De Salto a la celeste en Lima (Nota 2)

13 de enero de 2017

 

El equipo de Uruguay que venció a Perú el 23 de marzo de 1957, día en que Néstor Gonçalvez debutó con la camiseta celeste. El mismo conjunto actuó en el partido siguiente ante Brasil. A siete años del Maracanazo, con el Tito en la cancha, la selección uruguaya lograba otra sensacional victoria frente a Brasil que presentó el mismo equipo que, al año siguiente con Pelé, será campeón del mundo. Arriba, desde la izquierda aparecen Correa, el Lobo Miramontes, el Tito con su cara de niño próximo a cumplir los 21 años, Edgardo González, José Emilio Sanamaría, Carlos Abate y Walter Taibo. Abajo en el mismo sentido, Campero, Pippo, Javier Ambrois, Carranza y Walter Cata Roque.

El equipo de Uruguay que venció a Perú el 23 de marzo de 1957, día en que Néstor Gonçalvez debutó con la camiseta celeste. El mismo conjunto actuó en el partido siguiente ante Brasil. A siete años del Maracanazo, con el Tito en la cancha, la selección uruguaya lograba otra sensacional victoria frente a Brasil que presentó el mismo equipo que, al año siguiente con Pelé, será campeón del mundo. Arriba, desde la izquierda aparecen Correa, el Lobo Miramontes, el Tito con su cara de niño próximo a cumplir los 21 años, Edgardo González, José Emilio Sanamaría, Carlos Abate y Walter Taibo. Abajo en el mismo sentido, Campero, Pippo, Javier Ambrois, Carranza y Walter Cata Roque.

Por Atilio Garrido

-“Yo siempre digo que Dios aprieta pero no ahora –rememoraba el Tito cuando contaba su inédito pasaje de Universitario a la Selección Uruguaya sin haber jugado oficialmente en un club de Montevideo-. En el comienzo de 1957 vino a Salto la selección uruguaya que se preparaba para ir al Campeonato Sudamericano de Lima. En aquel entonces y por mucho tiempo más, era común que el combinado, como le llamaban, fuera al interior a jugar partidos amistosos de práctica. ¡Hoy eso es imposible, es una rareza! Pero aquello era bueno porque la gente de tierra adentro, como nos llamaban a los de campaña, veíamos a los crack de al lado, en vivo y en directo en tiempos sin televisión. Porque en aquella época conocíamos a los jugadores por las fotos en los diarios y los relatos de los partidos por la radio. La selección uruguaya enfrentó a la salteña que yo integraba. Ya jugaba de No. 5. Se me habían ido los berretines de hacer goles. Anduve bien y resulta que el querido Juancito López y el maravilloso ‘Cotorra’ Míguez, que me había visto en la práctica de Peñarol, entienden que tengo que incorporarme directamente al equipo uruguayo. Yo no me convencía de que eso podía suceder porque, además, como el húngaro Hirsch me quería para Peñarol y Universitario facilitó las cosas, de yapa los aurinegros y el club salteño cerraron el acuerdo antes de mi viaje a Lima. Acordaron pagarme 250 pesos mensuales, en el bien entendido de que cuando volviera y se abriera el período de pases, sería oficialmente jugador de Peñarol”.

El Tito, el canario de Isla Cabellos, el crack del Universitario y la selección de Salto, era un “pajuerano” –término entonces muy utilizado- en la delegación que viajaba a Lima. Su caso, también se constituía en algo muy extraño porque, aunque oficialmente no era jugador de Peñarol, el club aurinegro –en otro de sus habituales conflictos con la selección-, negó el concurso de sus futbolistas al combinado para realizar una gira por México. Así fue que el equipo que partió a disputar la Copa América, no contó con las grandes figuras de Peñarol.

Uruguay arrancó el torneo ganando 5:2 a Ecuador. Al partido siguiente, una gran sorpresa. Por primera vez en la historia Uruguay perdió 1:0 con Colombia. El tercer partido, contra Argentina –los albicelestes de los “caras sucias”- golearon 4:0 al equipo que dirigía Juan López. El próximo rival era Perú. El dueño de casa  venía invicto con victorias ante Ecuador y Chile. Soñaba con el título.

-“Después de la goleada ante Argentina, al otro día en el movimiento que hicimos, la cosa estaba fea. Era un velorio. Yo estaba sentado en el césped, esperando para que empezara la práctica, cuando veo que se acerca Carlos Abate, el quinesiólogo. Se sienta al lado, me habla de bueyes perdidos y así como al pasar me pregunta: ‘¿Vos pensás que estás para jugar? ¿No te asustarás cuando salgas a la cancha y empiecen a tirar cuetes?’. Yo lo miro fijo, serio, levanto la voz y medio que le girto: ¿Y pa’que carajo cree Vd. que yo vine acá? Ahí me di cuenta que el técnico, Juan López, lo había mandado para tantearme”.

Perú tenía jugadores de calidad excepcional: Villalba, Toto Terry, Valeriano Lopez, Mosquera y Seminario. El técnico Juan López hizo varios cambios aquel 23 de marzo de 1957, día del debut de Néstor Gonçalvez con la celeste en el pecho. Uruguay formó con Taibo, Correa y Santamaría; Edgardo González (después Roque Fernández), Gonçalvez y Miramontes; Campero, Pippo (luego Sacía), Ambrois, Carranza y Walter Cata Roque. Un triunfo excepcional 5:3 de Uruguay, y al otro día, la fotografía del Tito con su cara de veinteañero, apareció en todos los diarios.

No hubo cambios para el siguiente partido ante Brasil. Apenas siete años habían pasado del Maracanazo. Cada enfrentamiento entre ambos, luego de aquel eterno e inolvidable 16 de julio de 1950, fue, es y será por siempre, un enfrentamiento diferente. Uruguay mantuvo la integración. Brasil jugó con Gilmar, Edson y Nilton Santos; Djalma Santos, Roberto Belangero (Zito) y Zosimo; Joel, Zizinho (Dino Sani), Evaristo, Didi y Pepe. El entreala Zizinho era sobreviviente del Maracanazo. En el 2001 me confesó en nota grabada: “Aquella tarde Uruguay jugó mejor que nosotros. Tenían un gran equipo. Pero, además, nos conocíamos al dedillo cada uno, porque nos enfrentábamos permanentemente. Nosotros sabíamos que era un partido muy difícil. La máquina de la prensa fue la que alentó el ya ganamos. El prefecto, en su discurso, cuando dijo ante el público que teníamos que consagrarnos campeones del mundo. Que era una obligación. ¡Qué estupido!”.

CASI POR ACCIDENTE GONÇALVEZ LLEGÓ A LA SELECCIÓN

Después de la resonante victoria de Uruguay 3:2 sobre el equipo que con el ingreso de Pelé será campeón del mundo al año siguiente, Marcelino Pérez tituló en El Diario su nota con total sinceridad: “Néstor Gonzalves llegó por accidente al seleccionado y se consagró con la celeste / Un auténtico señor del medio del campo”.

Vale la pena reproducir el texto: “Casi por accidente Néstor Gonzalvez obtuvo en esta disputa de la Copa América su inclusión en el equipo celeste y una consagración que ha sorprendido a todos a quienes seguimos los pasos del team compatriota desde sus primeros movimientos de entrenamiento, aficionados y observadores que se hallan en Lima y nos dijeron cómo el jugador salteño no fue lanzado en el equipo ya en sus primeras presentaciones. Y es que no se sabía lo que jugaba Gonzalves, sus posibilidades permanecían casi en incógnito y la actuación que le hizo ser llamado a integrar el seleccionado se produjo en sus lares del litoral, en una experiencia realizada en su cancha campesina por el team capitalino. Los entrenamientos en Lima nos mostraron a Gonzalves demasiado quieto en el centro del terreno, sin movilidad y sin flexibilidad como para tornarse en hombre de quite para jugar en la amplia zona del medio del terreno. Su lanzamiento al juego delante de los peruanos, solución obligada por el bajo rendimiento de Lescano pareció una temeridad y sus primeros intervenciones fueron seguidas con inquietud, temiéndose, lógicamente, que el partido fuera demasiado para el debut internacional de un hombre joven, prometiendo buenas condiciones pero sin el fogueo que exigen tan difíciles competencias.

La suficiencia con que jugó Gonzalvez delante de Perú, tomando cuenta de Terry con el magnífico resultado de dominar al organizador del ataque inca, significó factor decisivo de aquella primera victoria compatriota. Más tarde reiteró posibilidades frente a Brasil, actuando como un auténtico señor del medio campo, raramente adaptado al plan conjunto del equipo, situándose en condiciones de ser útil al seleccionado en demostración de fútbol de magnífica técnica, usando la pelota con el aplomo y precisión de un veterano, serenando, pese a su juventud, los esfuerzos quemantes de sus compañeros de retaguardia.

Seguramente si Lescano hubiera rendido de acuerdo a lo que sabe y puede, o si el equipo no hubiera perdido en doblete con Argentina y Colombia, Gonzalves tal vez habría quedado fuera del team celeste y su consagración postergada, perdiendo el fútbol compatriota un valor auténtico, de magnífica técnica y de ejecución de la misma en alto grado de eficiencia.

Ha sido, el lanzamiento de Gonzalvez al campo internacional, uno de los beneficios de esta participación compatriota en el certamen de Lima. Y pensando en ello hay que considerar que los frutos recogidos han sido magníficos”.

Uruguay, sin los jugadores de Peñarol, le ganó a Chile 2:0 en un partido muy difícil, que no terminó por incidentes. El Tito retornó con la cabeza vendada y el segundo puesto en ese certamen, que bien pudo ser el primero –tal vez- si Gonçalvez hubiera debutado antes…

Estos episodios, así como las palabras finales del siempre recordado por mí, Marcelino Pérez, un señor del periodismo, el fútbol y la vida, logran que revolotee en mi mente, al continuar escribiendo, otra vez lo expresado en la víspera el “colgar” en el sitio la nota No. 1. ¿Dios, el destino? ¿El destino? El destino, esa fuerza oculta hecha de nieblas y de sueños…

Reproducción fascimilar de la nota que escribió Marcelino Pérez, enviado especial de El Diario a Lima, después de la gran victoria de Uruguay sobre Brasil, destinada a Néstor Gonçalvez.

Reproducción fascimilar de la nota que escribió Marcelino Pérez, enviado especial de El Diario a Lima, después de la gran victoria de Uruguay sobre Brasil, destinada a Néstor Gonçalvez.

Mañana tercera nota: los primeros pasos de Néstor Gonçalvez en Peñarol.

 


SEMIFINAL - FINAL

1 - 2
Estadio Centenario
Ver fixture y posiciones