Deseo que Argentina clasifique

9 de octubre de 2017
Categoría: Columnistas

Lionel Messi en el grito de gol argentino.

Este año nuestros hermanos de Buenos Aires deberían de haber celebrado con bombos y platillos la conmemoración de los 150 años del primer partido de football association que se jugó en América del Sur. El episodio, que pasó inadvertido en el vecino país, convirtió a los porteños de Buenos Aires en los “maestros” del fútbol en nuestro continente. La magnitud del hecho sólo se puede dimensionar en su gran valor si se piensa que apenas menos de cuatro años antes –el 26 de octubre de 1863- el nuevo deporte había sido creado por los ingleses, cuando se reunieron en Freemason’s Tavern, en Great Queens Street de Londres. Ese día representantes de once clubes que practicaban el entonces ya difundido football rugby, redactaron trece reglas que lo modificaban en procura de disminuir las graves lesiones que provocaba su práctica. Lo llamaron football association. No lo conocía ningún habitante americano cuando unos muchachos del Buenos Aires Cricket Club, en su cancha ubicada donde hoy está el planetario en los bosques de Palermo -entonces parque 3 de febrero-, lo llevaron a la práctica.

La cercanía con Montevideo que se encontraba a una noche de viaje en barco cruzando el río de la Plata, permitió que el football fuera también adoptado en nuestra ciudad, aunque no exista constancia fehaciente de la fecha y el lugar. De todos modos los investigadores -entre los que me cuento- sostienen que en 1878 o en 1880, se llevó a cabo en la capital uruguaya el enfrentamiento inicial. Para unos el primero fue en La Blanqueada. Para otros en Punta de las Carretas. Lo cierto es que ese cotejo transformó a los orientales en “discípulos” de los argentinos, condición que también puede otorgarse a los de Rosario del país vecino.

La tercera nación donde picó la pelota fue en Chile. Concretamente en Valparaíso. Ocurrió entre fines de los ochenta y principios de los noventa del siglo XIX cuando comenzaba a transformarse en pasión en las dos capitales platenses. En San Pablo y Río de Janeiro llegó después –cuando moría el milenio-, casi simultáneamente cuando se iniciaba su puesta en marcha en Asunción, Lima, Guayaquil y Barranquilla. Caracas se sumaría, tibiamente, a comienzos del siglo XX.

Los dirigente del país de los “maestros” llamaron campeonato sudamericano al torneo con el cual festejaron en 1910 el centenario de la revolución de mayo en el que también participaron los rosarinos y un combinado de británicos, aspecto que le quita o pone en duda la originalidad. Sin embargo, no cabe duda que seis años después –en 1916- pusieron en marcha para celebrar el los 100 años de la independencia del país, el verdadero certamen continental con la participación de los combinados de Uruguay, Brasil y Chile, además del dueño de casa.

El 9 de julio de 1916 en la asamblea de honor convocada justamente en el día exacto del centenario de la independencia, el gran dirigente uruguayo Héctor R. Gómez, presidente de la delegación de los que ya vestían de celeste y participaban en el torneo que había comenzado el día 2, propuso la creación de la Confederación Sudamericana de Football cuya misión sería la de oficializar la disputa anual de esa lid, además de otros temas entre los que se incluían el otorgamiento de los pases internacionales. La idea de Gómez cristalizó en Montevideo en las reuniones del 16 y 17 de diciembre de ese año 1916. Para los uruguayos este acto fundacional celebrado en la sede de la AUF -que estuvo a punto de fracasar por la división existente en el fútbol de Brasil-,  constituyó el comienzo de la etapa a través de la cuál los “discípulos” comenzarán a superar a los “maestros”. Ese, el de la puesta en marcha de la que ya entonces llamaron Conmebol, fue el primer gran triunfo uruguayo a nivel dirigente. Después se sumaría el de los jugadores orientales en los campos de juego superando con un fútbol nuevo a quienes lo enseñaron a jugar.

Así nació una rivalidad que aún se mantiene y que se transformó en el clásico de América del Sur. El fútbol brasileño no existirá como potencia hasta 1958, después de conquistar por primera vez la copa del mundo de la FIFA. En ese entonces los uruguayos sumaban cuatro en su haber (1924, 1928, 1930 y 1950) con la particularidad de que en dos ocasiones, en la instancia decisiva el título se definió ante los “maestros” maestros argentinos.

Si estos comentarios que escribo como van surgiendo de la mente no fueran suficientes para justificar el título de la columna, debo agregar que Buenos Aires fue la cuna a la que emigraron nuestros futbolistas no sólo para aprehender –si, con hache, que quiere decir tomar, en este caso lecciones-, sino que también lo fue para exhibir la magia del fútbol que surgió en esta orilla del río. Tal vez Juan Delgado haya sido el primero en cruzarlo, aunque Carlos Scarone quedó en la historia de Racing en 1911 convirtiendo el primer gol de los albicelestes cuando debutaron en la primera división del fútbol de su país.

En suma y en consecuencia, en homenaje a la posterior historia gloriosa del fútbol de América del Sur que se debe a los “maestros” argentinos, dejaré de lado las gafas de crítico analista de lo que ocurre dentro de una cancha de fútbol, para desear de todo corazón que Argentina derrote a Ecuador en Quito y logre su clasificación para Rusia 2018. Los “maestros” por lo que significaron para nuestro continente, nunca deberían faltar a esa cita ecuménica.

 

 

 


TORNEO CLAUSURA 2017