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La Jaiba Brava

Confieso que he vivido, de Pablo Neruda.

Siempre me gustó esa frase, encierra mucha vida alrededor de una persona. Muchos caminos recorridos, alegrías, tristezas, decepciones, una cadena que define VIVIR.

Nunca me canso de vivir, ando mi camino, donde bifurcan otros y a veces no se cual tomar.

En mi caso es la recta final, los 100 metros de una carrera Olímpica, el camino ya está hecho.

Pero mis anécdotas fluyen, salen a recorrer un ruta que conozco, simplemente las visto y les doy vida, porque viven dentro de mí.

 

“LA JAIBA BRAVA”, el Tampico-Madero, situado en el Golfo de México, frontera con Brownsville-Texas, USA.

El escudo de Tampico Madero, con la Jaiba como símbolo del club.

Para muchos que no conozcan la “Jaiba”, es un crustáceo (cangrejo), muy grande y sus pinzas son enormes y muy fuertes.

Estando varias veces en la playa, asustaba a mi señora e hijo con dicho cangrejo, comencé  a ver que cuando lo tenía acorralado daba lucha, atacaba, peleaba hasta morir.

Ese modo de pelear  hasta el final su derrota  era como un “lema” en el equipo, se juntaban dos grupos sanguíneos, el “indio” Charrúa y el “indio” Azteca.

Aunque no seamos realmente descendientes puros, ambos países llevamos nuestra historia a donde vayamos. Ya conocía México, año ’73, me había impactado el Castillo de Chapultepec, las pirámides de Teotihuacán (la del Sol y la de la Luna) y la historia de los Niños Héroes (que se tiraron envueltos en la bandera desde el Castillo).

Mirar la bandera de México manchada de sangre de sus valientes pequeños soldados que habían dado sus vidas por la Patria, la historia de “Pancho” Villa y su Revolución, también el romanticismo con los “Mariachis”. En fin, llegue a un país que lo conocía por su historia.

En mi casa, siendo chico, mi madre  escuchaba su música todas las mañanas. Recuerdo que el programa en la radio se llamaba “México canta” (Aceves  Mejía, José Alfredo Jiménez, Javier Solís, el Trío los “Panchos”).

Por las tardes, en verano, de vacaciones con el sol agobiante, era la hora de robar higos de los vecinos y a eso de las 17 horas, nos juntábamos en la Calle Túnez  para el partido de fútbol, el tema era quien conseguía una pelota. El que la traía, sin lugar a dudas tenía el derecho de jugar y de elegir primero al mejor de nosotros. El que siempre tenía pelotas de goma era Daniel Casal, ahí esperábamos que saliera, porque era de los ricos de la cuadra y lo dejan poco jugar con nosotros, también esperábamos a la hermana, que era mayor que nosotros, cuando salía se paraba el partido haciendo gala de los caballeros que éramos, nuestros ojos se olvidaban de la pelota y seguíamos sus pasos mientras cruzaba  por el medio de nuestra improvisada cancha de fútbol, que consistía en 2 paños de la calle de longitud, los arcos, eran 4 piedras o los zapatos nuevos que no podíamos romper ya que eran solo para ir a la escuela.

Después íbamos al cine Intermezzo, de 8 de Octubre, nos colábamos siempre, entrábamos a los baños y cuando termina la película, con la gente saliendo nos metíamos en el borbollón y entrábamos, mis amigos, Daniel “Cocola” Molina, Walter Pérez, Fernando Aguirre, Ricardo Conde (ex Defensor Sporting), Heber Molina, el “Tuerto” Enrique, “El conejo” Julio, una “Banda”, vendíamos huesos y botellas, teníamos nuestra propia empresa, salíamos con una carrito de 4 ruedas rulemans  y limpiábamos toda las calles y fondos de las casas del barrio, para después de ver la película, ir al bar de Industria, (actual calle José Serrato) y comer pizza con faina, la Coca-Cola la repartíamos porque para tanto no daba. La empresa se fundió por la competencia barrial, cuando los demás niños se enteraron ,no quedaron ni palos de escoba, ahora pienso que fue unos de los barrios más limpios de Montevideo.

Las películas mexicanas, de  “Mariachis” eran nuestras favoritas, con sus sombreros, sus hermosos caballos blancos y el canto a sus mujeres llevándoles  serenatas.

No me podía quedar atrás, nosotros “los Charrúas”, somos duros, una raza indomable, nómada. “Nunca vencidos ni aun Vencidos”, en otras palabras no sabemos perder. De música ni hablamos, pero el “Zorzal” criollo, “cada día cantas mejor Carlitos”.

El “Torito” Gómez  (uruguayo ex Liverpool), se estaba yendo del club y me dio algunos consejos: “Hebert, ojo que te van a probar, hacete respetar, son buenos muchachos pero hay que ganarse su lugar. Gracias Toro”, yo pensé “bueno, no sé, espero a ver cómo viene la mano”. Tenía 24 años y había jugado en grandes equipos, con fieras de verdad, pero como dice el dicho, “Al país que fueres haz lo que vieres”.

Pasada la primera etapa de entrenamientos, comenzamos la de fútbol, saliendo de una larga pre temporada estábamos aun sin los tiempos justos para llegar bien a los balones. Fue así que el zaguero de reserva y yo peleamos un balón, siempre fui muy desleal en los choques, mi pie siempre estaba arriba junto con mis codos, me defendía bien.

(Así me decían Nelson Acosta y Ramón Silva cuando nos veíamos en la selección uruguaya, y yo les recriminaba los zapatos de fútbol rotos por sus tapones afilados de aluminio. ¡¡Déjate de joder Cañoncito!! Con esa cara de inocente, nos tenés los tobillos hechos mierda, ya ni vamos a pegarte, salimos nosotros lesionados).

Chocamos fuerte y mi pie arriba, lo sintió y me lo recriminó, “¡¡ándate a cagar!!” le respondí, cosas normales en Uruguay, pero la siguió y pensé en el “Torito” “¡Cuando termine la seguimos afuera!!”  ¡¡A la mierda!! Es en serio, “Pancho” Villa y la revolución me limpian acá, como dice la canción “La vida no vale nada”. “Sí, no hay problema”  le respondí, al terminar los compañeros se fueron a bañar y ambos subimos por las escaleras a la tribuna donde había un descanso entre piso, antes de subir por las escaleras a los palcos, se saca los zapatos, (gran error), duele más un puntapié con zapatos que sin ellos. Este es bobo o sano hasta para pelear, y lo peor que así era, me daba tiempo para todo, por un momento lo pensé, ya lo había medido donde pegarle. Pero fui un caballero, siempre acostumbrado a pegar primero, cuando ya sabía que terminaría a las trompadas, lo deje ponerse en posición de boxeo.

No fue rival, era un gran muchacho, cuando dijo basta, pare rápidamente.

Enseguida se corrió el rumor porque había bajado con moretones,  le había hecho caso a el “Toro”, ¡¡Te van a probar!!

Siempre tenía una excusa. Les comenté el episodio acaecido a los uruguayos, el  “Tano” Bertocchi me dijo “tranquilo no pasa nada, ahora que ganaste el primer round viene el segundo jajaja ya estoy viejo para ser tu guarda espaldas”  , también le pregunto a José “¿y vos? ¿Me vas a defender?” me responde “Hebert yo soy chiquito”, “¿y vos Enrique??” “¡¡Ándale Cabrón!! No pasa nada”. Era más mexicano que los tacos con chile.

El ídolo en la ciudad era el “Tano” Bertocchi, ya lo había visto jugar en Liverpool y en Peñarol hacer tándem con Nilo Acuña por el lado derecho, después le perdí el rastro cuando se fue a Ecuador, y lo encuentro ahora como compañero en México.

También me reencuentro con Enrique Esquivel, que habíamos sido compañeros en el Club Nacional, un zaguero espectacular, no sé como hacía, pelotas casi perdidas él se lanzaba y siempre llegaba, un fenómeno, en el juego aéreo era invencible.

Mi gran amigo José Pomarico desde la infancia, el Equipo del “Campo Surco” del inolvidable “Maestro” Bauza, recuerdo que con Richard Arman y Rafael Perrone hacían un ataque increíble, los domingos de mañana se llenaba la cancha que estaba en Cabrera y Munar para ver esa máquina de jugar al futbol, hacer maravillas con la pelota. El “Rafa” Perrone, ¡¡ por Dios!! Nunca vi algo tan fabuloso en una cancha de 7 jugadores, como lo hacia Él.

Cuatro uruguayos, en una ciudad de 42 grados a la sombra, entrenábamos a partir de las 07:00 a.m. y en la tarde después de las 17:00 hrs. ¡Que Calor!, estuve 1 mes en el hotel Holiday Inn, no encontraba casa y tampoco me apuraba, tenía aire acondicionado y buffet todos los días, más los domingos que era fabuloso cuando había mariscos.

Lo que más asocio era el calor, apenas bajas del avión, es como si te abrazara un horno  a 100 grados de temperatura, la pretemporada duro como 3 meses. El técnico era Ignacio “El Gallo” Jáuregui, una persona maravillosa, ex jugador de los años ’70, seleccionado mexicano.

Me adapté muy rápido, ya que los uruguayos hacía tiempo que estaban en México y alguno ya en la ciudad de Tampico-Madero. Nos juntábamos para comer los asados, jugábamos a  la conga, y en las tardes íbamos a la playa.

Me asombré al principio cuando fui por primera vez y veía los coches estacionar casi al lado del mar, con música y cervezas “a todo dar” como dicen ellos.

Después me acostumbre, era mi Volkswagen escarabajo verde en primera fila, hacía de sombrilla, heladera, cama para que duerma mi hijo ¡¡genial!!

Cuando alguno se quedaba atascado, ya que el agua subía de pronto, era un tema de solidaridad, todos ayudábamos.

Tengo que reconocer que siempre tuve mucha suerte con los vecinos, tanto en Belo Horizonte, la familia De Marco, Wagner “Carone”, Aloisio Drubscky, como en Tampico-Madero, la familia Guilling. Eran y son, porque algunos ya se han ido, esas personas que viven dando la mano a todos los que la necesitan, sin nada a cambio, solo por el hecho de vivir con sus creencias y cumplirlas, todos viven, son eternos.

Es así que decidimos encargar la cigüeña por segunda vez, pobre Gabriela, mi señora, 9 meses con ese calor, hizo una dieta estricta porque sino con barriga y el calor sería insoportable aguantar a termino la gestación. Llegó el 29 de junio, con mis miedos lógicos y por todo lo que uno se imagine. Estaba parado casi en la entrada de la sala de parto, miraba seguro que sería una niña, de pronto se prende la luz celeste de varón, pensé que sería otro niño mexicano, pero no, ahí estaba mi “chamaquito” todo envuelto con los con pañales de tela y se le veía solo la cabecita. Lo mire de arriba abajo no sea cosa que me lo cambien, todas las fantasías que te pasan por la mente. Su nombre Nathaniel, lo había buscado por varios libros y este nombre en particular tenía un significado especial: “MENSAJERO DEL SEÑOR”.

Comenzó el campeonato Mexicano, de los que había jugado fue uno de los más lindos que he competido, por todo lo que le rodea, los estadios, la gente de fútbol, el marketing y las ciudades. Los equipos tienen apodo de aves, animales o de crustáceos, ejemplo: “La Jaiba Brava”, “Las Águilas” del América, “Los Pumas” de la UNAM, “Los Tigres” UANL.

Los nombres de jugadores de enorme jerarquía, Hugo Sánchez,  (Pumas), Cabinho (Evanivaldo Castro) 7 años consecutivos goleador, Osvaldo Castro, (“El Pata Bendita”) Chileno.

Con el último nombrado, lo conocí en un tiro libre en contra nuestro, él jugaba en los “Coyotes” del Neza  (barrio Nezahualcoyotl, D.F.) estábamos jugando en ciudad Victoria porque teníamos penalizado nuestros estadio “El Tamaulipas”, por una pelea contra el América, habían disparado una bala de revolver al aire y salió en todos los noticieros, causando gran repercusión en los medios. Nos colocamos enseguida en la barrera los que habíamos sido nombrados por el entrenador, veo a el número 9, bajito, zurdo aprontándose, hasta ahí todo normal, lo que me causo sospecha, es que los 4 jugadores nuestros se colocaron enseguida, nunca habían sido tan rápido en formar la barrera, y yo que venía de la mitad del campo siempre era  5to puesto, el último, que cerraba la barrera.

Como siempre hacía, brazo cubriéndome la cara y el otro cubriendo los genitales; se apronta “El Pata Bendita”, corre y le pega, hasta ahora no sé lo que me pasó cerca de la cabeza, si fue un misil, una bala de cañón. Golpea el travesaño y cayó en la tribuna. Les dije “¡Hijos de Puta! en uruguayo, ¡¡hijos de su chingada madre!! En mexicano”, no sabía quién era el “Pata Bendita” “por qué no me avisaron como le pega”, me dicen  “ahora lo conoces, ¡¡pinche uruguayo, cabron!¡¡Chinga tu madre!!” Si me hubiera tocado o rozado la cabeza, no sabría las consecuencias. Era el jugador sin cabeza o no jugaba más.

Otro, “El Tuca” Ferretti, brasilero también, ¡¡cómo le pegaban!! esos apellidos comenzaban a sentirse todos los fines de semana con sus goles, su potencia, las chilenas de Hugo Sánchez, los tiros a la carrera de Cabinho, sus goles aumentaban domingo a domingo, no era fácil la pelea por ser el goleador, aparte eran equipos grandes de México.

Pasaban las fechas y yo estaba prendido a los primeros, creo que estuve 2 fechas primero, pero ya sabía que no era fácil mantenerse. Entre los 18 y 20 goles estábamos todos con diferencias mínimas, en mi caso y como andaba derecho, le apostaba al presidente 5000 pesos mexicanos por gol. Estaba en mi año, en 2 partidos logré 6 goles, recuerdo el resultado más impactante, en casa contra el Jalisco del “Ratón” Ayala, el argentino que brillara en San Lorenzo de Almagro, en el Atlético de Madrid y en la  selección Argentina, (El “Pulpa” Etchamendi, DT. en esa época de Nacional de Uruguay). Cuando recién empezaba mi carrera me llevaba a Buenos Aires a verlo, junto con el presidente del club “Don” Miguel Restuccia. Me decía “fíjate como se mueve el “Ratón” Ayala, quiero que lo veas bien y te muevas igual a Él”, yo lo observaba y para mí dentro  decía “¡está loco el Pulpa!” este corre más que Jesse Owens, campeón de la maratón en las Olimpiadas de 1936, el Héroe de Berlín, le decía todo que si, total si jugaba seria a mi modo.

El resultado del partido ante Jalisco fue 7 a 5, parecía un partido de básquetbol, mi rival el “Ratón” Ayala, ¡¡le gané “Pulpa”!!, , jajaja.

Resumiendo el año, termina el torneo y “La Jaiba Brava” entró entre los 8 mejores del fútbol mexicano, hice 24 goles y termine creo que 4to, abajo de Cabinho 29, Hugo Sánchez 29, “El Tuca” Ferretti, 25, y yo 24 goles.

Lo que no tuve suerte fue que me desgarre y no jugué los 4 partidos más fáciles, que podría haber alcanzado a los goleadores, pero así fue la historia.

La Porra (hinchada) del equipo era maravillosa, nos acompañaba por todo México, hacían kilómetros para vernos jugar, realmente eso no hacía ser “Jaibos Bravos”, por eso escribí al principio sobre el cangrejo, o la “Jaiba”, nosotros éramos iguales, perdíamos, pero como les costaba a los demás equipos ganarnos, siempre decían que sufrían mucho ante el aguerrido equipo Jaibo.

También teníamos nuestros aliados, éramos el equipo petrolero, casi todos los empleados de PEMEX iban a gritar y hacían su presión sobre los rivales.

El Calor insoportable del Golfo, jugamos a las 15:30 hrs, el césped bien corto y los primeros 30’a tocar la pelota rápido haciendo desgastarse al rival de turno. Jajaja yo le miraba sus rostros, sudaban, los ojos hundidos, y nosotros recién comenzábamos a jugar los segundos tiempos, algunos ni salían, solo aguantaban 45′ porque en los 45’ restantes había un solo equipo, jajaja nosotros.

 

Segundo Round:

El “Tano” Bertocchi fue premonitorio, de la broma a la realidad, jugábamos contra el León, en El Tamaulipas. El campeonato en México es de 20 equipos que se dividen en 4 grupos de 5, y jugas un torneo general y otro que si quedas delante de los de tu grupo, clasificas, son 2 por grupo a la liguilla y de los 8 mejores sale el campeón.

Está muy bueno porque si te va mal en la general podes pelear aún por la clasificación de tu grupo. El equipo de León, estaba en el nuestro y los puntos valían doble.

Jugué un mal partido, no me salió nada. Para terminar mi faena ese día me expulsaron del campo, mientras me bañaba, otro expulsado, el “Tano” Bertocchi, le pregunté  “¿qué te paso?” y me respondió “le pegue al que te hizo echar, ¡¡estaba de vivo!!”.

Juan “La Pera” Sarmiento, masajista de la Jaiba Brava

El martes volvimos a los entrenamientos, yo estaba aún cansado, había sentido el partido, así que me fui a masajear, el masajista era Juan Sarmiento “la Pera”, era muy parecido al Sargento García de la historia del  “Zorro”, un personaje en todo sentido, inolvidable, siempre con una sonrisa y haciendo bromas. Cuando nos lesionábamos no llegaba nunca, estaba con sobrepeso, y cuando lo hacía primero había que atenderlo a él, tiraba todos los medicamentos, “¿dónde te duele “pinche” uruguayo, cada vez te caes más lejos ¡¡hijo de tu chingada madre!!”, yo le decía “Pera”, lo hago por gusto así bajas de peso  así nos atendía.

Cuando nos masajeaba nos lavaba las piernas y rapidito, “¡¡Pera, aunque sea jabón de tocador, no el de lavar la ropa!!” “Para lo que juegas es mucho “Cabron”.

Así que broma va y viene le digo a un compañero, porque estaba la mesa de masajes cerca de las duchas, sino cambiaba de lluvero porque me caía toda el agua, era el golero suplente y yerno del técnico, media  1,85 mts. Robusto y como todo golero lo más fuerte eran los brazos, ya que ellos se entrenan en base a ello y a sus manos. Pensé “¡para qué se lo pedí!” ya que me respondió “¡¡discúlpame figura!! Ahora no se puede bañar cerca tuyo “pinche” uruguayo Cabrón!!” siempre me decían lo mismo “Pinche”.  Le respondí “andate a la concha de tu madre! Juga algún partido, estas robando la plata! La que yo me juego todos los domingos así cobras los premios!”. Me acuerdo bien ese momento. Me dijo “salí para afuera. Recordé al “Tano”, “hijo de puta” la vio venir!! Me lo había anticipado.

Salimos a la derecha del vestuario con “La Pera” entre medio de los dos y rogando que no llegáramos a las manos. ¡¡Paren!! ¡¡No sean estúpidos!!  ¡¡Son compañeros!!

Ya era tarde, la tenía fea yo, pero a este no le voy a dar chance, y así fue, apenas giró hacia mí, le di un derechazo al mentón, lo sintió lo recuerdo bien. Me lanzó una izquierda con el brazo abierto que me pegó en la nuca, pensé enseguida “este no sabe pelear”, y empecé mi seguidilla de golpes, todos a la cara, ya lo dominaba y me confié tanto que me acerque más de lo debido. Me atrapó con un abrazo de oso, me tiro al suelo, 90 kilos encima y no podía mover los brazos. Presionaba tanto que mi cara estallaba, como pude, levanté el brazo derecho entre medio de ambos y apenas con los dedos llegué a la cara y a sus ojos, le hundí ambos dedos y jale hacia abajo, abriéndole los ojos hasta los labios, gira la cabeza hacia mi derecha y aprovecho, le muerdo la oreja. Me decía “soltame hijo de puta”, yo no podía ni hablar, tenía la oreja en mis dientes, tratándole de arrancársela, hasta que me soltó y le dije “¡¡pelea bien, sin agarrar, dale!!” y nos peleamos, le pegue tanto que hasta los nudillos me dolían, le quedo la cara como una tortilla. Yo me había descontrolado, también pase el 2do round, pero este con sangre, la tuve difícil, casi me ahoga, por confiado. Me fui a casa y enseguida vino el Dr. del club, tenía una camioneta grande y siempre la estacionaba arriba de la vereda, me pregunta  “¿qué paso Hebert?” le respondí “nada, ¿por qué?” me dijo, “me llamo el “Gallo” Jauregui, que había venido su yerno destrozado y lógicamente quería saber cómo estabas tú”, me miraba de arriba abajo, “¿pero no te pasó nada?” yo no tenía un rasguño, el doctor no lo podía creer. Yo después me hice la película, lo vieron a él y pensaron “si este quedo así como debe haber quedado Hebert?”. Sí tenía el golpe del lado derecho en la nuca que no podía dar vuelta la cabeza hacia el lado derecho mío, entonces me senté de costado dándole el lado izquierdo al Dr., así que le hablaba de costado muy relajado, jajaja  me dolía todo, pero mi orgullo podía más que el dolor.

Cuando fuimos a jugar en el Distrito Federal, llamé al “polo” Álvarez, gran kinesiólogo uruguayo de Liverpool y amigo, me estuvo masajeando una hora y dando calmantes para el dolor, y eso que me pegó una, me imaginaba siempre, ¿qué hubiera pasado si me daba otro golpe?

Al mes, mi contrincante regresó a los entrenamientos y aun tenía la cara toda morada, fue estilo MMA actual, ya era un adelantado.

Paso el tiempo y él se fue a otro equipo, “ Veracruz”. En un descanso de fin de semana nos vamos en coche a dicha ciudad, paseando con mi señora por la plaza, en la esquina me lo encuentro. Nos reímos y me cuenta la otra historia, apenas me vio me dijo “ya no te peleo más jajaja, te voy a recordar de por vida. ¡Sabes que esa semana me casaba!” le digo “ah pero no sabía, fuiste vos el que armó el lío, ¡que boludo!” “deja me decían si tenía una máscara puesta, o era el Zorro, que me sacara la máscara así me  casaba el cura, que era El Conde de Monte Cristo y encima las fotos, de por vida te recordaré, ¡pinche cabron!”.

Después pase al Neza y a la UAG, (Universidad Autónoma de Guadalajara), volviendo después de 2 años al Tampico-Madero.

Don Carlos Miloc, era el técnico, uruguayo radicado en México desde muy joven, toda una institución, como técnico y persona le querían mucho, un fenómeno “Don” Carlos.

Me había llamado para hacer un gran equipo, junto con Héctor Hugo Eugui, aquel puntero izquierdo de Cerro, que sería su ayudante, la rompió en México jugando en el Toluca principalmente.

Así comenzaba lo que sería mi última etapa en el país de los “Mariachis”, del Tequila, bañado por los 2 Océanos…

Pero eso es parte de otra historia…

Hebert Revetria: