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La vida de Tito Gonçalvez (Nota 7)

La imagen fue captada el 31 de marzo de 1965 en el estadio Monumental de Núñez, en Buenos Aires. Tercer partido de desempate entre Peñarol y Santos por las semifinales de la Copa Libertadores. Centro desde la izquierda, contra el arco del Río de la Plata -cuya tribuna tenía sólo una bandeja-, Gonçalvez salta pero no llega. Detrás suyo, Pelé apronta el gesto técnico para controlar la pelota con el pecho y pegarle de bolea cuando caiga. Así empató el Santos. En esta jugada, el Tito afirmaba que comenzó a aquilatar la gran calidad de Pelé. “Otro jugador salta conmigo y trata de empujarme para buscar posición. El negro tenía una calidad enorme, en vez de ir sobre mí, tomó distancia al ver que la pelota me pasaba. La bajó con el pecho y fusiló al Chiquito”.

Por Atilio Garrido

En aquel tiempo, desde varias décadas atrás, la actividad local del fútbol uruguayo se componía de la Copa Competencia, la Copa de Honor y la Copa Uruguaya. El primer torneo se disputaba a una rueda. Al comenzar la Copa Libertadores, el club que participaba descuidaba su actividad en el mismo. Después, a partir de agosto de cada año se ponía en juego la Copa Uruguaya. El tercer certamen resultó un invento típicamente nacional “made in Uruguay”. ¡No se disputaba ningún partido por esa competencia! Se sumaba la tabla de posiciones del Competencia a la primera rueda del Campeonato Uruguayo. El que tenía más puntos, honoríficamente recibía el trofeo.

Peñarol llevaba cuatro títulos al hilo. Después de las finales ante el Santos, se inició la Copa Uruguaya de 1962. En caso de que Peñarol la conquistara obtenía por primera vez en su historia Quinquenio de Oro, título que Nacional ya ostentaba desde la década del cuarenta.

Para encarar esa etapa final del año, los aurinegros lograron un refuerzo de lujo. Después de su pasaje por Europa, donde brilló en el Génova, se reincorporó al club Julio César Abbadie. Como anécdota, cuando volvió a jugar en un partido amistoso ante Racing en el parque Roberto, el técnico Bela Gutman lo colocó de back izquierdo.

En la Copa Uruguaya en los dos partidos clásicos ante Nacional, ganó Peñarol 4:1 y 2:0 conquistando así con comodidad el quinto campeonato uruguayo al hilo. Sin embargo, no hubo festejos por el Quinquenio de Oro. Apenas un título en La Mañana y poco más. Peñarol y sus hinchas pensaban en la competencia internacional.

“EL PISO DE LA BOMBONERA TIEMBLA” DECÍA EL TITO

Con la mente fija en gran nivel continental y mundial, por su condición de campeón uruguayo de 1962, Peñarol ingresó en la fase de grupos. Enfrentó al campeón de Ecuador, el Everest, el club donde comenzó a jugar al fútbol Alberto Spencer. Una goleada de visitante en Guayaquil por 5:0 y un aplastante 9:1 en el Centenario  con cinco goles de Alberto Spencer, depositaron a Peñarol en la semifinal ante Boca Jrs.

-“Seguía Bela Guttman de entrenador. Las cosas entre él y yo, nunca fueron fáciles. En Guayaquil me dejó de suplente y entré a en el transcurso del primer tiempo por Edgardo González, cuando nos pusimos a ganar 2 a 0. En el Centenario no jugué. Cuando vinieron las difíciles, contra Boca, fui titular. Perdimos en el Centenario y en la cancha de ellos íbamos llevando bien el partido, pero en el arranque del segundo tiempo, una jugada enredada, un entrevero en el área y Sanfilippo saca un tiro rastrero, yo me tiro con los pies, no llego y marca el gol. Me quedé en el suelo tirado contra el césped con bronca. Y… empieza a temblar el piso. Ahí me di cuenta eso que me habían dicho que la Bombonera tiembla cuando los hinchas comienzas a gritar enloquecidos y a saltar en las tribunas”.

Después de quedar en el camino de la Copa Libertadores en las dos semifinales perdidas ante Boca Jrs., no resultó un drama resignar el título de la Copa Uruguaya de 1963 ante Nacional. El hincha tuvo la satisfacción de haber ganado los dos clásicos de ese torneo. El título, el sexenio –del que nadie hablaba en esos momentos- los aurinegros lo perdieron en los dos partidos ante Racing y un empate frente a Wanderers. El brasileño Zezé Moreira, técnico de Nacional, cuando llegó y le explicaron cómo era el campeonato uruguayo reflexionó claramente: “hay que ganarle a todos los clubes chicos y el resultado de los partidos frente a Peñarol no interesa”. Tenía razón…

PEÑAROL GANA LOS PUNTOS EN LA CONFEDERACIÓN 

Sin Copa Libertadores en 1964, el presupuesto del club se solventó con una extensa gira por Europa. Peñarol pensaba a lo grande. Reconquistar el título de campeón uruguayo en 1964, parecía cosa de poca monta, aunque lo lograra en carácter de invicto como finalmente lo obtuvo. ¡Así era el fútbol de nuestro país en ese tiempo!

Esa actitud positiva de pensar en grande generó en 1965 en la Copa Libertadores otra ola increíble de esperanza peñarolense compartida, después de un comienzo tambaleante empatando sin goles, en Caracas, con el Deportivo Galicia. A la pléyade de campeones y jugadores de experiencia, se sumó otro jugador del interior que marcará a fuego la historia aurinegra. Pablo Forlán jugó y debutó en ese partido inicial, el 7 de febrero de 1965, como lateral izquierdo en lugar de Omar Caetano que estaba suspendido. En la revancha, en Montevideo, el 28 de febrero a los 25 minutos  se fracturó una pierna Edgardo González, titular indiscutido del equipo. Entró Forlán como half derecho y no salió más. La lesión de El Diablo González resultó muy rebelde y no se recuperó. El mercedario Forlán jugaba en la 3ª. división de Peñarol de centre half. Roque Máspoli que asumió la conducción del club en setiembre de 1963 cuando se fue el húngaro Bela Guttman, lo inventó lateral y lo mantuvo a pesar de las críticas iniciales de la hinchada.

En la fase de grupos de esa Copa Libertadores de América de 1965, un inesperado empate sin goles ante Deportivo Galicia en el debut y la derrota ante Guaraní en Asunción, lo dejaban a Peñarol por primera vez desde el inicio de la competencia, sin acceder a semifianales, debido a que los paraguayos que perdieron en Montevideo, vencieron las dos veces a los modestos venezolanos. Los dirigentes de Peñarol denunciaron que en el partido jugado en Caracas, Roberto Lopardi –también uruguayo- jugó inhabilitado por no haber estado inscripto en la nómina de jugador que podían defender al equipo venezolano, en tanto otro uruguayo, Roque Fernández, también actuó en ese partido sin tener el pase de Estudiantes de la Plata, de dónde provenía. ¡Cosas de aquel tiempo! La Confederación Sudamericana de Fútbol falló a favor de Peñarol. De este modo, en los escritorios se abrió la puerta a otros tres partidos épicos ante el Santos de Pelé.

OTROS TRES PARTIDOS A MUERTE CONTRA EL SANTOS

En las semifinales, el 25 de marzo, Peñarol perdió en San Pablo 5:4 en un partido sensacional, de ida y vuelta. Quedó para el recuerdo el remate del penal que Maidana le atajó a Pelé. En la revancha, en el Estadio Centenario otro enfrentamiento de nervios crispados y emoción potenciada. Arrancó ganando Peñarol con gol de Lito Silva, que ese año se había integrado al equipo proveniente de Danubio. Empató el Santos y pasó adelante con gol de Coutinho. Esa tarde, otra vez, las tribunas del Estadio Centenario reventaban de público. Sacía de penal logró la igualdad y en el último minuto, otra vez el Lito Silva puso el 3:2 definitivo.

El tercer partido en el Monumental de Núñez fue otra de las gestas increíbles, que quedaron en la historia gloriosa del Peñarol de este tiempo capitaneado por Néstor Goncalvez. Un conflicto absurdo generado por el Prof. Langlade, preparador físico de Peñarol, cuyo entrenador era Roque Gastón Máspoli, determinó que en otra reacción tal vez injustificada, el golero Maidana se fuera de la concentración en la misma noche del domingo de la gran victoria. Peñarol frente al Santos. Peñarol se quedó sin golero titular, de larga experiencia en el club si se tiene en cuenta que había llegado en 1954 desde Piriapolis. Y había jugar el desempate con el Santos de Pelé.

-“Nosotros, los jugadores, queríamos que jugara Eduardo García, un golero que había venido de Colonia a las inferiores, que estaba hacía unos años en el club y que en 1964 hizo un gran temporada jugando como titular en los juveniles que se clasificaron Campeones Sudamericanos. Roque (Máspoli) habló conmigo y le di mi parecer, que era el de los muchachos. Sin embargo Roque se la jugó con Mazurkiewicz, que había llegado ese año a Peñarol después de una gran temporada en 1964 en Racing. Había sido suplente de Eduardo en la selección. Realmente Roque tenía razón. Yo me di cuenta en la primera pelota que le llegó, que era un fenómeno…”

Con el estadio Monumental de River Plate repleto, aquella noche en la voz de Heber Pinto y su relato por CX12 Radio Oriental, nacieron “Negro el 11” (Juan Joya) y “Pepe el Grande” (José Sacía). El triunfo 2:1 en el alargue y la fiesta total en Montevideo, parecían indicar que la tercera Copa Libertadores no se podía escapar. En este encuentro, más precisamente en el gol del empate momentáneo del Santos, fue que Gonçalvez quedó maravillado con el juego de Pelé por la forma como encaró la jugada que derivó en ese tanto. Ya incluí su testimonio en notas anteriores. Pelé saltó a recibir el centro desde la izquierda detrás de Gonçalvez a quién sobrepasó la pelota. En lugar de tratar de empujar al Tito o molestarlo cuando se elevó, desarrolló el gesto técnico de bajar la pelota con el pecho y pegarle de bolea venciendo a Mazurkiewicz.

SACIA LE TIRO TIERRA EN LOS OJOS AL GOLERO SANTORO

Después de una recepción en el aeropuerto que fue multitudinaria, llegó la final ante Independiente, campeón reinante luego de vencer a Nacional en la final en 1964. El primer partido, el 9 de abril de 1965 en Avellaneda iba camino a morir sin goles. Faltaban veinte minutos. Córner a favor de Peñarol que busca el triunfo…

-“Cuando el Cholo Ledesma va a tirar el córner, el Pepe le grita que lo demore un poco –contaba El Tito-. Viene el centro, saltan varios como pasaba siempre y ahí se arma un borbollón. Empujones, gritos y expulsan al Pepe Sacía. ¡Le había tirado tierra en la cara al golero de Independiente, Santoro. El juez lo vio y lo echó. Claro, hoy la gente no lo puede entender, pero en aquel tiempo no había televisión y las luces de las canchas eran malas. Transcurrían 70 minutos. Con diez hombres era bravo, fuimos llevando el partido igual para empatar, pero faltando siete minutos Bernao nos hace el gol y ganan ellos. Lo condenaron mal al Pepe. Lo echaron de Peñarol, sin recordar todas las veces que había realizado la misma trampita. La diferencia es que nunca lo vieron y habíamos ganado…”

Sin el Pepe y con el argentino Miguel Reznik en su lugar, con un golazo de Néstor Gonçalvez con remate desde fuera del área, Peñarol le pasó por arriba a los rojos de Avellaneda en la revancha en el Estadio Centenario con un 3:1 aplastante. El tercer partido final en Santiago parecía cuestión de coser y cantar. Pan comido…

-“En esa final todos pensábamos que ganábamos, porque la superioridad de Peñarol había sido clara en los dos partidos. En Buenos Aires y en Montevideo fuimos más. Allá jugábamos bien, atrás, aguantando y de contragolpe tuvimos varias chances. En Montevideo, sin el Pepe, les pasamos por arriba. Fuimos con una confianza bárbara. Fue una noche negra, de esas que no sale nada. Rápidamente ellos se ponen en ventaja, enseguida hacen el segundo y Pedro (Rocha) erró un penal. Después hicieron el tercero y el cuarto. Hoy, mirando desde lejos, creo que Roque tenía que haber puesto a Sacía que había cumplido la pena en el partido de Montevideo. Quedó en el banco y lo puso cuando perdíamos 3 a 1. Al final un petizo que se llamaba Mura hizo un golazo. ¡Marchamos!”.

 

 

 

Atilio Garrido: