100 años de la CONMEBOL (Nota 16)

9 de enero de 2017

La fotografía publicada en gran tamaña por el matutino argentino La Nación, se captó el domingo 16 de julio de 1916, en la cancha de Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires, en Palermo, donde argentino y uruguayos tenía que jugar el último partido del campeonato sudamericano realizado en conmemoración del centenario de la independencia de Argentina. La capacidad de las tribunas para 20.000 personas fue sobrepasada al venderse entradas para 40.000. El público, sin espacio para ubicarse, invadió la cancha. Se observa, arriba a la izquierda el arco que daba espaldas a una tribuna popular. A la derecha el palco oficial. La multitud, en protesta le prendió fuego a las tribunas que eran de madera. Transcribimos en la presente nota y en la de mañana, todo el artículo de La Nación.

La fotografía publicada en gran tamaña por el matutino argentino La Nación, se captó el domingo 16 de julio de 1916, en la cancha de Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires, en Palermo, donde argentino y uruguayos tenía que jugar el último partido del campeonato sudamericano realizado en conmemoración del centenario de la independencia de Argentina. La capacidad de las tribunas para 20.000 personas fue sobrepasada al venderse entradas para 40.000. El público, sin espacio para ubicarse, invadió la cancha. Se observa, arriba a la izquierda el arco que daba espaldas a una tribuna popular. A la derecha el palco oficial. La multitud, en protesta le prendió fuego a las tribunas que eran de madera. Transcribimos en la presente nota y en la de mañana, todo el artículo de La Nación.

Por Atilio Garrido / Investigador. Autor de “100 años de la CONMEBOL / Un continente de fútbol”, libro oficial de la Confederación Sudamericana con la historia de su centenario.

El domingo 16 de julio de 1916 Buenos Aires amaneció con clima frío, sol y un inusitado movimiento en la zona céntrica y aledaños. Enormes columnas de vehículos y peatones se dirigían hacia los bosques de Palermo.

“A la 1 y 30 de la tarde, el público rompe las puertas de acceso. Como a esa hora las comodidades que ofrece el field de Gimnasia y Esgrima no admitieran la entrada de mayor número de aficionados pues en ese instante habría cerca de 40 millares, el público se desbordó dentro de la cancha, siendo vanos los esfuerzos de la policía para encauzar las cosas dentro de márgenes lógicos.  Los equipos aparecen en la cancha a las 3 y 45 p.m. inicióse el partido y en breves minutos el público desbordado, hace por ganar posiciones invadiendo el field. Ante tal incidencia, los jugadores se retiran. Convencido el público de que el compromiso sportivo no se cumpliría, inicia su venganza, rompiendo las barandas, arrancando los postes de los goles para llevarlos al palco oficial, donde se mofa de las autoridades de la Asociación. La policía, escasísima, observa ese espectáculo en forma pasiva. Justificó los excesos finales, pues, ante algunas maderas arrojadas por el público al palco oficial, alguien contesta con sillas, oyéndose luego algunas detonaciones. Fue esta la señal de comienzo del incendio de las gradas, siguiendo luego a las otras instalaciones que quedaron reducidas a cenizas, salvándose sólo la tribuna oficial, ante la oportuna y valiente intervención del Cuerpo de Bomberos. Varios han resultado heridos, tomando intervención la Asistencia Pública”.(1)

Para otra visión, en este caso muy importante ya que se trata de la argentina, recurrimos a continuación a la transcripción textual de toda la nota que ocupó una página entera del matutino La Nación de Buenos Aires, del 10 de julio de 1916. La misma se ilustró con fotografías de la invasión a la cancha y el posterior incendio. Debido a su extensión, se lee a continuación la primera parte que culminará en la nota próxima. El título fue “El match final del campeonato sudamericano de football / Los disturbios de ayer en el field del Club de Gimnasia y Esgrima / Incendio de una parte de las tribunas”.

El texto publicado fue fue el siguiente:

“Para solemnizar el centenario, vinculando el sport en su manifestación más popular, a los festejos rememorativos, la Asociación Argentina de Football decidió organizar un campeonato sudamericano en el cual intervendrían cuatro equipos en representación del Brasil, de Chile, de la Argentina y del Paraguay. No es necesario, por cierto, que recordemos ahora la difusión que ese deporte ha adquirido. Se le práctica, no sólo en toda la ciudad, sino en todo el país. Domingo a domingo reúnen los fields crecida concurrencia de público que va a presenciar los partidos por los campeonatos locales, reñidos siempre, pero sin un interés general tan intenso como el que despiertan habitualmente los encuentros internacionales. Y cuando se anuncia uno de esos matches en que frente a los jugadores nuestros han de presentarse los de cualquiera de los países limítrofes, la expectativa del público aficionado se acrecienta considerablemente. Van a esos encuentros muchas personas que en el resto del año no se acercan a las canchas de football, y ello no sólo por el carácter de la contienda, sino también por la calidad de los que en ella intervienen. Se explicará así el enorme interés despertado por este torneo del centenario, interrumpido ayer en su fase final por un hecho tan vergonzoso como deplorable. 

El desarrollo del campeonato 

El equipo representante del football de Chile llegó a esta capital en los primeros días del mes en curso y se midió con el uruguayo. Este lo venció por 4 tantos a 1 (SIC. N. de R. Los diarios uruguayos informaron 4:0, tanteador que aparece en varios libros referidos a la Copa América). Después los chilenos jugaron contra los argentinos, que triunfaron por 6 contra 1. El encuentro siguiente puso frente  a frente a brasileños y chilenos, que empataron por 1 contra 1, y el cuarto match, entre brasileños y argentinos, terminó con un resultado igual. Después los uruguayos vencieron a los brasileños por 2 contra 1. Quedaba, pues, por realizar el último match, que, vistos los resultados anteriores, vendría a ser decisivo en cuanto al primer puesto en el campeonato. En efecto, computándose dos puntos por cada partido ganado y uno por cada empate, el cuadro uruguayo llegaba al match con el argentino teniendo un haber de cuatro puntos, en tanto que el nuestro sólo tenía tres. Para triunfar, el equipo argentino necesitaba, por lo tanto, vencer al uruguayo, que, a su vez, obtendría la victoria con sólo empatar. Los jugadores elegidos para defender los colores del football nuestro iban a sufrir, por consiguiente, una prueba indudablemente dura, tanto más cuanto que el cuadro uruguayo había demostrado ser fuerte. Empero, se tenían grandes esperanzas en el éxito de los footballers locales, pues si el equipo formado para el match con los brasileños no había satisfecho a los aficionados por considerarse que no sintetizaba exactamente el poder general del deporte en la Argentina, el de ayer ofrecía reformas que daban al conjunto una homogeneidad mayor, y, por lo tanto, mayores probabilidades de triunfo. Los que en estas solemnidades del football acuden a los fields supieron apreciar el significado de esos cambios. La lucha sería, seguramente, magnífica y equilibrada. Pudo esperarse, pues, que la concurrencia que asistiría a presenciarla sería enorme, tan enorme, desde luego, como la expectativa reinante. Y los vaticinios hechos en este sentido no resultaron exagerados.

En el field

Se decidió que ese partido, como los anteriores del mismo campeonato, se disputase en la cancha del Club de Gimnasia y Esgrima, en Palermo. Era hasta ayer la mejor del país, y aun puede decirse que de la América del Sur. Rodeada de tribunas, podía dar cabida hasta 20.000 personas […]. Se había anunciado que el partido comenzaría a las 2.30. Previéndose que, como de costumbre, la gente afluiría desde mucho antes de esa hora, habíase organizado un partido entre dos cuadros de menores, que jugarían precediendo a los equipos internacionales. Y había ya mucha concurrencia cuando ese match previo se inició.

Poco después de mediodía se inició la avalancha. Por virtud de una lamentable falta de organización las boleterías habilitadas fuera del local resultaron insuficientes desde el primer momento. La gente se apretujó en torno de ellas a partir de las 12.30 en una lucha a codazo limpio para llegar hasta las ventanillas, mientras los escasos agentes del escuadrón de seguridad que veían aquello demostraban con su indiferencia una incapacidad total para imponer un poco de orden. A partir de la 1 la cosa tomó proporciones alarmantes. Las tribunas estaban ya llenas y mucha gente había resuelto permanecer de pie junto a la baranda que bordeaba el campo de juego. Frente a las boleterías la afluencia de gente era mayor que nunca, y mayor, por consiguiente, la lucha para aproximarse comprar entradas. La policía no había sido reforzada, o, si lo fue, ello no llegó a advertirlo nadie. Desde afuera podía verse la parte superior de la tribuna lateral oeste repleta de concurrencia, lo que hizo temer a los que llegaban la posibilidad de que no obtuviesen dentro del field ubicación adecuada. Aumentaron así las impaciencias. Y a la 1.1’0 hubo muchos, varios millares; que optaron por renunciar a la lucha frente a las boleterías y arremeter, en cambio, contra los guardianes de las puertas de acceso.

Este proyecto no tardó en ser conocido por la muchedumbre que se agolpaba afuera. De pronto, como obedeciendo a una señal que, sin embargo nadie dio, la multitud arremetió en lamentable carga. Los pocos agentes de caballería e infantería que custodiaban los puntos de acceso fueron arrollados. Uno del escuadrón cayó junto con su caballo… y, ya sin vallas que se opusiesen a su paso, toda aquella avalancha de gente se desparramó por el field. Invadió desde luego las tribunas populares. Una buena parte se encaminó, por su parte, hacia la oficial, y, penetrando en el recinto respectivo, asaltó los palcos llenos ya casi en su totalidad por familias, y se instaló decidida a no moverse de allí.

¿Cuántos entraron de ese modo? Sería imposible decirlo, ni siquiera aproximadamente; pero los que presenciaron la escena sostienen que los asaltantes sumaron, sin duda, varios millares.

La invasión a la cancha

Las cosas se presentaban decididamente mal. Afuera continuaba la lucha frente a las boleterías. Seguía llegando gente; cada vez en mayor cantidad. Acaso habría sido prudente intentar un remedio suspendiendo desde luego la venta de localidades, ya que basta echar una ojeada al field para advertir que no cabía más gente. Es posible que, aun procediendo de esta suerte, se habría producido el fracaso del match en virtud de algún otro asalto que habría volcado en el field nuevas oladas de gente. Pero lo cierto es que ese remedio no se intentó siquiera. Por contrario se continuó despachando entradas. Y a la 1.50 era tal el amontonamiento de la multitud en las tribunas y al pie de ellas por todo alrededor de la cancha, que tuvo que rebalsar necesariamente hacia el campo de juego. Entonces mucha gente se echó al centro de éste. No poca se dirigió resueltamente hacia la puerta de acceso al recinto de la tribuna oficial, y forzándola, se desparramó por la tribuna grande, trepando en tropel a las gradas y ocupando los sitios disponibles en los palcos, que a esa hora estaban en su casi totalidad ocupados por familias. Estas pasaron, por cierto, un instante poco agradable. Entretanto, la gente cubría en buena parte el campo de juego dificultando grandemente el desarrollo del partido de menores que en esos momentos se realizaba.

Para imponer orden en aquella multitud, que seguía aumentando sin cesar, había en el field unos pocos agentes de infantería y muchos menos de caballería. Los pedidos hechos a la gente para que se apartase hacia los costados de la cancha y permitiese el juego resultaban estériles. Hubiesen pagado o no su entrada, es lo cierto que todos querían estar en primera fila, único medio de presencia bien el match internacional. Después de considerables esfuerzos, y cerca de media hora más tarde, se consiguió, bien que mal, despejar el centro de la cancha, y con el propósito de contribuir a desalojarla se hizo que los equipos argentino y uruguayo entrasen en ella. Los jugadores pudieron abrirse paso por entre la multitud, que los rodeó bien pronto. Fue inútil cuanto se hizo para que la multitud posesionada del campo de juego se replegase sobre los costados y permitiese comenzar el encuentro. No quedó más remedio que admitir por el momento la imposibilidad de jugar, y los miembros de ambos cuadros se retiraron al guardarropa.

Una nueva tentativa

Nos consta que, no obstante los hechos que quedan referidos, a las 2.35 se continuaban vendiendo entradas. Ello no hizo más que agravar la situación. Lleno el field de gente, en la forma de que dan idea cabal algunos de nuestros grabados, comenzó la protesta. Se gritaba porque no se jugaba, pero, de los que ocupaban la cancha, nadie se movía para permitirlo. De las tribunas que hervían de concurrencia, levantábase un bullicio que no cesó hasta comenzar el deplorable espectáculo que se produjo luego. A las 3, poco más o menos, vista la imposibilidad de que la escasa fuerza policial existente restableciese el orden, llegaron refuerzos del escuadrón, siete hombres, que, con los que ya estaban allí, elevaron el total a 18. Se inició entonces una acción más enérgica, obligando a la gente a replegarse sobre los costados de la cancha. Tarea larga y por cierto dificultosa, fue recibida con protestas por los que ocupaban la cancha, y con grandes aplausos por los que colmaban las tribunas, y que, sin duda veían, en eso la posibilidad de que el partido se jugase. Así, después de media hora de brega, se consiguió que la multitud se amontonase detrás de las líneas que limitan la cancha, en la forma que puede verse en uno de nuestros grabados. Sin duda, no podía desarrollarse allí normalmente un encuentro de tanta importancia deportiva. E hicieron bien los representantes de las asociaciones uruguaya y argentina, resolviendo privadamente que se disputase un match ‘amistoso’, es decir, que no sería por el campeonato, único medio de calmar a la muchedumbre, cuya protesta iba arreciando, con mezclas de amenaza ya.

A las 3.30, los jugadores, que se habían puesto ya sus trajes de calle, volvieron a aparecer. Su presencia, acogida, como la vez anterior, con grandes aplausos, apaciguó los ánimos. Pero ya al entrar en el field por la estrecha puerta que les está reservada se pusieron otra vez de manifiesto las tendencias de una parte de la gente. Bastó, en efecto, que esa portezuela se abriese para que detrás de los jugadores se colase mucha gente, que, quebrando la línea tan penosamente formada, rebalsase de nuevo hacia el centro del field. Intervino la policía, consiguió hacer despejar bien que mal esa parte de la cancha, e inmediatamente el referee Fanta, chileno, hizo tomar colocación a los teams y dio la orden de comenzar el juego”.

 

(1) “El Campeonato Sudamericano de football / La actitud del público impide que se realice el match”. La Tribuna Popular. Montevideo, 17/07/1916.

Mañana próxima nota con la continuación de la transcripción textual de la crónica de La Nación.


SEMIFINAL - FINAL

1 - 2
Estadio Centenario
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