiago a Buenos Aires insumió 52 horas. Por primera vez en la historia, Chile se sumaba a la “competencia internacional”.

El torneo de fútbol formó parte de los oficialmente denominados Juegos Olímpicos del Centenario. Llegado el momento de la actividad, la Asociación Argentina de Football se encargó de todos los detalles inherentes al torneo, junto con la “comisión auxiliar de los juegos olímpicos” designada por la Sociedad Sportiva. A pesar que el 20 de mayo la asociación de fútbol le remitió una nota a la misma, “intimándole la entrega de una suma determinada de dinero para sufragar los gastos y permanencia en Buenos Aires de los teams” (1) de Uruguay y Chile, la competencia resultó la más grande atracción de los muchos festejos que se organizaron para la conmemoración patria.

La actividad futbolística se desarrolló entre el 27 de mayo y el 12 de junio de 1910. El certamen fue publicitado como Campeonato del Centenario de Mayo Argentino, cuyo vencedor conquistaría el trofeo aplicándose un curioso reglamento. El campeón sería aquel país con mejor puntaje luego de computar –exclusivamente- los resultados de los encuentros que Argentina, Chile y Uruguay disputarían entre sí. O sea que, exclusivamente tenían valor para adjudicarse el título de campeón, sólo tres partidos. Inclusive, en los días previos al inicio de los enfrentamientos, la asociación argentina planificó que el club Alumni se enfrentara a un combinado integrado por jugadores uruguayos y chilenos. La idea, difundida en los diarios, luego no prosperó jugando contra el equipo albirrojo, cada una de las selecciones de Uruguay y Chile.

Esta característica determinó que la actividad se desarrollara con particularidades que en la actualidad resultan difíciles de comprender. El viernes 27 de mayo se iniciaron los partidos. Ese día Argentina venció 3:1 a Chile en la cancha de Belgrano. En la jornada siguiente –sábado 28-, en el mismo escenario los argentinos ganaron 5:1 a los británicos. El domingo 29 de mayo de 1910, en la cancha de Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires (GEBA), Uruguay derrotó 3:0 a Chile, en un partido donde el juez Susán anuló tres goles por offside a los orientales. “El golero Gibson evitó un tanteador más abultado. El público ovacionó grandemente a los chilenos y en principal a Gibson que lo llevaron en andas”.(2) Este primer partido de la historia entre ambos países, oficialmente también marcó el comienzo del triangular por el título de campeón, ya que el primer enfrentamiento entre Argentina y Chile, no se contabilizó para el certamen, volviéndose a enfrentar el domingo 5 de junio.

Luego del triunfo oriental ante los trasandinos, la actividad continuó con un partido donde los “chilenos vencieron a holandeses por 8 a 0 en el campo de la Sociedad Sportiva en Palermo”, (3) y el jueves 2 de junio, Uruguay obtuvo un resonante triunfo 3:1 ante el fuerte equipo de Alumni en el estadio de GEBA. El domingo 5 de junio volvieron a enfrentarse argentinos y chilenos en la misma cancha de Palermo, con nuevo triunfo por 5:0 del combinado anfitrión. En esa jornada dominguera los uruguayos viajaron a Rosario donde igualaron 2:2 con el combinado de la Liga local. El miércoles 8 en meritoria actuación los chilenos igualaron en dos goles con Alumni.

De éste cóctel de resultados –como se ha expresado- los triunfos de los rioplatenses ante los chilenos, otorgaron carácter de final al clásico del Río de la Plata. Las instalaciones de la cancha Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires (GEBA) en Palermo, se mostraban repletas con 11.000 personas. Desde Montevideo viajaron 1.500 aficionados en el Vapor de la Carrera “Río de la Plata”. Argentina ganó 4:1 con total comodidad. Aunque no fue un torneo en el sentido ortodoxo, el certamen abrió las puertas al futuro. Nació en argentina y se popularizó, el concepto de “campeonato sudamericano” que se utilizó en el telex y que a modo de prefacio se había puesto en marcha. Es importante destacar que hasta ese momento, en el Cono Sur americano, nadie había planteado la creación de una Confederación Sudamericana de Fútbol, por más que Héctor R. Gómez –quién será luego su inspirador- participó activamente en la competencia desde su función de presidente de la delegación uruguaya y, a su vez, seleccionador junto con León Peyrou, de los jugadores del combinado oriental, cuya integración ellos dos definían.

Final de la crónica de La Prensa de Buenos Aires. En 1910 claramente se establecía que al vencer a Uruguay en la final, los argentinos se  consagraron "campeones de América del Sud"-

Final de la crónica de La Prensa de Buenos Aires. En 1910 claramente se establecía que al vencer a Uruguay en la final, los argentinos se consagraron “campeones de América del Sud”-

 

  • La Prensa, Buenos Aires, 20/05/1910
  • La Tribuna Popular, Montevideo, 30/05/1910
  • La Tribuna Popular, Montevideo, 30/05/1910

 

 

 


Etapa 10

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Estadio Belvedere
16:00
Estadio Domingo Burgueño Miguel
16:00
Estadio Campeón del Siglo
16:00
Parque Artigas
16:00
Parque Federico Saroldi
16:00
Parque Capurro
18:30
Parque Viera
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