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de Atilio Garrido

Messi, México, Neymar, David y Goliath

18 de junio de 2018

Escojo la fotografía exclusiva de Fernando González para ejemplificar mi pensamiento sobre el actual momento de Lionel Messi y el fútbol argentino. Todos los uruguayos -por lo menos yo lo pienso así aunque creo encontrarme dentro de la minoría-, debemos ayudar y contribuir para la recuperación del fútbol argentino. Ellos, nuestros vecinos, han sido los maestros del fútbol sudamericano. Los que nos enseñaron a jugar a nosotros. Fuimos sus discípulos. Entre ambos construimos la gloria del fútbol de hoy. Por este motivo, a mi juicio, Luis Suárez y Edinson Cavani dándole la mano a Messi para levantarlo del suelo, es la mejor ofrenda que podemos entregar a nuestros hermanos.

Confieso que me llenó de dudas el rostro serio, adusto, demasiado concentrado de Lionel Messi, que en primer plano la televisión llevó al mundo en los instantes previos a su ejecución del penal a favor de Argentina en el partido contra Islandia. No era necesario estar doctorado en siquiatría o sicología para advertir que ese notable jugador de fútbol, ser humano al fin, experimentaba en su interior decenas de sensaciones encontradas que inundaban su mente de recuerdos negativos. El último y aún muy fresco lo retrotraía a dos años atrás, cuando en sus pies se encontraba la conquista de la Copa América centenario para Argentina. El tiro decisivo marrado desde los once pasos en esa final,  ahora se convertía en otra nueva pesada carga sobre sus hombros. Una mochila difícil de superar. La obligación impostergable de transformar el remate en gol instalada en su mente decodificó ondas de pavor escénico a su pierna derecha. Decidió asegurar el tiro. Después de dos pasos Messi abrió el pie izquierdo golpeando la pelota con la parte lateral utilizada en plancha, con idéntico gesto técnico al que se usa para pasar el esférico a un compañero en acción de juego. Esa forma de pegarle aumenta la posibilidad de la precisión del envío pero, también, disminuye la potencia y la velocidad. De ese modo no puede golpearse fuerte la pelota. En esta ocasión la búsqueda de asegurar al máximo la definición, condujo a Messi por la ruta de elegir el palo derecho del golero de Islandia. El tiro dirigido a la mitad de la zona definida entre el medio del arco y es caño derecho del portero, se transformó en un bombón de chocolate para Hannes Halldorsson.

Amante de los autos de carrera y de los viajes en empresas aéreas de bajo costo, Halldorsson se gana la vida en Reikiavik trabajando en una productora de cortos publicitarios y cine, actividad con la que sustenta su paso por el mundo. El fútbol en es Islandia tiene característica de amateur. Jamás pensó que su humildad perdiera el anonimato gracias a una acción de juego, convirtiéndose en el héroe del primer partido de la historia que su país disputó en la Copa del Mundo de la FIFA.

A diferencia de lo ocurrido contra Chile en la definición del partido por penales tras el empate durante el jugo y donde Messi podía alcanzar el título de campeón de América que aún no logró, en esta ocasión no hubo lágrimas en su rostro. El juego continuaba. El fútbol seguía. El tormento de exhibir que la camiseta de Argentina pesa toneladas en el pecho de Messi cuando llegan las instancias claves, también.

Alentados por la acción de su compañero los diez jugadores de campo que vistieron la indumentaria de Islandia lucharon como vikingos a partir de entonces para amarrar un empate que para ellos resultó histórico. País de ciento tres mil y pocos quilómetros cuadrados –un poco más que la superficie de Uruguay-, apenas habitado por 330.016 personas que se las ingenian para convivir con la tierra cubierta de hielo, el sol de medianoche o las noches blancas en las cercanías del polo ártico, su debut mundialista en la mítica ciudad de Moscú y el famoso estadio del Spartak, se transformó en otro símbolo del fútbol donde David puede más que Goliath.

Confieso que sentí pena por ese nuevo camino de espinas que debe recorrer Messi con la camiseta albiceleste en su torso. La historia de los maestros del fútbol de América del Sur, poseedor en la actualidad del mejor talento de calidad y técnica que habita en la tierra –aunque carente de los atributos espirituales para convertirlo en Dios del fútbol-, no merece enfrentarse cada cuatro años al tormento de vivir este tipo de situaciones.

En la misma ciudad de Moscú, inevitable centro del mundo desde hace varios siglos, aunque en diferente estadio, México construyó otra historia bastante parecida a la que escribieron los islandeses el día anterior. El guión donde el más débil se las ingenia para meter el golpe de K.O. al gigante, esta vez lo escribieron los mexicanos a su modo en el estadio Luzhniki del suburbio de Luzhnétskaya, recurriendo a los mismos elementos que han sido en muchas ocasiones –no en todas, como piensan equivocadamente muchos aficionados en nuestro país-, los que tantas veces expusieron en un campo de juego los equipos uruguayos. Aquello de “garra y corazón”, como definía Hugo Bagnulo al estilo nacido en los años setenta, y el “con menos ser más”, utilizado por el Prof. De León para graficar este tipo de situaciones, volvió a hacerse realidad. Un gol convertido en perfecta maniobra de contragolpe a la que no le faltó el toque de habilidad del joven y atrevido Hirving Lozano, pareció no inquietar a Alemania que continuó jugando con el método de siempre, apoyado en una frase que los europeos repiten hasta el cansancio: “el fútbol es un deporte donde casi siempre ganan los alemanes”. Y ese “casi” se hizo realidad. “A la uruguaya”, todos atrás defendiendo, con la ayuda siempre estimada de la suerte y algunos errores en la definición de los alemanes, los aztecas se llevaron la histórica victoria.

Conceptos finales para el Brasil de Neymar. Con un mechón de pelo teñido con un color que lo acercaba al dorado del oro, otra de las estrellas que comparte cartel de primera clase en el fútbol mundial -entre las que también están al mismo o mayor nivel, incluso, los uruguayos Luis Suárez y Edinson Cavani-, la actuación de Neymar dejó una vez más en claro su enorme capacidad para dominar la pelota, su alta técnica, la casi imposibilidad de contenerlo -salvo recurriendo a la infracción-, cuando decide avanzar a velocidad con el esférico dominado y… esa sensación que también irradia la figura de Messi en lo referente al temperamento.

El gol del empate de Suiza convertido por Steven Zuber en una acción de juego donde debió utilizarse el VAR para constatar la clara falta que cometió el autor al empujar al zaguero Miranda, dejó en evidencia que el actual reglamento impuesto para su utilización deja muchas dudas. El árbitro no está habilitado para pedir su auxilio. Resuelven si se pone en marcha o no el recurso de la revisión los cuatro jueces asistentes encerrados en una cuarto delante de muchas cámaras. El sistema funciona desde Moscú. Por lo visto hasta hoy donde no ha sido utilizado el mecanismo, se advierte que las autoridades están tratando de esterilizar el innegable valor que podría tener esta herramienta tecnológica que bien usada, contribuye a establecer más justicia en el fútbol.