El gobierno del hincha

20 de abril de 2015

Ayer en Jardines del Hipódromo, Leonardo Ramos hizo algo más que enfrentarse con algunos hinchas del club al que dirige técnicamente. Hizo un esfuerzo por poder dirigir de verdad al equipo que dirige, un esfuerzo más allá de lo que se le pide como profesional y de lo que marca su propia conveniencia personal. Ya lo había hecho el año pasado a la misma altura del campeonato. Después, cuando salió Campeón, reverenció profundamente (desde la cancha mirando a la tribuna hizo una reverencia gestual profunda) a la hinchada que, mal que bien, él había logrado que acompañara bastante en bloque sus indicaciones al equipo y no otras.

En última instancia el poder lo tienen los hinchas (muy en última) que son los dueños del club, pero a Ramos lo contrataron para que cumpla una función específica que algunos no quieren dejarle cumplir, porque por mucho que talle en el jugador uruguayo “los de afuera son de palo”, no es común que un equipo en la situación en que estaba ayer Danubio en el segundo tiempo, no pierda la paciencia al grito de la ansiedad de una parte de su platea. El técnico necesita imponer sus instrucciones y a veces no tiene en los hechos la posibilidad de hacerlo. “¿Vas a pelearte con los hinchas?”, le preguntó a Leo alguien de la seguridad del club (no eran “los hinchas”, eran veinte en dos mil que fueron al estadio, pero Ramos los desafió a pelear afuera una vez terminado el partido). “Yo soy más hincha que ellos”, contestó. Cierto, es hincha de Danubio desde niño y como parte de la hinchada trata de meter su peso en la interna para que lo dejen dirigir sin injerencias contrarias a su línea técnica.

Había un comisario inspector de un departamento llamado “Información e Inteligencia” que se encargaba de censurar los textos teatrales que en tiempo de dictadura era obligatorio presentarle antes de los estrenos. Como desconfiaba que en las funciones las obras no se ajustaban a los textos que le presentaban (cosa que ciertamente ocurría más de una vez), procuraba cerciorarse yendo a los ensayos generales la noche antes de cada estreno y muchas veces a las funciones. Durante un ensayo general de una obra que dirigía Carlos Aguilera, como era su costumbre el comisario comenzó a cortar parlamentos, pero, no conforme con esto, acercándose al escenario y dirigiéndose directamente a los actores, empezó a decirles cómo tenían que decir los parlamentos que les permitía. Entonces Aguilera esa noche se sacó y le paró el carro: “Mirá, vos podés llevarnos a todos presos, podés prohibirla, bajarla de cartel cuando se te cante, pero la obra la dirijo yo. Así que te sentás ahí y te quedás callado”.

En política se le llama “gobernabilidad” y tiene su importancia. En el fútbol también la tiene. Estoy convencido de que cuadros con planteles baratos, con presupuestos veinte veces menores que otros, que a veces ni cobran y viven carenciados pero no tienen hinchada que los prensionen, emparejan resultados porque quienes los dirigen realmente pueden hacerlo. Compruebo cada fin de semana, que ese es uno de los principales motivos de la asombrosa paridad que se constata en el fútbol uruguayo.

Leo Ramos, el técnico Campeón Uruguayo, aplaudió a los hinchas en la gloria de la consagración.

“Leo Ramos, el técnico Campeón Uruguayo, aplaudió a los hinchas en la gloria de la consagración” pie de foto del 8 de junio de 2014.


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