100 años de la CONMEBOL (Nota 17)

9 de enero de 2017

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Por Atilio Garrido / Investigador. Autor de “100 años de la CONMEBOL / Un continente de fútbol”, libro oficial de la Confederación Sudamericana con la historia de su centenario.

La interrupción definitiva

Los uruguayos ocuparon la parte oeste de la cancha y dieron a la pelota el puntapié inicial. Su primer avance fue detenido por los delanteros argentinos a los pocos metros; pero aquellos volvieron a la carga, y Reyes, para detenerlos, pasó la pelota a Isola, el guardavalla nuestro, que la echó hacia el lado de la tribuna oficial. En esa jugada la pelota salió de la cancha. Y cuando la tomaba el jugador uruguayo que debía ponerla en juego nuevamente, la gente agolpada sobre ese lado se adelantó no sabemos en virtud de qué, pues el lance no revestía la menor importancia.

Ya no hubo cómo despejar la cancha. Inmediatamente avanzó la gente por todos lados y el field volvió a verse repleto en un instante. Pareció que sería perfectamente inútil la tarea de limpiar el campo de juego, pues la obstinación de la multitud en impedir la realización del encuentro fue evidente. Se decidió, pues, abandonarlo, y los jugadores regresaron al vestuario, mientras la invasión de la cancha se generalizaba, y una ola de gente avanzaba hacia el palco oficial, en el que hasta entonces se hallaban las autoridades de la Asociación Argentina de Football, los delegados de las instituciones similares brasileña, uruguaya y chilena, y no pocos invitados. La baranda que rodea la cancha había sido rota por varios puntos. La multitud de los protestantes se tornaba más amenazadora, cada vez.

Los hechos posteriores

Ya entonces se echó de ver a qué extremos lamentables conduciría la actitud inconcebible de la policía. Sin que ésta saliese de su indiferencia, algunos de los manifestantes más audaces se dirigieron a los dos arcos y los arrancaron. El del costado oeste fue llevado hasta frente al palco oficial como trofeo. La red de ese arco fue quemada allí. Y como si esto significara una señal, en varios puntos de la cancha se advirtieron algunos conatos de incendio, que algunas personas de buena voluntad apagaron.

A tiempo que esto sucedía y los agentes policiales de infantería parecían dedicados por entero a contemplar el espectáculo, sin que los de caballería hiciesen mucho más, una parte de la concurrencia, se retiraba apresuradamente, previendo lo que iba a suceder. Simultáneamente, algunos de los turbulentos la emprendían a pedradas contra el palco oficial, sin respetar a nadie, y lanzaban trozos de madera, sillas y cuanto objeto hallaban a mano. Hubo algunos contusos, y éstos no se produjeron en número mayor porque la evacuación se llevó a cabo con toda celeridad posible.

Entretanto, un grupo de exaltados se dirigió a la tribuna popular del costado este y le prendió fuego por uno de los extremos. La construcción, hecha totalmente de madera, comenzó a arder con rapidez, tanto más cuanto que el viento le daba de frente y con regular fuerza. La muchedumbre aplaudía, y el tumulto continuó, sin que el fuego alejase mayormente a los revoltosos, que formaron una masa compacta allí cerca, para `presenciar el avance de las llamas.

Cuando el fuego iba a alcanzar a una bandera uruguaya que flameaba en lo alto de un mástil colocado en esa tribuna, el conscripto archivista Juan pallas se encaramó a lo alto, y, envuelto por el humo, consiguió retirarla. También aplaudió este acto el público. Al descender, Pallas, semiasfixiado, fue socorrido por los doctores Rayces y Escobar Bavio, que estaban en el field, y transportado luego al hospital Fernández. La actitud de ese conscripto fue imitada por varios agentes y marineros, que inmediatamente retiraron las banderas chilenas, brasileñas y argentinas que coronaban esa tribuna.

En las otras tribunas

A las 5 de la tarde la tribuna este quedaba totalmente consumida por las llamas, y éstas se habían propagado a la larga tribuna lateral, que comenzaba a arder, no obstante el viento contrario, por su extremo derecho. Los bomberos habían empezado a llegar pero el caño de riego del field, que habría podido alimentar algunas mangas, había sido abierto y roto, y no se contaba con más líquido que el que podía suministrar el arroyo de Maldonado. El centro de la cancha seguía ocupado por mucha gente, entre la cual paseaban inmpávidos los agentes del escuadrón de seguridad, encantados, al parecer, con el espectáculo. En cuanto a la tribuna popular del costado oeste, estaba totalmente ocupada.

Fue en esa tribuna donde poco después comenzó el fuego. Versiones autorizadas permiten asegurar que algunos de los revoltosos asaltaron varios autos estacionados aún dentro del local y extrajeron nafta. Con ella rociaron el maderamen y lo incendiaron, sin que nadie lo impidiese… Esta vez el viento llegaba libre de obstáculos y la hoguera se produjo bien pronto. Como la tribuna de enfrente, ésta que nos referimos quedó envueltas en llamas en contados minutos, y el fuego comenzó a comunicarse al extremo izquierdo de la tribuna lateral. Los esfuerzos de los bomeros se dedicaron entonces a tratar de aislar la tribuna central, la más valiosa, y lo consiguieron.

Es de advertir que, en la confusión de esos momento no faltó quien tratase de cortar las mangas de los bomberos. La acción de éstos impidió que el fuego consumiera totalmente la tribuna lateral, cuya parte media escapó así a la destrucción. Las dos enormes fogatas, contempladas desde los terraplenes del ferrocarril y desde el mismo field por millares de personas, se prolongaron hasta después de anochecido. Los bomberos continuaron trabajando aún, retirándose del local a las 10 de la noche.

Otros detalles

Cuando comenzaron los incendios, un grupo de exaltados se dirigió hacia el palco oficial y, asaltándolo, penetró en la confitería para pegarle fuego. Un grupo de socios del Club de Gimnasia y Esgrima lo impidió a fuerza de puños.

Producido el incendio, el `presidente de la Asociación, Dr. Orma, y el del Club de Gimnasia y Esgrima, Dr. Aldao, permanecieron en el field hasta cerca de las 6, impartiendo órdenes para la mejor salida de la concurrencia y defensa de las instalaciones.

El intendente del precitado club estima las pérdidas en la suma de 100.000 pesos.

Heridos y contusos

En el arremolinamiento frecuente de la multitud, así como en la precipitación de la salida, cuando se vio ya que aquello degeneraría en excesos, se produjeron algunos heridos y contusos.

En la comisaría 41 no se conoce con exactitud el número de unos y otros, pues la mayoría se retiró a sus domicilios sin reclamar auxilio alguno. Se supone, empero, que ese número es crecido, pero que las lesiones son, en su mayoría, sin importancia.

Entre los heridos figura un joven uruguayo, cuyo nombre se ignora. Segíun referencias, se fracturó un brazo.

En el hospital Fernández fueron atendidas cinco personas, cuatro de las cuales, con heridas leves, se retiraron una vez curadas. El otro herido, Juan Sayes, quedó en asistencia.

Un agente en peligro

Entre las víctimas del incendio se encuentra el agente de la comisaría 27 Ramón Benítez.

Este, al querer pasar por entre dos columnas de fuego, cayó semiasfixiado y no obstante los solícitos cuidados que se le prodigaron en seguida, su estado ofrece algún peligro.

El parte policial

El comisario de la sección 41 ha comunicado el hecho a la jefatura y al juez de instrucción, Dr. Domínguez, en la forma siguiente:

“A las 4 p. m. a consecuencia de no haberse jugado en el field de Gimnasia y Esgrima ell partido internacional entre orientales y argentinos, el público, que alcanzaría a 40.000 almas, invadió la pista por falta de lugar. Se produjo un descontento general y el público demostró su desagrado prendiendo fuego a las tribunas populares, que se quemaron casi en su totalidad, a pesar de haber hecho cuanto fue posible para evitarlo el cuerpo de bomberos.

A causa del tumulto consiguiente resultaron dos lesionados. Se ha detenido a cuatro sujetos de los tantos que rompían sillas, mesas y tribunas. Se ignora el monto de las pérdidas, como así también si había seguros”.

El sumario

El juez de instrucción, Dr. Domínguerz, que acudió al lugar del suceso en cuanto tuvo conocimiento, ha ordenado que le sea remitido hoy a su juzgado el sumario que está instruyendo la comisaría.

El Dr. Domínguez ha invitado para que declaren en el sumario a numerosas personas.

Los bomberos

Al tenerse noticias en el cuartel central de bomberos de que se estaban quemando las tribunas del Club de Gimnasia y Esgrima, se ordenó telefónicamente al destacamento de Belgrano que se pusiera en marcha hacia el lugar del suceso.

La guardia principal de 70 hombres al mando del comandante Graneros, capitanes Roca y Cafferata, salió del cuartel central en seguida, dirigiéndose a toda marcha hacia Palermo, pero no pudo llegar con la rapidez deseada, debido a la gran aglomeración de vehículos que hubo en la avenida Alvear, pues era la boca de la salida de las carreras”.

Hasta aquí la transcripción completa de la página entera que La Nación de Buenos Aires destinó a los episodios que culminaron con la suspensión del último y decisivo partido del campeonato sudamericano de 1916. La historia continuaba…

“En el deseo de buscar una solución reparadora al doloroso incidente de esta tarde, sesionó extraordinariamente la Asociación, resolviendo jugar el partido mañana, lunes, en la cancha de Avellaneda, sede de Racing […]. Mucho antes de la hora anunciada para el encuentro una gran muchedumbre llenaba por completo las instalaciones del field de Avellaneda”. Aquel lunes 17 de julio de 1916, los equipos presentaron las mismas integraciones del día anterior. El tanteador se mantuvo en blanco. El resultado consagró a Uruguay Campeón Sudamericano, en medio de la algarabía de 1.500 compatriotas que cruzaron el Río de la Plata en diversos barcos para asistir al encuentro. “Montevideo ha vivido uno de sus días inolvidables y felices. Pocos acontecimientos como la conquista de ayer tienen la virtud de sacudir el alma de las juventudes de los pueblos, y pocas veces como ayer, Montevideo se ha lanzado a la calle en un sólo grito: ‘Uruguayos for ever’ […]. Las manifestaciones entusiásticas se reproducían cada vez con mayor grandiosidad, y el patriotismo, exaltado vigorosamente por el hermoso triunfo uruguayo, se exteriorizaba en las estrofas del Himno Nacional […]. En teatros, cafés, biógrafos, calles y plazas, los vítores se alzaban como un canto triunfal que se convertían luego en manifestaciones compactas y consagratorias”.(1)

 

(1) “Triunfo del equipo uruguayo en field argentino”. La Tribuna Popular. Montevideo, 18/07/1916.