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de Atilio Garrido

Nunca ocurrió en 118 años de historia

11 de junio de 2018

 

Niños y jóvenes rusos de la ciudad de Nizhny Nóvgorod brindaron de esta forma la bienvenida a los celestes. Fotografía de Fernando González, enviado especial.

Exactamente cincuenta años atrás inicié el recorrido por aquel pequeño sendero del periodismo deportivo en la redacción del matutino El Debate. En esa escuela de vida, al culminar la primera semana el jefe de la sección deportiva, Trifón Ilich, me despidió con una frase que con el paso del tiempo se transformó en tangible realidad.

-“Botija, la tinta te va a atrapar para siempre. Condiciones tenés…”

El vaticinio partió de aquel profesional que anteriormente supo llevar en sus manos el timón deportivo en El País, compartió las transmisiones de Radio Sarandí en el campeonato del mundo de 1950 con el relato de Carlos Solé y los comentarios del campeonísimo Vasco Cea y Osvaldo Heber Lorenzo. Vestía de riguroso traje con chaleco, camisa almidonada, corbata, y en sus labios un cigarro armado por sus manos que nunca se apagada, parecía eterno.

Desde entonces aquella minúscula ruta amplió la superficie a través de la cuál transito aún en el desarrollo de esta profesión, que según la definición del troesma que fue Diego Lucero es maravillosa y maldita, “porque te permite ver al primer ministro en chancletas y a la princesa en camisón….” En síntesis el desempeño de esta profesión me convirtió en testigo directo de todos los acontecimientos registrados en el fútbol uruguayo –a nivel de selección y actuación de los clubes-, en las cinco décadas transcurridas. Esas vivencias personales las complementé con un estudio profundo de la historia del fútbol uruguayo desde su desembarco en el Río de la Plata en 1867, año en que se disputó en Buenos Aires el primer partido de fútbol de la historia en América del Sur.

La breve introducción aporta la base sólida para expresar una rotunda afirmación que surge de la simple realidad que en estos días comprobamos  todos los habitantes de la República Oriental del Uruguay. Nunca antes desde que el fútbol se organizó en nuestro país en 1900 hasta el presente, se palpa y se advierte en la población uruguaya una confianza y seguridad tan absoluta en los prolegómenos de la actuación de la selección celeste en una competencia continental o mundial.

La anterior ocasión en que se vivió con anhelante optimismo, aunque sin llegar al grado actual, se ubica en las semanas previas a la intervención de Uruguay en el campeonato olímpico de fútbol en Londres 2012. Tabárez encabezó la columna armando un equipo que generó expectativas que, aunque menores a las actuales, construyeron la sensación de que el retorno con una de las tres medallas en juego (oro, plata o bronce) resultaba cosa segura. Uruguay compartía el grupo con la selección del Reino Unido, Senegal y Emiratos Árabes Unidos. En caso de clasificar todo indicaba que el próximo rival en cuartos de final sería Corea del Sur o México y, superando esta etapa se entraba en la lucha por una de las medallas. Sin embargo y a pesar de lo aparentemente fácil que resultaba el camino, en este caso no hubo recompensa.

Hoy –insisto- como nunca antes en 118 años de historia del fútbol uruguayo, en las horas previas al debut mundialista la cometa de la ilusión está allá arriba, camino al sol de la victoria total, remontada por el extenso hilo de una exitosa revolución transformadora que desde 2006 tiene como líder a Oscar Tabárez y su equipo técnico.

A mi juicio resulta un acto de justifica señalar que desde el momento que el exitoso entrenador empuñó el timón del barco celeste, recibió el apoyo de cada uno de los dirigentes que desde la Asociación Uruguaya de Fútbol  se ingeniaron para generar nuevos recursos que permitieran solventar económicamente el exigente plan de acción y desarrollo presentado por el entrenador, cuando el Consejo Ejecutivo que presidía Eugenio Figueredo designó a Tabárez para ocupar el cargo. Plan y acciones que la visión del director técnico continuó ampliando introduciéndose en otras áreas con similar éxito. Todos quienes conocen el crecimiento del Complejo Celeste –la casa de las selecciones-, sus mejoras y bondades del mantenimiento, formulan una interrogante que es un secreto a voces: “¿qué ocurrirá cuando Tabárez no esté y quién podrá continuar esa tarea?

Es necesario mencionar, también, que dentro de los naturales vaivenes por los que ha atravesado la valoración de Tabárez condicionado por los resultados, cada uno en su tiempo, los siguientes Consejos Ejecutivos de la AUF presididos por el Dr. José Luis Corbo, el breve interregno de Washington Rivero, Dr. Sebastián Bauza y actualmente el Esc. Wilmar Valdéz, mantuvieron una línea de actuación en “política de selección” de apoyo incondicional sin tasa ni medida al largo proceso de doce años.

La obra en marcha es reconocida en todos los ámbitos reuniendo a nivel popular una casi unánime opinión favorable. La materialización en realidad del proyecto Tabárez ha tenido la virtud de transformar la visión de la sociedad con respecto a la selección uruguaya. Merced a esa obra la celeste es una especie de isla paradisíaca en el proceloso mar donde diariamente lucha por la subsistencia todo el fútbol uruguayo, el de todos los días, el de los clubes, que en la actualidad –y aunque parezca duro-, se encuentra al borde la quiebra económica.

En estas horas que transcurren, dejando constancia previa de mi pensamiento, entiendo que el más justo, concreto y preciso mensaje que debe transmitirse a todos los integrantes de la selección uruguaya, lo aportaron los controladores aéreos de nuestra estación Internacional de Carrasco, Gral. Cesáreo L. Berisso. Cuando el imponente avión fletado por la AUF como vuelo charter, el Crystal Syke, surcaba los aires luego del despegue camino a Nizhny Nóvogorod, una voz femenina de la torre de control dialogó en idioma inglés con los pilotos solicitando autorización para transmitir un mensaje. Aprobado el petitorio la voz leyó lo siguiente: “Queridos integrantes de la selección uruguaya de fútbol: los controladores de tránsito aéreo desean despedirlos expresando una vez más el orgullo que seguramente sentiremos todos los uruguayos por su actuación vistiendo la camiseta celeste, cualquiera sea el resultado. Mucha suerte. Feliz viaje y… ¡vamo’arriba Uruguay!”

Escuchado por todos los pasajeros del avión, los aplausos y los vivas saludaron el oportuno contenido del mensaje.