100 años de la CONMEBOL (Nota 4)

22 de diciembre de 2016

A`pie, detrás de la carroza fúnebre, llega el cortejo encabezado por el presidente de la República. Dr. Gabriel Terra, el 24 de junio de 1931, al cementerio central donde fueron sepultados los restos de Héctor R. Gómez. Se realizaron diversos homenajes y notas destacadas en los diarios de la época, fueron publicadas.

A`pie, detrás de la carroza fúnebre, llega el cortejo encabezado por el presidente de la República. Dr. Gabriel Terra, el 24 de junio de 1931, al cementerio central donde fueron sepultados los restos de Héctor R. Gómez. Se realizaron diversos homenajes y notas destacadas en los diarios de la época, fueron publicadas.

Por Atilio Garrido / Investigador. Autor de “100 años de la CONMEBOL / Un continente de fútbol”, libro oficial de la Confederación Sudamericana con la historia de su centenario”.

El Dr. César L. Gallardo escribió que “el fútbol del 12 –representado por el equipo seleccionado de entonces- no puede ser considerado un punto de partida ni una flor exótica sin antecedentes ni consecuencias. Es un momento culminante dentro de una etapa iniciada dos años antes, y un modelo en el que se inspiraron las generaciones que surgieron a continuación hasta el canto del cisne de Santa Beatríz (1935), ciclo que en realidad se había cerrado con la consagración de 1930”.(1) Agregó –además- que “el fútbol uruguayo nació el 15 de agosto de 1910”, ocasión en que por primera vez el combinado lució camiseta celeste, logrando vencer a Argentina 3:1 en la cancha de Belvedere por la VI Copa Lipton. No hay peor mentira que una verdad dicha a medias y esto es lo que ocurre, no sólo con el texto transcripto, sino con todo el contenido del fascículo No. 3 de la publicación 100 años de fútbol.

En ningún momento menciona el autor del coleccionable a Héctor R. Gómez, quién no sólo desempeñaba la presidencia de la LUF sino que, además, comandaba y decidía en la comisión de team encargada de la elección de los jugadores para integrar el equipo que salía al campo a disputar los partidos. No cabe duda, que el olvido cometido por Gallardo fue de ex profeso, ya que él conoció de primera mano la verdad histórica, al tomar contacto en años posteriores con los protagonistas de aquel tiempo, entre quiénes Gómez resultaba una figura suprema. Además estaba al tanto de la opinión de los periodistas con más años de vida y de anterior trayectoria que la suya, quienes dejaron escrito en las páginas de los diarios, las informaciones correctas de donde surgen, claramente, quienes resultaron las primeras figuras de aquel tiempo en el plano de los dirigentes y los jugadores. Nacido en 1896, el Dr. Gallardo comenzó a descubrir, años más tarde, lo ocurrido en el fútbol uruguayo a partir de 1907. Abogado de profesión, aficionado al fútbol, alternó sus tareas con las del periodismo un tiempo después, sobresaliendo en la función de comentarista de los cotejos a través de la radio, donde adquirirá éxito a partir de la década del cuarenta, formando dupla con el relator Enrique Cheto Pelliciari en CX18 radio Sport.

A través de lo expuesto queda en claro que Gallardo –con 35 años cuando falleció Héctor R. Gómez el 23 de junio de 1931- conocía perfectamente todo lo dicho y publicado en esa ocasión, además del contacto que a esa altura de su vida mantenía con aquellos que informaban a la opinión pública a través de los medios. Uno de ellos, Eduardo Arechavaleta, resultaba un referente inevitable. No sólo por los años que llevaba en la profesión y por su prestigio, sino también por el conocimiento que Gallardo tenía de su persona. “Entre 1908 y 1912, se produce la apertura de la prensa al fútbol. Los diarios de entonces comenzaron a reservar espacios cada vez mayores a su actividad […] Aquellos primeros cronistas del hecho deportivo luchaban por ubicar sus notas entre avisos mortuorios y anuncios de remates de Piria. Carecían de sitios en las redacciones y escribían en las mesas de café. Celestino Mibelli, Lorenzo Batlle Berres, Manlio Vitale D’Amico, Rafael Mieres, Justo Darritchon, Pedro J. Fruniz, Eduardo Arechavaleta, los hermanos Pereira Bustamante, Arturo Michel, Serafín Baleiton y José Otero fueron quienes empujaron la bola de nieve”.(2)

Como queda demostrado en las líneas precedentes, Eduardo Arechavaleta es considerado en Uruguay, como uno de los fundadores de periodismo dedicado al fútbol. Tarea que no abandonó, como ocurrió con varios de los también citados. Designado jefe de la sección deportes del vespertino El Plata, viajó a París con la delegación de Uruguay a Colombes en 1924, cubriendo el evento como enviado especial. Fue testigo privilegiado del desarrollo del fútbol en nuestro país hasta lograr su encumbramiento mundial. Como dato agregado, su primer hijo -que llevó su mismo nombre-, integró en representación de la Intendencia Municipal de Montevideo, la Comisión Administradora del Field Oficial (CAFO), entre el 5 de mayo de 1976 y el 21 de marzo de 1984.

Al fallecer Héctor R. Gómez en 1931, Eduardo Arechavaleta no sólo continuaba en su alto cargo en El Plata. Su pluma era una de las más respetadas por el acopio de la experiencia acumulada. Escribió con su firma la crónica necrológica sobre la personalidad del extinto, cuyo texto completo, hoy sepultado por el olvido y –tal vez- nunca rescatado en publicaciones anteriores por una campaña secreta puesta en marcha para desmerecer la figura y el aporte decisivo de Héctor R. Gómez al fútbol uruguayo, es concluyente y definitorio sobre los méritos del ideólogo de la creación de la Confederación Sudamericana de Fútbol. La nota que hoy rescatamos del más absoluto olvido es la siguiente:

“Entremos con frases de ritual a juzgar la personalidad del sportman que al alejarse definitivamente de la vida se lleva consigo toda una época de nuestro football.

Afirmamos sin temor a incurrir en exageraciones y sin miedo a herir susceptibilidades que sobre el vasto escenario del deportismo sudamericano se destacó como ninguno, durante cinco lustros, la figura gallarda y enérgica de don Héctor R. Gómez. Digamos lealmente en la seguridad de que nuestro sentimientos más íntimos, nacido en el santo culto de la amistad, no nos traicionan, que pocos hombres como el fundador de la Confederación Sudamericana de Football, se batieron con tanto éxito y elegancia dentro de ese mundo caldeado por las pasiones, donde los espíritus más equilibrados pierden el quicio y donde los temperamentos más serenos se extravían por tortuosos derroteros.

Su contextura moral vivió siempre en perfecta armonía con su interesante figura amazónica. Dentro de su singular equilibrio tuvo arrestos de luchador, donde a veces su idiosincrasia absoluta y absorbente polarizó la adhesión incondicional de sus admiradores y los ataque de quienes se sentían incómodos frente a las líneas que él tendía. Y porque fue hombre de pasiones libó en el trofeo de los triunfos y probó la amargura del acíbar. El agua mansa no sabe ni de una ni de la otra. Porque fue inquieto y tenaz, conocieron los uruguayos aquel magnífico cuadro invicto de 1912; porque fue hombre de disciplina resistió todo lo que fuera menoscabo de autoridad; porque fue un convencido que el sport brindaba campo propicio para consolidar sentimientos de solidaridad continental dio alma y forma en 1916 a la Confederación Sudamericana de Football.

Llegó al football en el tiempo en que todo era permitido y rudimentario. Paso a paso su tenacidad y su extraordinaria envergadura, forjada para resistir todos los embates, fueron dándole al juego nacional una organización racional eliminando para ello valores negativos y enriqueciéndose con la colaboración de elementos directivos de valía probada dentro de otras manifestaciones de la vida ciudadana.

Justicieramente puede expresarse en homenaje del gran deportista desaparecido, que Colombes, Ámsterdam y Montevideo son la consecuencia lógica de la permanencia, de la tenacidad y del entusiasmo de don Héctor R. Gómez. Las primeras guardias fueron elegidas por él; los primeros pasos de vencedor precisaron los esfuerzos de carácter táctico del gran animador de nuestro medio deportivo. La simiente arrojada en 1909 provocó la magnífica cosecha de 1924; las exposiciones excelentes de aquel conjunto que en 1912 impactó a la crítica bonaerense, que lo comparó como organismo de precisión matemática, fueron preparando nuestras triunfales cruzadas transatlánticas”.

La afirmación de Arechavaleta ubicando en 1909 “la simiente”, el punto inicial, el quilómetro cero del comienzo del notable camino de gloria total y absoluta que culminará en 1930, es correcta. Detrás de ella se encuentra el talento y la capacidad de quién llevaba dos años al frente de la LUF, desarrollando políticas transformadoras.

De aquí en más, con los documentos que respaldan lo que se afirmará, probaremos que las concluyentes afirmaciones del periodista Arechavaleta escritas en 1931, son la verdad histórica, que no se compadece con el enfoque parcial, limitado y amañado, que treinta y ocho años después reflejó Gallardo en 100 años de fútbol, publicación que tuvo el mérito de ser la primera que abarcó en 27 fascículos los hechos más salientes de nuestro principal deporte.

El fútbol uruguayo victorioso nació a partir del momento en que Héctor R. Gómez asumió la conducción de la LUF. Transformó primero la actividad de la institución, dignificó la función de los dirigentes de aquel tiempo y logró los resultados futbolísticos positivos que se propuso conseguir.

(1) César L. Gallardo, El fútbol del 12. 100 años de fútbol. Editores Reunidos. 11/12/1960:51

(2) Franklin Morales, Dr. Carlos Martínez Moreno y adaptado por el Departamento Literario del Centro Editor de América Latina. “Literatura y fútbol”. Capítulo Oriental. Fascículo 42. 1969: 660-661.

 

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