En la Copa del Mundo de 1954, tres de los siete goles de Uruguay ante Escocia, los marcó Borges

12 de febrero de 2014
Autor: Tenfield Com
Categoría: Pelota al medio

¿El equipo de Uruguay de 1954 era mejor que el de 1950? ¿Qué ocurrió en las horas previas al partido de las semfinales ante Hungría? ¿Cómo se procedió para realizar los cambios en el equipo uruguayo que, en definitiva, fueron dos de jugador y los restantes posicionales.

"El Diario" previo al partido ante Hungría, semifinal de la Copa del Mundo, confirma que Schiaffino pasó como titular en lugar de Míguez.

“El Diario” previo al partido ante Hungría, semifinal de la Copa del Mundo, confirma que Schiaffino pasó como titular en lugar de Míguez.

CUARTA NOTA / Escribe: Atilio Garrido

Muchos periodistas de aquella época, así como infinidad de aficionados de aquel tiempo, han sostenido que “la selección de Uruguay de 1954 era mejor que la que ganó la Copa del Mundo de 1950”.  Quienes así sustentan esta tesis, se basan en el sensible mejoramiento de la defensa –especialmente de la pareja de back con Santamaría y William Martínez-, así como también por la cantidad y variedad de atacantes que entregaba al director técnico y a la Comisión de Selección, amplias posibilidades de variantes.

Lo cierto es que Uruguay ganó 11:0 al Thon en un cotejo de entrenamiento donde actuó con camiseta roja. Dos goles los marcó Carlos Borges –el quinto y séptimo-, convertido a esa altura en una de las grandes revelaciones de Uruguay. Nadie recordaba que apenas unos meses antes continuaba militando en la 3ª. división especial con apareciones en la reserva de Peñarol, sin llegar a integrar el primer equipo.

 IMPRESIONANTE “HACK TRICKS” DE BORGES ANTE ESCOCIA

El debut de Uruguay en la Copa del Mundo de 1954 arrancó con un triunfo ante Checoeslovaquia por 2:0. La defensa del título comenzó de manera exitosa. Juan López definió los once jugadores on Máspoli, Santamaría y William Martínez; Rodríguez Andrade, Obdulio Varela y Luis Alberto Curz; Abbadie, Ambrois, Miguez, Schiaffino y Carlos Borges. El partido no fue nada fácil. Míguez a los 71’ y Schiaffino a los 85’ de tiro libre, concretaron la victoria ante el importante equipo checo.

El próximo encuentro marcaba el partido ante Escocia. Fútbol británico poderoso, de la cuna de este deporte moderno, significaba una nota de atención para los Campeones del Mundo. La performance de Uruguay fue espectacular. Nada menos que un 7:0 contundente, con lujos y goles de alta factura donde –una vez más- el peligroso wing uruguayo estuvo en el marcador. ¡Y de qué forma! Convirtió tres goles espectaculares.

En aquel tiempo los periodistas deportivos que escribían en los diarios, se caracterizaban por utilizar un perfecto léxico para construir sus notas. Estaban alejados totalmente de los modismos que hoy se consumen importados de Europa. Por lo tanto, eso que hoy han puesto de moda como “hacks tricks”, para los uruguayos eran, simplemente, tres goles… Y punto.

Hoy se titularían las páginas de los diarios con un rotundo “hack tricks de Borges”. Sin embargo, “El Diario” fue contundente a su manera. Con letras importantes sentenció un claro: “Sensacional espaldarazo internacional para el winger izquierdo Borges”. Realmente era así. Un “espaldarazo” a gran nivel mundial, para este “Lucho” del Buceo que no figuraba en los planes de los especialistas y a quién Juan López “hizo” puntero zurdo para que pudiera integrar el equipo de Peñarol y la selección. Con Julio César Abbadie por la derecha, jugador de clase, alta técnica y visión de cancha, Uruguay encontró en Carlos Borges por la derecha al jugador explosivo, potente, de enorme velocidad y goleador. Además, habilitado por Juan Alberto Schiaffino cómo sólo él sabía hacerlo, aquella “ala” izquierda de Uruguay resultaba imparable.

NO RESPETÓ NI A LOS INGLESES: PRIMER GOLD E BORGES

El particular reglamento que rigió los destinos de la Copa del Mundo de 1954 en Suiza, determinó que al conseguir dos triunfos consecutivos, Uruguay clasificara para disputar los cuartos de final, sin necesidad de enfrentar a Suiza, que también integraba el grupo C. El rival de turno era nada menos que Inglaterra.

Los británicos, inventores del “fútbol moderno” a partir de 1863, nunca fueron gran cosa en el mundo del deporte que crearon. Mantenían –y aún hoy lo tienen-, cierto prestigio y generan temor a sus rivales, por ese pasado y el rol de protagonistas que tuvieron en concebir las reglas del fútbol partiendo de las del rugby. Pero nunca tuvieron preeminencia en el “mundo que encierran cuatro líneas de cal”. No apoyaron la creación de la FIFA. Luego tomaron su conducción a poco de su fundación para impedir su desarrollo, basados en la necesidad de mantener el poder dentro de sus Islas Británicas como si ellas fueran la meca del fútbol, impidiendo su difusión masiva. Después se desafiliaron  al iniciarse la década del veinte y estuvieron al margen hasta la Copa del Mundo de 1950. En ella, en Brasil, protagonizaron el gran papelón de la historia. ¡Perdieron y quedaron eliminados ante la modestísima selección de Estados Unidos!

Al mundial suizo llegaron con dos contrastes importantes. Dos borrones en el aparentemente inmaculado cuaderno del fútbol británico que se sumaron a la catástrofe de Brasil 1950. Los dos episodios se registraron en 1953. En mayo y en Montevideo, en el Estadio Centenario, frente a los Campeones del Mundo, Inglaterra cayó 2:1 en un cotejo en donde –según afirman testigos presenciales y se lee en los periódicos de la época-, de no mediar la tozudez de Míguez que quería convertir goles de taquito, chilena y “rabona”, el tanteador pudo ser catastrófico. En noviembre los húngaros de Puskas no tuvieron miramientos y en el mítico Wembley le ganaron 6:3 a Inglaterra propinándole la primera derrota de la historia en su propio suelo.

Allí, en la Copa del Mundo de 1954, frente a los uruguayos, en Basilea, se encontraban varios de los británicos famosos de todos los tiempos. El golero Merryck, el zaguero Wright, el atacante Lofthouse y los punteros Stanley Matthews (el legendario wing derecho de 39 años) y Tom Finney en la zurda.

Uruguay salió apabullando a los ingleses y -¡cuando no!- a los 5’ de juego llegó el gol de Borges para abrir el tanteador. Luego empató Inglaterra y Obdulio Varela, con un gran remate desde fuera del área, puso el 2:1 a favor. El capitán festejó con un salto y al caer estalló el músculo de su pierna izquierda. ¡Desgarrado apenas fue en el resto del encuentro durante 55’ una figura nominal arrastrándose en la cancha! Hay que recordar que no existían los cambios, por lo que un jugador al lesionarse se mantenía en la cancha como podía o se retiraba del terreno. Pasó Schiaffino de centre half. Dictó cátedra asombrando al mundo. En inferioridad numérica Uruguay ganó 4:2 y clasificó las semifinales. A esa altura Schiaffino ya era jugador del Milan a raíz del cierre de las negociaciones entre los dirigentes de Peñarol y los italianos.

 LA DOLOROSA CAÍDA ANTE HUNGRIA Y AUSTRIA

Después del gran triunfo ante los británicos se constató que no sólo Obdulio Varela no podía jugar ante Hungría el encuentro semifinal. Julio César Abbadie quedó lesionado de consideración, sin posibilidad de mantenerse en el equipo.

El suplente natural del capitán –Néstor Carballo- ingresó automáticamente a la once como cambio cantado. La sustitución de Abbadie, en cambio, generó una polémica y confusión que el tiempo transcurrido  no ha podido develar. Existió una reunión de Hohberg con los periodistas escritos y radiales que se encontraban en Lausana para cambiar ideas sobre el tema. Existen versiones que señalan que Juancito les brindó el equipo a los periodistas y les pidió opinión, la cual fue mayoritariamente favorable. La Comisión de Selección hizo lo suyo. Otros sostienen que Luis Tróccoli, integrante de la misma, fue determinante para la salida de Míguez. Finalmente las que debieron ser dos modificaciones obligadas en el ataque, resultaron ser tres. Se excluyó a Oscar Omar Míguez ingresando por él Juan Eduardo Hohberg, en tanto el puntero derecho de Nacional, Rafael Souto, entró por Abbadie. La fotografía tomada en el lluvioso campo de juego aquella tarde, muestra a Schiaffino en la posición de No. 9 en lugar de Míguez y Hohberg como entreala izquierdo. Con lo cual, a las variantes, se agregaba una cuarta de carácter posicional. ¿Cuál es la realidad?

El partido fue electrizante. Hungría se colocó arriba en el marcador 2:0 en jugadas donde Máspoli estuvo remiso. En base a gran juego y empuje, Uruguay empató en los últimos minutos mediante dos goles de Hohberg. En el último minuto una pelota enviada por Schiaffino al arco sin golero, se “planchó” en el barro y no entró. Era el gol de la victoria. Fueron al alargue de media hora. Nuevamente errores de Máspoli ante el atacante Kocsis, ambientaron dos goles de cabeza.

Carlos Borges no estuvo en el marcador y su rendimiento no fue el mismo de los partidos anteriores. ¿Influyó el cambio posicional al quitarle  del ala a Schiaffino, con quién se entendía de maravillas? Imposible responder la interrogante…

El último partido de Uruguay en la Copa del Mundo de Suiza, luego de resignar su título de campeón a manos de Hungría, marcó la caída ante Austria 3:1 quedando en cuarto lugar. Para una gran mayoría, diversos errores de todo tipo en las horas previas al cotejo frente a los magyares, determinaron que se entregara el título que tanto costó conseguir en Maracaná.

Consulte las tres notas anteriores aquí:  Sección  “Pelota al medio”.

 

 

 

 


SEMIFINAL - FINAL

1 - 2
Estadio Centenario
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