La vida de Tito Gonçalvez (Nota 4)

13 de enero de 2017

Equipo de Uruguay que debutó en la Copa del Mundo de Chile el 30 de mayo de 1962 en la sede Arica en el grupo 1. Arriba, desde la izquierda, Carlos Abate (K), Mario Méndez, Eliseo Alvarez, Néstor Gonçalvez, Emilio Alvarez, Héctor Cocito (K) y Roberto Sosa. Abajo, en el mismo sentido, Luis Cubilla, Pedro Rocha, Ronald Langón, José Sacía y Domingo Pérez. Le ganó a Colombia 2:1 después de estar en pérdida 1:0 con goles de Sacía y Cubilla.

Equipo de Uruguay que debutó en la Copa del Mundo de Chile el 30 de mayo de 1962 en la sede Arica en el grupo 1. Arriba, desde la izquierda, Carlos Abate (K), Mario Méndez, Eliseo Alvarez, Horacio Troche, Néstor Gonçalvez, Emilio Alvarez, Héctor Cocito (K) y Roberto Sosa. Abajo, en el mismo sentido, Luis Cubilla, Pedro Rocha, Ronald Langón, José Sacía y Domingo Pérez. Le ganó a Colombia 2:1 después de estar en pérdida 1:0 con goles de Sacía y Cubilla.

Por Atilio Garrido

La postergada final entre Nacional y Peñarol -que terminados igualados en puntos al final del torneo- para definir el título de Campeón Uruguayo de 1959 se disputó el 20 de marzo de 1960. A esa altura no sólo estaba en juego la consagración de mejor a nivel local, sino también la clasificación a la primera Copa Libertadores de América. El torneo de clubes campeones no fue aprobado por Uruguay desde que comenzó a considerarse su creación a comienzos de 1959. Esta es una verdad histórica que debe decirse, especialmente porque, con el paso de los años, Wáshington Cataldi se atribuyó ser el autor de la idea de disputar este certamen. Muy lejos de que esto sea realidad, el propio delegado de Peñarol integró la delegación de la AUF, junto con el Dr. Justino Carrere Sapriza, Cr. Saturno González y Juan Barbaruk, que votaron negativamente el 1º. de abril de 1959, en el Congreso de la Confederación Sudamericana de Fútbol realizado en Buenos Aires, la puesta en marcha del campeonato de campeones. Debe agregarse que, era tan grande la fuerza del fútbol uruguayo en ese entonces, que el voto negativo de Uruguay, al que se sumó Venezuela, determinó que la competencia no se aprobara en ese momento, pasándose su consideración para un posterior Congreso a realizarse en Caracas.

Al arrancar el año Hugo Bagnulo se presentó ante el presidente de Peñarol, Cr. Gastón Guelfi y renunció a su cargo. “Cataldi me hizo una jugada que no podía dejar pasar y me fui”, me confesó El Hugo, con quién cultivé una fuerte amistad, saltando por sobre la diferencia de edad que existía, sin que me agregara un sólo detalle del episodio. Sí, me expresó que el Cr. Guelfi quería que siguiera, que no le hiciera caso, pero sus condiciones rectas de ser humano ejemplar, determinaron que mantuviera su decisión.

El presidente Cr. Guelfi, viajó especialmente al Pacífico con dos misiones. La primera contratar a  Roberto Scarone como entrenador, quien puso como condición que se integrara al equipo un argentino desconocido, Abel Linazza, que no había tenido destaque en el fútbol de su país. En cambio, en el fútbol peruano, bajo las ordenes de Scarone, realizó una labor apreciable, que originaron que el entrenador lo pidiera como condición para aceptar. Linazza se aquerenció tanto a Uruguay, que al culminar su carrera se radicó en Montevideo, trabajó en Punta del Este como portero de un edificio en céntrico, donde falleció.

PEÑAROL GANA7 a 3 EN LA AUF GRACIAS A TRÓCCOLI

La segunda misión fue contratar a Alberto Pedro Spencer Herrera, nacido en Ancón, jugador del Everst. Luego de pujar con Nacional y Real Madrid, en Guayaquil consiguió cerrar el pase. Además, a nivel local, los aurinegros contrataron a Guillermo Pedra, No. 10 de Liverpool. Reglamentariamente los tres no podían jugar la final de 1959. El caso de Pedra era evidente. Luchó con Liverpool para no descender en la Copa Uruguaya de 1959 y ahora, tres meses después, podía consagrarse campeón de ese mismo torneo.

Peñarol llevó adelante una lucha reglamentaria en la Asociación Uruguaya de Fútbol, contando con el apoyo del presidente de Cerro, Luis Tróccoli. El 16 de marzo de 1960, cuatro días antes de la final, la asamblea de la AUF votó a favor de la habilitación de los tres jugadores. Peñarol logró siete votos contra tres (Nacional, Rampla Jrs. y Danubio sufragaron en contra). Eduardo Rocca Couture, entonces joven delegado de Defensor, manifestó después de la votación: “Si Spencer juega como Tróccoli, gana Peñarol”.

En ese clásico, el primero de Spencer, el ecuatoriano no rindió. Se vendieron 67.446 entradas. Arbitró Pablo Víctor Vaga. Peñarol formó con Maidana, William Martínez (capitán) y Salvador; Santiago Pino, Néstor Gonçalvez y Aguerre; Cubilla, Linazza, Hohberg, Spencer y Borges. Nacional, dirigido por Ondino Viera, lo hizo con Sosa, Troche y Di Fabio; Collazo, Ruben Gonzalez y Mesías; Salvá, Héctor Rodríguez, Walter Gómez, el paraguayo Romero y Escalada. El partido fue equilibrado, con más chances para Nacional en el primer tiempo. Walter Gómez, lesionado al final de esa etapa, quedó dentro del campo sin poder moverse para parte complementaria. En aquel tiempo no existían las modificaciones de jugadores en los equipos. Con un hombre menos Nacional resistió hasta que a Cubilla abrió el tanteador y Linazza de penal sobre el final del partido colocaron 2:0 a favor de los aurinegros.

-“Yo tuve buena relación con LInazza -narró el Tito-. Después del partido le decía, porteño, vos está loco. ¡Cómo vas a debutar con Peñarol en un clásico y pedís para patear el penal. Si lo errabas no jugabas más en el equipo. Era el primer partido que jugaba con nosotros”.

Tres minutos antes de culminar el encuentro explotó una pelea de aquellas! Hubo ocho expulsados: Borges, William, Hohberg, Aguerre, Walter Gómez, Ruben Gonzalez, Escalada y Collazo. Todos, menos Spencer, se pelearon en la cancha…

-“Lo de Alberto es algo que recuerdo siempre. Después de la pelea, los festejos, el título de campeón en la cancha, al llegar al vestuario el ecuatoriano nos decía: ‘¿ustedes son locos?, ¿cómo se van a pelear así? Yo me voy para Ecuador, aquí no me quiero quedar. Yo me voy…’ Claro, a él le costó comprender como era el fútbol uruguayo; cómo se jugaba esa clase de partidos y entonces se quería ir. Insistió varios días después, en las prácticas. Se quería ir… No lo dejamos. El primer año le costó adaptarse porque los defensores salían a pegarle. Alberto los pasaba a velocidad. Y nosotros lo respaldábamos cuando alguno le hacía una infracción donde se pasaba de la cuenta. Después, cuando se adaptó, mostró todo lo que realmente era. Un goleador excepcional y con una guapeza temeraria”, sentenciaba el Tito.

ESE TRIUNFO DE PEÑAROL 2:0 SOBRE NACIONAL CAMBIÓ LA HISTORIA

A partir de ese clásico del 20 de marzo de 1960, la historia del fútbol uruguayo pegó un vuelco de ciento ochenta grados. Hizo un quiebre. La neta superioridad que hasta el momento exhibía Nacional, tanto en la cancha como en la Asociación Uruguaya de Fútbol, poco a poco, con Néstor Gonçalvez como abanderado de la legión futbolística, se modificó.

Llegaron los títulos internacionales. Peñarol campeón de la primera Copa Libertadores de América, consagrándose en Asunción del Paraguay ante Olimpia, en 1960. La final de la copa mundial de clubes ante Real Madrid. El empate en Montevideo con las tribunas del Estadio Centenario repletas a pesar de la lluvia constante que cayó durante toda la tarde. ¡Hasta hoy la venta de entradas de aquel 3 de julio de 1960 permanece como récord absoluto e imbatible! La revancha en el estadio Chamartín, el 5:1 en contra con tres goles del húngaro Puskas en los diez minutos iniciales.

-“En Asunción contra Olimpia fue una guerra. Tremendo aquello. El empate con el Real Madrid acá, bajo una lluvia torrencial, bien pudo ser triunfo nuestro. Hubo un penal a Hohberg, cerca del final que no lo cobraron. Se jugó en un pantano. Había lugares donde la pierna se nos enterraba hasta el tobillo. En aquel entonces la cancha del estadio no tenía drenaje, ni nada por el estilo. En la revancha yo no pude jugar. Empecé a hacer fiebre, cuarenta grado y por más que yo quería jugar, no pude. Ahí fueron a hablarle a quién tenía que entrar por mí y, claro, el muchacho era joven y parece que las pulsaciones le subieron a no sé cuanto… Lo cierto es que no jugó y hubo que hacer modificaciones en la defensa. Pasó Salvador en mi puesto, entró Panchito Majewski de back izquierdo y, claro, muchas variantes. ¡Pero si jugaba yo perdíamos igual! Tal vez, si la defensa hubiera estado armada como venía, de pronto no caíamos por tanto. Pero el equipo ya tenía jugadores con muchas nanas, entrados en años. Hohberg jugó golpeado. En fin”.

-Y al año siguiente se pudo lograr el anhelado doblete. La Libertadores y la Intercontinental. Peñarol Campeón de América y del Mundo.

-“La hazaña en Pacaembú, en San Pablo frente al fabuloso Palmeiras y otra vuelta olímpica fuera de fronteras. Yo me perdí las semifinales ante Olimpia y las finales ante Palmeiras porque estaba lesionado en la rodilla. Una dolencia rebelde. Me quería morir. Entró Matosas.  Después el viaje a Europa, la Copa Carranza en Cadiz, contra Barcelona y Atlético de Madrid, y la primera final ante Benfica. Perdimos 1 a 0 pero merecimos retornar ya con el título en el bolsillo. Hubo una serie de partido que jugábamos bien, atacábamos, el esquema era ofensivo, pero perdimos. Pasó con Barcelona y Benfica. Y eso, cuando ocurre, a veces genera desconfianza. Pero acá, en Montevideo lo ratificamos acá en la revancha. Ganamos 5:1 y después 2:1 el tercer partido en el Estadio Centenario. Había que ir a campo neutral pero los dirigentes arreglaron con los de Benfica jugar acá y a cambio de que permitieran que jugara un tal Eusebio, que nadie conocía y, creo que el otro era Simoes. Bela Guttman que era el técnico del Benfico, dijo que jugaba el tercer partido en cualquier lado, hasta en la azotea de la sede de Peñarol. Jugamos acá el martes. El negrito Eusebio empezó a hacer cosas diferentes. A la maula dijimos entre nosotros.  Debutarba en el equipo portugués en ese encuentro. Sacía hizo el primer gol y Eusebio empató el partido con un tiro de larga distancia, un cañonazo contra el arco de la Ámsterdam. ¡A la flauta, jugaba el negrito! Después se vio con la trayectoria que hizo que lo comparaban con Pelé. En el segundo tiempo, también contra la Ámsterdam, Ledesma quiere hacer una jopeada adentro del área, un zaguero mete la mato. Convirtió Sacía el penal y conseguimos la copa del mundo de clubes”, contaba sin darle mayor trascendencia a conquistas que hoy parecen imposibles.

En Lisboa el técnico Scarone armó el equipo con Maidana, Willian Martínez y Núber Cano; Edgardo González, Gonçalvez y Aguerre; Cubilla, Spencer, Cabrera, Sacía y Ledesma. En la revancha en el estadio Centenario salió el mercedario Ángel Ruben Cabrera y entró Joya, pasando Ernesto Ledesma a su puesto habitual de entreala derecho.

EL DEBUT EN LA COPA DEL MUNDO DE CHILE

En el año 1962 es el del debut de Néstor Gonçalvez en la Copa del Mundo de Chile. Cuando el Tito rememoraba este certamen soltaba su asombro y bronca…

-“El mundial se jugaba en Chile y los dirigentes organizaron una gira previa por Europa. ¿Quién lo entiende? Para colmo, cuando retornábamos, después de haber tenido malos resultados –hay que decirlo con claridad-, al llegar al aeropuerto de Río de Janeiro, hacemos una escala de varias horas y, de pronto, vienen unos compañeros del equipo con un diario. Lo leemos y decía que la Asociación había cesado al director técnico del equipo que era Juan Carlos Corazo. ¿Se da cuenta? Lo peor es que Corazo no estaba ni enterado. Los jugadores le preguntaron si había dejado de ser el técnico y el dijo ‘Nooooo’. ¿Cómo no? Y le dieron el diario para que lo leyera. Cuando llegamos a Montevideo disolvieron la selección. ¡Y nombraron tres directores técnicos! Hugo Bagnulo que ahora estaba en Nacional, Roberto Scarone que era el de Peñarol y Juan López, que después de Maracaná siempre estaba en la selección. Lo peor es que tuvimos que jugar en Arica. Es el desierto. Hicieron la cancha con un sacrificio bárbaro. Cuando llegamos dormíamos en unos cuartos con techo de dolmenit, en una montaña, en las afueras de la ciudad, todo desierto, no pasaba nadie. ¡Y los rusos y los yugoeslavos estaban en el centro, en hoteles bárbaros! Parecía que el alojamiento nuestro, para perjudicarnos, lo habían elegido los rivales. Eso era la selección. Lo que pasa que los dirigentes iban a viaje y después no volvían más. Entonces no se preocupaban por nada. En Peñarol era distinto, estábamos todos los días con los dirigentes, podíamos exigir, la conversación era en tono amistoso.”

Más allá de la anécdota pintoresca, propia de nuestro fútbol de ayer, hoy y mañana, el Tito reflexionaba positivamente sobre la actuación del equipo en la sede de Arica.

-“Contrariamente a lo que mucha gente comentó en su oportunidad, el plantel que concurrió al mundial de Chile era excelente desde todo punto de vista. Lamentablemente, las cosas no salieron como eran nuestros deseos, pero sin embargo hubo performances muy buenas, como el partido ante Rusia, a modo de ejemplo. Jugamos más de un tiempo con un hombre menos porque se fracturó Eliseo Álvarez y en aquel tiempo no había cambios. Pasó al ataque, de puntero izquierdo, para molestar un poco. A mi me pasó después en Caracas, ante Venezuela en la eliminatoria siguientes. Yo pasé de centrodelantero, pero no me podía mover y me sacaban la pelota. En Chile tuve la fortuna de alternar con una gran muchachada y excelentes futbolistas todo ellos: Roberto Sosa, Troche, Cococho Álvarez, Méndez, Eliseo Álvarez, Cubilla, Cortés, Cabrera, Sacía, Domingo Pérez, entre otros”.

En el equipo celeste hizo su debut mundialista Pedro Virgilio Rocha con apenas 19 años. Había llegado desde Salto en la temporada anterior y rápidamente se ganó un puesto de puntero derecho, titular en Peñarol, para convertirse en jugador de toda la cancha. Hasta el presente, es el único jugador de nuestro país que actuó en cuatro Copa del Mundo (Chile 1962, Londres 1966, México 1970 y Alemania 1974).

 


SEMIFINAL - FINAL

1 - 2
Estadio Centenario
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