100 años de la CONMEBOL (Nota 8)

26 de diciembre de 2016

 

La Tribuna Popular del 20 de abril de 1911, encabezó su columna de información deportiva, con la reanudación de las relaciones de la AFA (Argentina) con la LUF (Uruguay), que se encontraban rotas después del episodios ocurridos en el puerto de Montevideo, cuando retornaba en la noche del 10 de agosto de 1910, la delegación albiceleste a Buenos Aires luego de perder 3:1 ante Uruguay por la VI Copa Lipton. En el artículo se transcribió todo el convenio del acuerdo que por primera vez se difunde ya que hasta el presente, en los libros de historia existentes, no se había hecho mención a esta ruptura de relaciones del fútbol de ambos países, que ocurrió por primera vez.

La Tribuna Popular del 20 de abril de 1911, encabezó su columna de información deportiva, con la reanudación de las relaciones de la AFA (Argentina) con la LUF (Uruguay), que se encontraban rotas después del episodios ocurridos en el puerto de Montevideo, cuando retornaba en la noche del 10 de agosto de 1910, la delegación albiceleste a Buenos Aires luego de perder 3:1 ante Uruguay por la VI Copa Lipton. En el artículo se transcribió todo el convenio del acuerdo que por primera vez se difunde ya que hasta el presente, en los libros de historia existentes, no se había hecho mención a esta ruptura de relaciones del fútbol de ambos países, que ocurrió por primera vez.

Por Atilio Garrido / Investigador. Autor de “100 años de la CONMEBOL / Un continente de fútbol”, libro oficial de la Confederación Sudamericana con la historia de su centenario.

El cierre de 1910 resultó un éxito para la LUF conducida por Héctor R. Gómez. El fútbol uruguayo equilibraba el poderío del argentino; los discípulos ahora igualaban a sus maestros y podían competir con posibilidades ciertas de triunfos.

La otra cara de la moneda se vivió en Buenos Aires. El presidente de la AFA, Hugo Wilson tensó las relaciones con el Ricardo Aldao, cada vez más influyente en el fútbol de su país a través de la actividad que desarrollaba como presidente de GEBA, y las vinculaciones que mantenía con la clase política y la aristocracia a la que pertenecía. Wilson no le perdonó al Dr. Aldao la traición que significó romper la decisión adoptada por la AFA al interrumpir las relaciones con la Liga Uruguaya. Para peor, la goleada de 6:2 recibida por la débil selección argentina que perdió ante Uruguay en Buenos Aires por las medallas del gran premio de Honor, era una marca a fuego que le dolía a la historia argentina en el clásico rioplatense.

No se exagera un ápice que este enfrentamiento entre los dos hombres fuertes del fútbol del vecino país, generado en esta ocasión, marcó el punto inicial de nuevos inmediatos desencuentros, por otros motivos, que culminarán con el primer cisma del fútbol argentino.

En tanto, al iniciarse el año siguiente, el de 1911, entre el 8 de enero y el 2 de febrero, Héctor R. Gómez integró el primer congreso de los correos de América del Sur, junto con José Enrique Rodó que representó a Venezuela. En las reuniones que se llevaron a cabo en Montevideo, se plasmó la creación de la Unión Postal de las Américas, España y Portugal. Simultáneamente desarrollaba su actividad parlamentaria en la Cámara de Representantes para la cual había sido electo diputado y, en virtud de dos reelecciones permanecerá en ese ámbito hasta fines de 1913. Asimismo, cumplía con sus diarias ocupaciones en El Día, en tanto dudaba de su continuidad al frente de la LUF. A fines de marzo La Tribuna Popular anunció la posible renuncia de Gómez. En ese mismo momento  se encontraba en curso una mediación de los periodistas deportivos de Uruguay –iniciada en febrero-, ante sus colegas de Argentina, intentando solucionar el conflicto que ocasionó y la ruptura de relaciones adoptada por la AFA. La misma fracasó.

La decisión de continuar en el cargo y la reelección de Hugo Wilson al frente de la Argentine Football Association (AFA), encausó las gestiones de arreglo desplegadas por Miguel Tellechea, uruguayo de nacimiento, radicado en en la vecina orilla y estrechamente vinculado al fútbol rioplatense. Las mismas llegaron a buen puerto. El 18 de abril de 1911 con la presencia de Héctor Gómez, Héctor Ortiz Garzón y Felipe Díaz en Buenos Aires representando a la LUF, y la de Hugo Wilson, el vicepresidente Juan O. Gil y el secretario José C. Susán por la AFA, más el componedor Miguel Tellechea, firmaron la siguiente acta de acuerdo, que por primera vez se da a luz en esta oportunidad a nivel de publicaciones en papel o sitios web, ya que nunca antes, en las anteriores historias escritas sobre estos tiempos, se hizo mención, ni a la ruptura de relaciones entre la AFA y la LUF, ni al acuerdo posterior. Expresaba el acta:

“En Buenos Aires, á 18 de Abril de 1911, reunidos los delegados que suscriben previo canje de los respectivos poderes que les acuerdan facultades amplias y por ante el señor Miguel Tellechea, cuya mediación oficiosa ha sido aceptada por la “Liga Uruguaya de Football” y la “Argentine Football Association”, según consta por los documentos que se exhiben, convienen en lo siguiente:

1.o Anular todo lo actuado con respecto al incidente ocurrido en el puerto de Montevideo el 15 de agosto de 1910.

2.o El Consejo remite a la “Liga Uruguaya de Football” con fecha 15 de agosto de 1910, el trofeo correspondiente al partido internacional celebrado en aquella fecha y al cual acusará recibo la Liga Uruguaya con fecha 10 del mismo mes y año.

3.o No habiéndose cumplido los términos y condiciones de los campeonatos de Honor y Competencia en la temporada de 1910, decláranse ambos desiertos, quedando los respectivos trofeos al cuidado del Consejo Argentino, el de Competencia y al de la Liga uruguaya el de Honor. En la base de cada uno se colocará una placa con la inscripción siguiente “1910 – No adjudicado”.

4.o Ábrese un plazo de 15 días á contar del 20 del corriente para que los clubes que así lo deseen puedan inscribirse en ambos países, en los campeonatos de Honor y Competencia en la forma en que se convenga.

5.o Las autoridades de ambas Ligas adoptarán todas las medidas de vigilancia necesarias para garantizar el orden dentro y fuera del field así como el respeto que se merecen los jugadores, recabando para estos fines el concurso de la autoridad pública.

6.o Los delegados de la Liga Uruguaya manifiestan á su nombre que lamentan y condenan con toda energía los incidentes enojosos provocados por un grupo en el puerto de Montevideo en la noche del 15 de agosto de 1910 reconociendo los representantes de ambas corporaciones que ninguna culpabilidad puede recaer por aquellos sucesos sobre la Liga Uruguaya, cuya manifestación aceptan complacidos los delegados argentinos.

7.o Para constancia de este acto de confraternidad y compañerismo que evidencia la sinceridad y elevación de miras del Consejo de la “Argentine Football Association” y de la “Liga Uruguaya de Football” lábrase dos actas del mismo tener, las que una vez comunicadas á las respectivas corporaciones para su cumplimiento, se archivarán en legajo especial cerrado y lacrado con todos los antecedentes que las han motivado. –Firmados: Hugo Wilson, Héctor R. Gómez, Juan O. Gil, Héctor Ortíz Garzón, José Susán, Felipe Díaz y M. Tellechea”.

Resulta muy simpático lo establecido en artículo 2º. el cual merece una explicación, especialmente dirigida para los jóvenes que se acerquen a leer estas notas y pueden no entender nada de este tema. ¿Por qué? Porque están acostumbrados a que las copas en disputa se entregan al terminar la final o el campeonato, y se consagra al campeón en medio de un acto con toda su pompa. Sin embargo, esto no existía en aquel tiempo.

Aquellos eran otros años, con otras costumbres en las sociedades. Los trofeos no se entregaban en la cancha al terminar los enfrentamientos donde se disputaban los mismos. Sin ningún tipo de protocolo, ni publicidad, se enviaban a la sede de la asociación vencedora. Argentina, que había perdido la VI edición de la Copa Lipton en el partido de Belvedere, del 10 de agosto de 1910, lo mantenía en su poder. Asimismo, la lectura del artículo 5º. nos lleva a reflexionar la esa famosa frase que afirma que no hay nada nuevo bajo el sol…

Restablecidas las relaciones entre la AFA y la LUF la reanudación de actividades se pactó para el 30 de abril de 1911, con un partido amistoso en Montevideo. “El producto líquido de las entradas será á beneficio del Círculo de la Prensa”. La Liga designó una amplia Comisión de Recepción integrada por los dirigentes Julio Zoisa, Rafael Mieres, Miguel Trevino, Vicente Bono Maglio, Fausto G. Piñeiro, A. R. Bascuas, Luis Borreti, Laureano Areal, Roberto Mibelli y Jhon Harley.

Para cumplir otra cláusula del acta que establecía que “ambas Ligas adoptarán en el futuro las medidas para garantizar el orden dentro y fuera del field así como el respeto que se merecen los jugadores, recabando para estos fines el concurso de la autoridad pública”, la LUF nombró una Comisión de Vigilancia “para evitar cualquier inconveniente del respetable público, la cual hará retirar del field á quien no observe la circunspección debida”.(1) Podría afirmarse, si se quiere risueñamente, que cualquier similitud con el presente es pura coincidencia…

Aportando a la ampliación de la “competencia internacional” como vía de continuar el progreso y el desarrollo del fútbol en el Río de la Plata, a través de su pertenencia al Partido Colorado en el gobierno, Héctor Gómez logró que a partir de 1911 se disputara anualmente el Gran Premio de Honor uruguayo, para retribuir la actividad que desde 1908 agregaron los argentinos. El Ministerio de Instrucción Pública de nuestro país adoptó similar reglamento, sumándose de esta manera una actividad espejo que elevó a cuatro el número de clásicos rioplatenses oficiales por año, más los desempates que eventualmente pudieran disputarse por esos dos últimos enfrentamientos, tal como ocurrió en 1910 y se repetirá en 1911 en la primer edición del premio instituido por el Ministerio de nuestro país. Y los posibles amistosos. En este año, contabilizándose el encuentro de confraternidad que reanudó las relaciones, fueron seis los partidos que se llevaron a cabo.

Uruguay retuvo la Copa Lipton en su séptima edición con otro resonante triunfo 2:0 en Buenos Aires. En ese partido debutó un muchacho atrevido, gambeteador y goleador que en ese momento pertenecía al CURCC de la Villa Peñarol. Era Ángel Romano (1893 – 1972). Apareció en Nacional con 17 años en 1910 y a partir de su aparición en la “competencia internacional” desplegará una de las trayectorias más excepcionales que existen en la historia del fútbol uruguayo. Hasta el presente mantiene un récord continental inigualado. ¡Cinco veces Campeón Sudamericano con presencia en la cancha y seis, si se contabiliza su integración al plantel que conquistó la Copa América en 1926! Figura decisiva en 1924 en Colombes, clasificándose campeón mundial y olímpico.

Argentina devolvió la victoria a domicilio en la Copa Newton y ganó en Buenos Aires el Gran Premio de Honor de su país. Uruguay cerró el año con un 3:0 a favor, adjudicándose la idéntica competencia que inauguraba el Ministerio de Instrucción Pública oriental, en cuyo primer partido de la historia de este premio, disputado en Montevideo el (8 de octubre de 1911, hubo empate en un gol, a pesar de haberse llevado a cabo un alargue de 30 minutos. El balance restablecía la superioridad argentina por un solo partido de diferencia, aunque en los goles convertidos existió empates: ocho goles cada equipo. Definitivamente, la absoluta superioridad de los maestros argentinos pasó a ser cosa del pasado. La paridad de fuerzas, con alternancia en el éxito y el fracaso, será una constante casi permanente.

 

  • “El gran match internacional”. La Tribuna Popular. 27/04/1911.

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