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Desconcertados




Marcelo Zalayeta se lamenta luego de estrellar su disparo en el vertical izquierdo de Bava.


12 noviembre, 2012
Columnistas

 

Así se fueron los espectadores del clásico.

Disgustados, los de Peñarol, con aquella pelota en el vertical de Zambrana, que estuvo “ahí”. Acaso con el notable remate de Zalayeta que pegó en el caño y “entraba …”, pero, no.

Marcelo Zalayeta se lamenta luego de estrellar su disparo en el vertical izquierdo de Bava.

Quizás por el tiro de Estoyanoff que atajó, impecable, Bava.

Fastidiados, los de Nacional, porque entienden que fue penal de Macaluso a Luna y no lo sancionó Fedorczuck. Creemos que no fue, pero si lo marcaba, no nos hubiera sorprendido. De allí lo dudosa que fue la jugada.

El tema es “en vivo” y no viéndolo repetidas veces por televisión que se llega a una conclusión. El árbitro no tiene esa chance. Y nosotros decimos lo que nos pareció, en ese momento, al igual que el juez y que usted.

Nos suena bastante soberbio, considerarnos los propietarios de la verdad. De allí que respetemos todas las opiniones.

Malhumorados, los tricolores, por aquella acción de Luna, en la que Lerda perdió la pelota y se la robó bárbaro, pero dio tantas vueltas que, al final, se la envió al corner Darío Rodríguez.

Danilo Lerda en el piso, Adrián Luna se acomoda, atrás viene cerrando Darío Rodríguez para salvar el arco carbonero.

Una chance fantástica, sin la debida resolución.

Además una atajada notable de Lerda ante un excelente tiro de Recoba.

Después, pierna fuerte, amarillas que no mostró el árbitro, al inicio, Lembo y Romero, por ejemplo.

La primera parte con tono aurinegro y la segunda bien tricolor, que dio vuelta el trámite.

Intenso, aguerrido, desprolijo por el apuro, que no es rapidez y  sin la debida concentración para ejecutar un plan con acierto, concepto válido para los dos.

FALTO CATEGORIA, SOBRO FUERZA

Porque sobró fuerza, empuje, dinamismo, pero descontrolado.

La jerarquía aparece con la pausa justa. Y no se vio.  El talento, ese segundo antes que tiene el crack antes de convertir, tampoco.

Se multiplicaron esfuerzos en vano.

Cuando se busca tanto, con afán desmedido, es lógico que se entre en el desorden. Y eso pasó.

Peñarol, que venía bárbaro, tenía una gran chance puesto que Nacional, llegó preocupado y con dos caídas arriba.

Una oportunidad única, de las que dificultosamente, se presenten en los clásicos.

Sin embargo, una vez más, éste añejo pleito, demostró que los antecedentes pierden vigencia al estar mano a mano.

SE DESTACARON

Bava, que se lució en momentos claves. Hasta atajó de espaldas, con su antebrazo derecho, en un entrevero de los tantos. Lembo, sólido, con el temple justo. Luna por su esfuerzo, a pesar de aquella jugada en la que tuvo el gol y se entretuvo demasiado y se la pellizcó Darío Rodríguez al corner y Recoba, no con la calidad que se le conoce, pero sí, con aquel pelotazo que desvió, impecable, Lerda.

Justamente, el arquero aurinegro, pese a esa desafortunada jugada ante Luna, anduvo bien. Acompañó el medio juego con acierto, Grossmüller y fueron peligrosos Estoyanoff y Zalayeta.

Sorpresivamente no rindieron ni Olivera, el hombre gol de Peñarol, ni Medina, con escasas posibilidades.

Es que el desconcierto con el que se fueron los 55.000 hinchas tiene su razón.

Es la respuesta a lo que vieron.