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¡¡¡Manzana Verde!!!

Alcides “Cacho” Silveira, debutó en Sud América, jugó en Independiente, en el Barcelona, Boca Juniors y Nacional. Campeón de América con la Selección en 1959.

Miércoles de noche después de la oficina, era la hora de Alcides “Cacho” Silveira, había esperado mucho esta reunión junto con Joselo Olascuaga; armando el libro, en mi casa estaba frío, pero la chispa de “Cacho” iluminaba y encendía la hoguera. Siempre hago algunas comparaciones con jugadores similares, por su manera de hablar, para tener una idea parecida de la vida y del juego de la vida aunque caiga en redundancia. Él vivía en Pocitos, no recuerdo la calle (sé que ésta no tenía salida), me llevó Braulio Castro que era muy amigo. Conocerlo a “Cacho” era importante porque tenía ante mí un “Coco” Basile, un estilo, lógicamente, de Guillermo Coppola. Una vida de futbolista acompañada del humor sano, de la vida que todos llevamos y que nos reímos cuando nos juntamos recordando historias que trato de llevarlas para quienes no lo vivieron dentro del campo, al menos conozcan lo que es estar dentro.

“Empecé a jugar al futbol de casualidad, vendía en la feria, me decían “Cacho el verdulero”, pero no es así, era “Cacho el frutero”, no es que no me guste, sino que vendíamos la fruta más linda y sabrosa, si hubiera vendido verdura no tenía ningún problema tampoco. En la explanada del Municipio en 18 y Ejido aprendí que la manzana Granny Smith (la verde popularmente conocida), era una fruta ácida y curativa, porque los judíos compraban mucha y eso llevó a mi curiosidad a preguntarles”.

El bigote característico de Cacho, y la mirada llena de sabiduría de barrio, que lo llevó a lo más alto del fútbol.

I.A.S.A.

Nos enteramos de rebote en la feria, que había llamados de aspirantes en la I.A.S.A. (Institución Atlética Sud América), pero yo no podía ir, no tenía para el tranvía, el que iba al Parque Fosa era el numero 17 y el que venía de vuelta era el 13, la desgracia y la mala suerte, pero ese no fue mi destino, al menos al principio me acompañó la suerte, que no se qué número tiene. Será el que sale a la grande en la quiniela y vos justo le jugaste…

Un amigo que trabaja con nosotros en la feria me pagó el tranvía y en el Parque Fosa me consiguieron un par de zapatillas. Éramos pobres pero en esa época no se notaba, al menos no había tantos medios de comunicación, de los ricos ni nos enterábamos, era el barrio y también donde nos movíamos nuestro entorno. ¡Nuestro Mundo!

Cuando llegué al Parque Hugo Fosa, la cancha de Sud América tenía a 100 jugadores listos para entrenar, de pronto el técnico pregunta, ¿quien juega de nº 5, de “centrohalf”?, -¡Yo! – dije. Pensé somos 2 (los demás eran delanteros y defensas), tengo que quedar”, volver sin quedar en el equipo y con todo lo que había pasado hasta llegar acá, me moría. Te decía que al comienzo tuve suerte porque iba a debutar contra Rampla en la cancha de ellos, en el Olímpico. Como tenía 17 años tuvieron miedo de que me fuera mal y cortarme la carrera antes de comenzarla. Jugó un amigo que era nº 5 (centrohalf) de lateral izquierdo, era
muy buen jugador, mucha técnica pero muy lento, un puntero rápido lo mataba, así fue lo que pasó. Perdimos 4 a 0 y mi amigo ni la tocó, los goles fueron por su lado y ahí mismo agarro para las 8 horas…

Debuté contra River Plate. Estuvimos concentrados desde el jueves en Santa Lucia, a mí y a Novasco (era el golero), nos dijeron al mediodía de ese día que jugábamos, teníamos ambos diecisiete años, él unos meses mayor que yo. Concentré tranquilo porque sabía que jugaba, era solo esperar el partido, fe me tenía, quería demostrarle a la gilada que decía que era muy chico. Comenzó el partido y el primer mano a mano, me driblea el puntero que se llamaba Olivera, me pasa y gol de River. Me quería matar, ni calentado estaba cuando salieron con un gol del vestuario y por mi lado, enseguida el “Pera” Vázquez (que tenía 42 años) jugaba de zaguero con el nº 2 me tranquiliza y poco a poco empecé a imponer mi juego. Pasamos a ganar 3 a 2, faltando 1’, córner en contra, los laterales nos colocábamos como siempre uno en cada palo, el volante nº 8, Galeano, de River cabecea una pelota y va a donde yo estaba custodiando, al
ángulo, en vez de cabecearla y para darle más emoción hago una chilena y la devuelvo al medio campo, enseguida terminó el partido. ¡Vamo’ la I.A.S.A. que no ni no! Salí como un héroe, me levantaron en andas. ¡Pero te imaginas si le hubiera errado, estaba todavía en la feria y era “el feriante Cacho” ni verdulero ni frutero!

¡¡CACHO TE MATO!!

Faltando 2 fechas para terminar el campeonato, Sud América o Rampla descendía. Nos toca jugar en su cancha, imagínate era la década del ’50, las hinchadas eran muy complicadas, Jorge Manicera jugó de 9 en Rampla, se sentía un ambiente raro, de juez nos toco el “turco” Esteban Marino ¡que ficha! El técnico nuestro era el “Mono” Gambeta, y ya que pasó mucho tiempo ahora lo puedo decir, había que quedarse “piola” porque el empate nos favorecía a los 2 equipos. Más o menos a los 10’ córner en contra nuestra y Carballo apenas toca a un delantero de ellos y el “Turco” cobra penal, ¿Quién lo patea? Jorge Manicera, yo pensaba “como le van a dar a Manicera el penal”, había jugadores en Rampla que cuando pateaban te hacían un agujero en la red. El golero nuestro era la “Tota” Denis, patea el penal Manicera, la “Tota” se tira a la derecha y la pelota le pega en las rodillas, seguimos 0 a 0.

Minuto 89 y medio, ¡la gran cagada! El “Canario” Gil entra dribleando al área de los barcos y lo bajan de una patada, ¡PENAL! Se borraron todos, “se tomaron los olivos”, cazo la pelota y me decía a mí mismo, vamos “Cachito” vos podes, el Parque Nelson se desbordaba de gente, Gambeta me gritaba – ¡CACHO VOS NOOOOO!
-Tranquilo “Mono” que lo meto.
– ¡”Cacho” te mato! ¡Déjala ahí! La puta que te parió, háblenle por favor – decía el “Mono”.
Yo no entendía nada, mejor dicho, era mi gol, el más importante, salvaba a la I.A.S.A.de bajar a segunda división, y yo en primera plana de los diarios el lunes, mi barrio, la feria, el amigo que me prestó el mango pal’ tranvía. El golero era Juan Carlos Leiva de Rampla, me apronté como para pegarle a la derecha y le prendí un bombazo al medio para asegurarla, pega en el travesaño y entra, goool ¡LA I.A.S.A. NO MA’, VAMO’ ARRIBA LA I.A.S.A. QUE NO NI NO!
Pasé por al lado del “Mono” Gambeta y me decía -¡TE TENGO QUE MATAR! Mueven y termina el partido, viste el pasaje que va desde la cancha hasta la entrada de los vestuarios, es como un aguantadero, volaban los mates, los termos llenos de agua caliente, me dieron tantas trompadas y patadas que si las contara, te diría que rompería el record Guinness.

Pasaron los años y me fui a Independiente de Avellaneda, después pase a Boca Juniors. Una noche estando de vacaciones me da por ir al “Sud América”, siempre me decían que por mi pase habían comprado la Cervecería, así que cuando los porteros que no conocían a nadie me preguntaron quien era, les dije que era el dueño, siempre hay alguien que te conoce y me hizo pasar. Apenas me había sentado me invitan a subir a las oficinas del club, entro y estaba Don Ángel Fosa, casi 2 metros de altura, – ¿Cómo esta “Cacho”? Tanto tiempo – me dice
-Bien, bien “Don” Ángel.
-“Cacho” le presento a el Sr. Carrere Sapriza presidente de Rampla (había 8 personas más de cada lado, pienso que directivos también) acá estamos arreglando una cagadita suya de hace 14 años, (Ángel no era de decir malas palabras, así que la mano venía jodida), y justo cae usted.
Le digo en tono de broma – Como el desembarco de San Martin – (aludiendo mi vida en la vecina orilla)
– Peor que el día “D”, el desembarco de Normandía, a ver si me entiende. Estamos remontando una cometa y usted es el mejor testigo.
– Pero ¿qué paso Don Ángel?
-El penal mi’ hijo, que pateó usted hace 14 años.
Se dirige a Carrere Sapriza – mire Presidente ¡ACA ESTÁ LA PRUEBA DEL DELITO!

Cacho SIlveira, corriendo junto a Palito Mamelli. Jugó en Nacional dos temporadas (68, 69) antes de retirarse del fútbol.

¡¡NACIMOS DE NUEVO!!

Corría el año ’61 y jugaba en el club Independiente de Avellaneda, viajamos a Córdoba a jugar contra Talleres, un equipo que estaba recién naciendo a nivel futbolístico. Salimos de Aeroparque en un DC3, a mitad de camino, con mucha lluvia, truenos y un viento terrible, imaginate el miedo que tenía, ni miraba para afuera. Me sentaba en el pasillo, pero esta vez me dio por mirar y veo que del lado izquierdo nuestro el motor estaba incendiándose, los gritos, la locura que te atrapa es realmente impresionante, uno se siente impotente ante algo que es inevitable si sucede; recuerdo tanto ese momento que han pasado años y me veo vivir ese maldito momento que es para siempre. Con un motor llegamos a Mendoza y con ese
terror en nuestras miradas llegamos al hotel. El técnico, Sr. Roberto Parra, nos dice -he viajado por todo el mundo, tengo larga experiencia en viajes, pero hoy nacimos de nuevo, así que tienen piedra libre, salgan de putas, emborrachasen y festejen que seguimos viviendo-

Alcides “Cacho” Silveira en la tapa del Gráfico, vistiendo la casaca del Independiente, el rojo de Avellaneda.

Fue tan grande la borrachera, tan impresionante que no sabíamos ni donde estábamos, ni el nombre de la ciudad, pero había que jugar al día siguiente, es decir cuando saliera el sol, así que a las 08:00 a.m. estábamos en el aeropuerto para viajar a Córdoba, llegamos y vimos el mismo avión con el motor arreglado, todos gritamos “¡es el mismo avión!”. El piloto nos dice -tranquilos muchachos sino caímos ayer no caemos más.

Subir las escaleras del avión fue una odisea, nos empujábamos unos con otros porque las secuelas de la noche se sentían aún. El partido iniciaba a las 16:00, llegamos a las 14:00 al hotel, dejamos los bolsos y nos fuimos directamente al estadio. Primer tiempo Talleres 4 Independiente 0. Llegamos al vestuario al
término del primer tiempo, y el técnico nos dice -cierren la puerta, acá no entra nadie, manga de borrachos, desnúdense y abran los grifos de las duchas con agua fría y estén 10’ así, luego vístanse y salgan de nuevo.

-Si no ponen huevos , pongan vergüenza, al menos…
Termina el partido 4 a 4…

Escribir algo de un gran jugador por lo que me han contado es difícil, pero de tanto escuchar los cuentos de “Cacho” Silveira parece que lo hubiera conocido de toda la vida, “porque hay jugadores y jugadores”, con eso quiero decir que a veces uno no tiene ni que sufrir ya que la vida les dio ese don de hacer todo lo difícil, fácil, por naturaleza, otros tuvimos que adaptarnos en base al físico y sacar ventajas de algunas cualidades y otras superarlas en base a la voluntad, aprendizaje y esfuerzo. Pero “Cacho” tenía ambas, la facilidad de saber jugar sin esfuerzo y sacar ventajas del “rioba”, del feriante, del chiquilín que sabía de la
manzana verde o la roja, que a veces 900 gramos es 1 kilo…

“Volver con la frente marchita
Las nieves del tiempo
Platearon mi sien”…

Hebert Revetria: