¿QUIÉN NO CONOCE A JUAN?

20 de febrero de 2018
Categoría: Columnistas

Nuestro fútbol es prolífero en personajes, que con apariencia, actitudes, manera de expresarse provocan alegrías y enojos. Esos queridos por muchos y también discutidos, permanecen siempre en el centro de las charlas informales y de la prensa ávida de controversias.

Personajes que si no hubieran nacido ¡habría que inventarlos!

Quién más representativo, contemporáneo, que Juan Ramón Carrasco…el del tiqui- tiqui, el de la filosofía sobre el cuero de la vaca y las pelotas de fútbol, el de las opiniones explosivas…

¿QUIEN NO CONOCE A JUAN?….

Llamada telefónica mediante, llega el día de reunirnos en casa, aparece Juan, termo y mate inseparables… y comienzan a surgir recuerdos. Muchísimos recuerdos salpicados de risas que nos devuelven a la juventud no tan lejana. O sí… no importa.

Yo ya integraba la primera división del Club Nacional de Football. Juan entre otros nombres como Darío Pereira, Adán Machado, Alfredo de los Santos, Rafael Villazán, iban obteniendo su lugar en la oncena titular tricolor, al tiempo que legendarias figuras, artífices de una de las más lindas historias del club, dejaban paso a la juventud. J.R. ¡que jugador! Carácter y fuerza forjados en el campito, nunca demostraba nervios, jugaba con el mismo empuje en cualquier cancha,

“TORO EN MI RODEO Y TORAZO EN RODEO AJENO”

Nos conocimos en un entrenamiento en una de las canchas de los Céspedes, la de abajo, que era la que cuando la principal estaba mal, bajábamos y la destrozábamos.

-¿Te acordás cuando nos peleamos?-, salió de Juan recordar ese momento.

– Sí, me acuerdo- le respondí.

Juan agrega -Pero yo tengo mi relato.

– Y yo también tengo el mío -le dije- Fue hace varios años, ¿por qué empezamos esa pelea?

– Lo que recuerdo es que ustedes ya estaban en el plantel principal. Vos, Daniel González, Braulio Castro, Rubén Suarez y Alfredo Amarillo, principalmente, y nosotros los mirábamos como jugadores de primera porque ya habían jugado varios encuentros y eran conocidos. Nosotros éramos sparring de ustedes y llenábamos espacios cuando faltaban jugadores por diferentes motivos. ¡Estábamos haciendo fútbol cuando vos le metiste la pesada a un jugador del equipo de suplentes en ese momento, y yo salí a defenderlo! – me dice Juan.

– Yo tengo otra historia-  le digo – el zaguero que me marcaba (no recuerdo su nombre), no podía pararme y vos le dijiste “¡pégale una patada!”. “¡Pégame vos!”, te dije, y ahí se armó.

Cuando empezó la pelea Don Miguel Ignomiriello dijo “¡Déjenlos pelear!”

Se hizo un circulo, parecíamos dos bandas rivales y nosotros los jefes, luchando por el poder, estuvimos entre 15 y 20 minutos peleando, hasta que Don Miguel dijo “Basta, ¿se sacaron las ganas?” “Sí” respondimos. “Bueno ahora a ducharse y se terminó la práctica”.

¿Quién ganó? “LA AMISTAD”. Sí, desde esa pelea limpia nos hicimos amigos y aún seguimos cultivando esa amistad. Hemos recorrido una carrera casi paralela, jugamos en los mismos países, con alguno diferente y también los hicimos juntos en México, en la AUG (Universidad Autónoma de Guadalajara) con el “Pelado” Eduardo de la Peña.

Arriba: Rodolfo Rodríguez, Giménez, Montero Castillo, Machado, Moller y Piazza. Abajo: Ruben Morales, Carrasco, Mamelli, Caillava y Alberto Bica.

Realmente un personaje, mirando hacia atrás en el tiempo, uno se ríe de ciertas vivencias junto a Juan Ramón. Jugando por el campeonato uruguayo, Juan Ramón Carrasco lanzaba al puntero derecho, José María Muniz, muy habilidoso (yo ya lo conocía del baby futbol, jugaba en una categoría menor a la mía). Tomaba la pelota Muniz y comenzaba a driblear, amagaba, yo picaba al área, pero el centro no venía. A veces me dejaba en fuera de lugar y le recriminaba la jugada. Le decía “¿Qué haces boludo? lanzame la pelota ¿qué esperas?”, y me respondía “¡A que llegue Juan!”

“¡Anda a cagar! Viene de la mitad del campo, no llega nunca…”  “¡Y que querés! ¿Que me mate?” Ya lo había apretado en la concentración que lo esperara, así podía convertir… le pegaba muy bien de afuera del área.

Tiro libre a favor nuestro, Juan se prepara, y de atrás llega Muniz y le pega dejando a Juan con los brazos en la cintura viendo de reojo, sin entender nada de lo que había pasado, al darse cuenta José de lo que le esperaba, le dice “¿viste Juan? ¡Pegó en el palo, casi hago el gol!”.

“¿Palo? ¡¡Palo te voy a dar en el vestuario, te voy a matar!!”- le responde Juan. Terminó el partido y José entró primero. Cuando llegó todo el equipo ya no estaba, se había ido sin bañar.

“Enero del año 1978, ese mes se jugaba el Torneo de nombre “Liguilla”. Era el campeonato más importante del fútbol uruguayo, porque se jugaba la clasificación a la Copa Libertadores: entraban el primero y el segundo del torneo. Concentrábamos en Parque del Plata, un mes entero, algo atípico para un club grande. Pleno verano y nosotros encerrados, practicando y tomando mate ¡qué lindo!

Comienza también el periodo de pases y a manejarse los nombres de Alfredo “El Polilla” de los Santos y Juan Ramón Carrasco. Era la primera vez que se hablaba de dos jugadores y la transferencia a un mismo equipo, la primera vez que hablaron de un “paquete”, ya que vendían a fulano pero se le agregaba sultano, el equipo era River Plate de Argentina. ¡Imagínate, terrible equipo!

Nacional ya tenía la venta arreglada en USD 800.000, que se dividían en USD 300.000 por Alfredo y USD 500.000 por mí, una venta record, el club agarraba un dinero hasta entonces nunca visto. Llaman al “Polilla” a la sede del Club y vuelve enseguida a la concentración, creo que arregló en un tiempo record, traía un fajo de dólares y los tiraba encima de la cama… lo voy a decir, igual ya pasó mucho tiempo. Arregló todo por unos USD 45.000, imagínate esa cifra lo que era en esa época. Al poco tiempo me llaman a mí para realizar la misma gestión. Yo había pensado que estaba súper cómodo en Nacional e incluso estaba en la Selección, pensaba que para irme me planto en 130.000 dólares, sino no me voy. Entonces el empresario me dice que  ya arreglaron con el “Polilla” de los Santos.

-Ok- le digo yo.

-Bueno hay 50.000 para vos, 5000 dólares más que el Polilla- me dijo.

Entonces le digo -No, no, quiero 130.000 dólares, si no hay ese dinero no me muevo de acá.

-¡Nooo, esta es toda la plata que hay! Ya arreglaron los clubes.

-Bueno – le respondo-  obligarme no me van a obligar.

– ¡Ah no, no!  Si no arreglas por este dinero que te estamos ofreciendo, no se hace.

Me levante, les dije muchas gracias, y me fui.

A los 3 o 4 días nos reunimos otra vez, de 50.000 pasaron a 65.000 dólares y les dije lo mismo, que no me iba.

Termina la Liguilla, me hacen ir hasta Punta del Este para tratar de convencerme y cerrar el contrato junto con Don Miguel Restuccia, que era el presidente de Nacional. Por eso siempre digo, Don Miguel un fenómeno.  -Lo de Nacional- me dice -está arreglado. Yo no puedo hacer nada y tampoco puedo obligarte, salgamos a caminar y vemos, que la solución la vamos a encontrar.

El empresario aumentó a 85.000 dólares, yo sigo en la misma tesitura, otra vez vuelve con otra oferta, y al final me dice -Yo gano 10.000 dólares en esta transacción, te doy 5.000 de mi ganancia y cerramos en 90.00.

Yo le decía -No, sigo en 130.000- Por dentro te digo la justa, temblaba, era brava la mano, mira que 90.000 dólares en esa época era mucho dinero para lo que ganábamos nosotros, imagínate, te movía el piso, pero yo estaba en esa posición tranquilo.

 

Se calentó el empresario, me dijo de todo, y yo que soy de pocas pulgas le salte,

– ¡Pará, pará! El que me tengo que amargar soy yo, que dejo de ganar todo eso, aparte no me faltes el respeto- le dije

Se cortó el diálogo, y ahí Don Miguel me dice que era mucha plata, que Nacional no lo iba a ganar en muchos años, que lo pensara.

-Bueno, sí- le contesté – Estoy bien en Nacional, cómodo, vendrán otras ofertas- y me fui. Como que yo también desistí, es más difícil vivir esos momentos que contarlos, mira que pasé varias noches de insomnio.

Pasó un tiempo y se mete el que movía los hilos que era el empresario jefe por así decirlo, Sr. Samuel Ratinoff, era el que le hacia las giras al Club Santos de “Pele”, me llama por teléfono y me dice que viaja a Montevideo, especialmente a cerrar el contrato directamente conmigo.

Nos encontramos en el bar Expresso de Pocitos, yo lo conocía de nombre, era famoso, nos sentamos, café de por medio y me dice -¡Pero qué cosa! Está difícil la situación, pero tenemos que arreglar ya que los clubes habían solucionado entre ellos.-

Yo vi que esto estaba en términos más profesionales y serios y le digo –Bueno, de los  130.000 vamos a repartir, bajo a 115.000.

Me contestó que no insista más -Ese es todo el dinero que ofrecen. ¡No hay más! Lo máximo que hay son 100.000.

Bueno -le digo- Yo de los 130 baje a 115 y esto es lo último. Acá me planto.

107.500- Me responde

¡Bueno, está bien! Esto no puede dilatarse más, cerramos en esa cifra.

Viene el presidente de River Plate, Sr. Aragón Cabrera a la oficina de UTE, donde Don Miguel Restuccia trabajaba junto con el contador Sr. Di Carlo. Cuando vamos a firmar el Pte. Aragón me dice -Lo felicito Carrasco, ya es jugador de River Plate,  130.000 dólares es mucho dinero, me imagino que tendrá quien lo asesore.

Y cuando me dice eso, miro al empresario de reojo, recuerdo bien su nombre, no vale la pena mencionarlo, no era Ratinoff (si me aprietas un poco lo digo jaja), no dije nada y firmé.

Pasamos a otra oficina, nos dimos la mano, el Presidente Aragón Cabrera me dijo – Bueno, lo esperamos pronto, ya que hay que comenzar la pretemporada en Mar del Plata.

Cuando entramos, vi que estaba todo el dinero, los 130.000 dólares que me correspondían, lo que yo había pedido, estábamos los tres y les digo -¿Así que no había más plata? Sabes que tendría que hacer acá, quedarme con todo como corresponde, pero como soy de palabra y había cerrado en usd 107.500, me voy a quedar con usd 110.000.

El empresario me dice -¡No podes hacer eso!

Le respondo -¿Que no puedo? a los usd 2.500 se lo voy a regalar a mi viejo, algo voy hacer. Don Miguel dice -Yo no me meto, Nacional ya está por fuera de la negociación.

Y cerré por usd  110.000.

Pero esta novela no termina acá, esto te lo digo yo, no te lo va a decir el “Polilla”, yo lo quiero mucho, él también me quiere, después fue aquella triste vivencia de Don Miguel Restuccia.

Como él había cerrado por  45.000 y después se enteró de lo que yo agarré ¡se volvió loco! No tanto él sino su entorno.

Entonces le hicieron una demanda a Restuccia, que se había quedado con dinero. Don Miguel no se quedó con ningún peso, fíjate que si a mí me correspondían  130.000 a él más o menos unos 90.000 u 80.000 dólares, no sé exactamente la cifra, pero al “Polilla” nadie le puso un revolver en el pecho, él firmó por lo que le dijo el empresario. Don Miguel estuvo detenido, nunca se le comprobó nada.

– ¡Juan! ¿Puedo escribir eso? – Le pregunto.

– ¡Pero Hebert! no hay nada que ocultar, ¿sabes lo que pudo haber habido? es que yo agarre mucha plata, y te lo digo off de record y crudo, que se entienda bien, a mí me dolió muchísimo lo que pasó. Después se puede pintar la demanda de cualquier color. Yo me acuerdo y vos sabes que jugamos juntos en esa época en Nacional, que no teníamos plata y Don Miguel sacaba de su bolsillo, en moneda actual serían unos 300 o 500 pesos, para que podamos comer o tomar el ómnibus para entrenar, gestos de ese tipo habían pocos. Después se comprobó que no se quedó con nada, al revés, él perdió plata estando en la presidencia del club.

-En esta historia- le digo -también estoy envuelto. Yo vine de Brasil por las vacaciones y llegó a mi casa una citación del juzgado para presentarme a declarar por este tema. Les dije lo que había pasado, también “renuncié” al porcentaje, justo estaba comprando un apartamento, y me servía pagarlo al contado con la plata que me daban en la mano. Lógicamente tuve que aceptar lo que me daban, fui un “gil” porque siempre estaba que lo que iba a ganar en Brasil en Uruguay ni loco se le acercaba y te van cercando para cerrar el pase. Éramos también muy jóvenes, quizás nos faltó un representante.

-Yo no renuncié a nada- me dice Juan Ramón – les dije quiero esa plata y punto, no me moví hasta que se cumpliera mi aspiración.

Capaz que pasó eso -me dice- porque hay muchos jugadores que “renuncian al porcentaje” y después que ven lo que otro arregla, yendo al mismo club, recapacitan y quieren volver hacia atrás lo que cerraron en su momento.

Igual Don Miguel Restuccia no se merecía eso. Ya que salió este tema y lo estás sacando a luz de nuestros recuerdos, es simplemente mi pequeño homenaje a quien fue un gran dirigente y padre a la vez.

Pensando en silencio lo que me contaba Juan, y por lo que yo había firmado,

¡¡¡ME QUIEROOO MATARRRRRR!!!

-¿Te cuento otra? Me dice Juan

Ya sin pausa sigue su alocución, haciendo no solo una retrospectiva de su carrera, sino y en la cual me sumo, de errores y aciertos que todos cometemos y la vida nos enseña, pero acá no hay segundos tiempos.

-Las cosas que me pasaron en mi carrera, en ese momento, si las volvería a hacer ahora te diría que no, pero la convicción y la seguridad que estaba haciendo las cosas bien, aunque “medio loco”, pero es así como te la voy a contar

-Estaba jugando en River Plate de Argentina, en un momento deportivo sublime te diría, pero a su vez la camiseta número 10, indiscutido para Labruna (D.T.) era el “Beto” Alonso, ídolo histórico del Club. Fíjate que fuimos Campeones del Torneo “Metropolitano” y del Campeonato “Nacional, por el año 1979, con un protagonismo de Ramón Díaz y el mío, impresionante, cuando estábamos perdiendo o empatando entrábamos, y era gol mío o habilitaba a Ramón Díaz, también  vice versa, éramos los goleadores de River por encima de Leopoldo Jacinto Luque y del “Beto” Alonso, un equipo plagado de estrellas.

-Recuerdo ese River -le digo y se lo nombro  (1) Fillol, (4) Saporiti, (2) Pavoni o Leonardi, (6) Passarella, (6) Héctor López, (5) “Mostaza” Merlo, (8) J.J. López, (9) Leopoldo Luque, (10) “Beto” Alonso, (7) Pedro González y (11) Ortiz. El “Polilla” De Los Santos, era el comodín, porque jugaba en cualquier puesto.

-Si – me responde Juan – yo le decía que jugara de número 2, que él se los comía a ambos, fíjate que ambos zagueros que nombraste, jugaban 3 partidos cada uno, no había un titular indiscutido.

En esos momentos la tribuna de River tenía un romance muy grande conmigo, cuando me llevaron lógicamente pagué el derecho de piso, como todos lo hacemos al llegar a nuevos equipos.

Jugaba cuando me ponían, no hice ningún lío, en fin, NO ERA Carrasco JAJAJAJA.

Llegó el próximo campeonato, había jugado el Metropolitano bien, entraba de 15 o 30 minutos, y llegó el torneo Nacional, me preguntaba -“¿qué tengo que hacer para ser titular?”

Hice una pretemporada estupenda y me preparé para jugar.-Si no quería que el DT me agarrara como cábala, si las cosas no andan bien, llamo a fulano o sultano y no quería eso para mí.

Aparte la plata que pagaron por mí, y yo quería jugar, para eso me trajeron, entonces pensé que sino hacia algo iba a seguir así, sin cambios.

Pensé “me voy hace respetar” y fui hablar con el  Técnico Angel Labruna después de un entrenamiento, un jueves o viernes no recuerdo.

-Tengo que hablar con usted

-Sí – me responde -¿Qué es lo que quiere hablar?-

-¡Vengo a proponerle algo!

-Por supuesto, dígame…

– ¿Me va a concentrar? -Le pregunto.

-Me responde Labruna – ¡Si lógicamente!

-Bueno  le propongo que si me concentra, yo voy a jugar de 15′ para arriba, que me dé usted su palabra.

-No, no – me dice -yo no tengo que prometerle a usted nada ni 15′ o los minutos que sean, yo soy el Entrenador, de usted y de los demás muchachos…

-Bueno está bien- le digo- entonces sáqueme de la concentración.

-No. no- usted tiene que concentrar,

-Yo no voy a concentrar, yo me concentro  si usted me promete que a voy a jugar 15’ o mas…

-Sino no concentro…

– Pero usted es un jugador profesional tiene que concentrar…

-No – le explico, si quiere lo hablamos con la directiva, no tengo problema,  el tema es que voy a estar incomodo, malhumorado, y no sirvo para esta en un banco de suplentes  y tampoco le sirvo al equipo, porque si me toca entrar no voy a rendir lo que se espera de mi. Es preferible que concentre a otro, ya que pagan muy buenos premios, y juegue o no juegue va a cobrar.

-Como vio que yo estaba muy  decidido, dijo:

-¡¡ Está bien!! Yo lo concentro y hacemos así como usted dice…

Nos dimos la mano, está bien Vamo’ Arriba…

Nos toca  jugar en Córdoba, ese partido no me puso ni 1’, tranquilo Juan Ramón, pensé…

Viene el próximo juego en el estadio Amalfitani,  la cancha de Vélez Sarfield, contra ese equipo nos tocaba jugar, yo interiormente me puse como límite, el acuerdo pactado con el Técnico esa fecha del campeonato.

Estábamos empatados en 0  y le pregunto a Talamonti que era ayudante del Técnico.

-¿Cuántos minutos faltan?- lo hago por gusto y fuerte para que Labruna escuchara.

-Faltan 20’-

-Ok – Avísame cuando falten 15’.

Le vuelvo a preguntar lo mismo.

Me responde -faltan 13’-

-¿No te dije que me avisaras cuando falten 15?- Ya levantándome, y  empieza la tribuna -¡¡Uruguayo!! ¡¡ Uruguayo!! ¡¡ Uruguayo!! –  pensando que era el cambio.

Y yo seguí para el vestuario, de repente siento “gooollll”.

Me estaba bañando y termina el partido 1 a 0, ¡¡las puteadas que se llevo el Técnico!! En los diarios titulaban “¡¡Perdió River!! Labruna es resistido por la hinchada,  porque no puso al uruguayo.”

El martes vuelvo al entrenamiento, tranquilo y viene Filloil, J.J. López y el “Mostaza” Merlo.

Me dicen – Queremos hablar contigo Juan, porque cuando te fuiste del campo el domingo, nos tiraste a la gente encima, lo putearon todo a Ángel.

-La verdad. Tirarle la gente encima es lo que menos quería

– Está bien, entonces ¿por qué te fuiste??

– Porque había hecho un pacto con Labruna y él no cumplió…

-¿Qué pacto?- Me preguntan

Les comento todo lo que habíamos acordado.

– Si tienen alguna duda, hablen con él

-Ok, ta, ta, sinceramente no sabíamos nada de ese pacto – Me dicen y se marchan

-Cero stress.-  Los próximos partidos ya no concentré.

Los dirigentes hacen una reunión para limar asperezas, yo empiezo a jugar y andar bien, ya jugaba los segundos tiempos y partidos de titular. Termina el campeonato, nos volvemos a reunir con la directiva y nos dicen que quieren que no haya rispideces entre nosotros, que ven un gran futuro en mí, que el “Beto” Alonso era mayor.

Labruna responde – está todo bien, Juan tiene su carácter pero esta todo OK.

Salió todo bien la reunión, pero no salí convencido del todo, no iba a poner a Alonso en el banco, era el mimoso de él, ídolo de River, en una palabra era más de lo mismo.

Después de pensarlo bien, para no quedar como conflictivo, con problemas o indisciplinado, les dije que me vendieran, ellos no querían, pero si no lo hacían me volvía a Uruguay.

Así que vieron que no había otro camino, me vendieron a Racing Club de Avellaneda.

Le digo a Juan que ahora cierro ese capítulo, escuchando la otra historia, porque cuando te vi irte del campo de juego en pleno partido, no entendía nada de lo que habías hecho.

Le sigo preguntando -Juan algo me quedó en el tintero, conociendo las internas de casi todos los clubes, y un plantel como tenía River en esa época, y también conociéndote a vos, ¿nunca tuviste alguna diferencia? por decirlo diplomáticamente, ¿una pelea como la nuestra?

-Sabes lo que pasó, ellos me vieron pelear un par de veces.

-¿Cómo que te vieron pelear? – Le pregunto, acá le saco otra anécdota, me río, está jugoso el dialogo. – Soy todo oídos. Contame ¡¡No puedo creer no soy el protagonista!!

Haciendo la pretemporada en Mar del Plata con River Plate, tuve un problema en una discoteca, estábamos todos juntos, nos habían dado libre y fuimos a distendernos un poco, hasta la 01:00 a.m. o 02:00 a.m. teníamos libre. De repente viene un jugador de San Lorenzo, creo que para ellos era cinturón negro, yo estaba sentado tomando un americano Gancia con Viter,  (jajá que antiguo, pienso) veo un gesto que le hace el jugador mencionado a los compañeros míos, me pega, y tira el vaso que tenía en mi mano, me manchó toda la remera,  recuerdo hasta el color, era verde agua y una bermuda blanca, y digo -¡¡concha de la madre!! – pero por lo sucedido, que pensaba fue sin querer.

Se da vuelta y me dice – ¿Qué te pasa uruguayo?

-No, nada dije la “concha de la madre” por la remera. – Y me tapo ¡viste!, una cortita. Me comí terrible garrón.

Así como me pegó, se la devuelvo y lo saque por un ventanal, lo zumbe con todo, se partió en dos el ventanal y volaban vidrios por todos lados.

-¡¡Mira!! La discoteca se llamaba “Juan de los Palotes”, tremenda disco

La tome de volea y le digo -Ah Juan, entonces seria buen “APODO”  para vos en ese momento. Jajá –

Se lo llevaron sus “amigos”, viene el dueño y me dice – ¡¡tranquilo uruguayo, tranquilo!! No pasa nada, yo vi a este desubicado – yo me quede ahí, esperando, no sabía qué hacer.

A todo esto vienen “2 o 3 amigos” del que me golpeo.

– ¡¡Bo uruguayo!! Le pegaste mal a mi amigo.

– ¿Que le pegue mal?  ¿Me comí flor de trompada y aun no sé por qué?

-¡¡No, no, si sos guapo peléalo mano a mano afuera!!

– Si qué problema hay – Salí y veo que lo habían llevado para el estacionamiento, estaba tomándose la cara, la verdad lo había matado. El muchacho no quería nada, estaba apoyándose del capote de un coche, lo llaman y le dicen – vení que te pelee mano a mano acá –

No quería nada, pero la manija de sus “amigos” fue más fuerte y tuvo que venir a pelear, yo me daba cuenta que no quería nada ¡viste!

Vino, se puso en pose de pelea por obligación, dos golpes (pin pin) y se acabó todo.

A nosotros los uruguayos, a “Polilla” y a mí nos jugó en contra la prensa que decía que River había venido a buscar huevos a Uruguay, al equipo le dicen “Gallina” y la “garra” uruguaya, en fin, todo junto fue perjudicial para nosotros.

– Nada que ver, nosotros no fuimos de matones, ni de nada que se le parezca.

-Pero esto venía de atrás – sigue diciendo Juan.

Estábamos jugando por la Copa Libertadores, contra Sporting Cristal, yo venía bien, haciendo goles, y en una jugada el golero me tapo un mano a mano, otra jugada había pegado en el palo, estaba siendo el mejor de River.

Cuando me tapa la jugada mencionada anteriormente, quise hacer un lujo, o no tenía otra opción, no recuerdo bien, se la quise pinchar y me la tapó, enseguida voy a tirar el tiro de esquina ¿quién estaba por entrar en la mitad de la cancha? Leopoldo Jacinto Luque.

¿Quién salía? ¡¡Juan Ramón!!, vi el número en el letrero de los cambios, entonces tiré el corner para la tribuna de caliente, y la gente reacciono alentándome, gritaban – ¡¡uruguayo!!  ¡¡Uruguayo!! – En el estadio Monumental, imagínate.

Pasé por el banco de los suplentes y miraba a Labruna, con bronca y él se puso a dialogar con su ayudante, haciéndose el boludo.

Decía -¡¡Lo que me calentó es que estaba jugando bien!!

Durante el partido, cada pelota que tocaba Jacinto Luque la hinchada lo silbaba, porque había entrado por mí. Entonces Luque declara en un diario que “¡¡este uruguayo no tiene códigos!!”

Yo estaba en Montevideo, el martes cuando regreso a entrenar me cuentan lo dicho por él.

Lo llamo a Luque y le pregunto – ¿Qué dijiste de mí después del partido? –

Me responde -No, no, yo no dije eso que decís ¡¡No, eso lo puso la prensa!! –

-Yo lo que dije es que no tengo la culpa, ¿por qué la gente se la agarró conmigo?

-Y si, pero los cambios ¿lo haces vos o el entrenador?

-¡El entrenador! – me responde Luque.

-¡¡Ta bien!! Podes saltar si vos dictaminas los cambios

-Por eso. En todo caso yo me voy caliente con el entrenador, no contigo.

-No, ya sé que es así – dice Luque – ¡¡Más bien!! Te repito, la prensa fue que dijo, lo único que comenté es que yo no tenía la culpa y no entendía porque se la agarraron conmigo.

-Entonces, ta. No pasó nada.

Ahí decía Luque -¡Pero qué boludo!! Yo me quería agarrar con este uruguayo –  jajaja, Daniel  Passarella decía – ¡¡mira si te agarraba!! ¡¡TE MATABA!! –

Seguimos buscando más recuerdos, salen solos, ni pregunto.

Juan me dice – ah me acuerdo de otro, es para hacer un libro. –

Comienza otro momento de su trayectoria, seguimos en la vecina orilla, siempre con los argentinos nosotros los uruguayos tenemos mucho en común, hasta las sospechas.

Me dice Juan – vos sos de mi generación, te acordás que los números eran, el  centro half (5)- entre ala derecho ( 8) – entre ala izquierdo ( 10)-  puntero derecho (7)- centro delantero ( 9) y el  puntero izquierdo ( 11),  así formaban los volantes y los atacantes ,  con sus respectivos números en la camiseta. En River en ese entonces  estaba el famoso tema de la camiseta nº 10.

– ¿Qué pasaba? – pregunto.

Como andaba tan bién yo, el “Beto” Alonso inventó una lesión, que con tanto tiempo lesionado se puede decir que había caducado, ya no había más excusas, y como todos los jugadores después de mejorarte volvés pero al banco, normal es el proceso para tener el ritmo del juego, empezar de a poco.

La prensa decía “por primera vez Alonso va al banco” ¡¡imagínate!! Yo tenía la espada de Damocles, la primera jugada que hiciera mal, era cambio cantado.

Durante el encuentro pierdo una pelota en el segundo tiempo, era la excusa para sacarme, así fue, veo calentando al “Beto” Alonso y me arrimo hasta el banco de suplentes y lo miro al D.T. Labruna, digo – ¿Estabas esperando que hiciera algo mal, no? –

Se hizo el boludo, aparte se prestaba.  No era un tipo de personalidad, imagínate el ambiente, ¡¡que nenes había en el plantel!! Daniel Passarella, “Beto” Alonso, J.J. López, “Mostaza” Merlo, lo agarraban para la joda, pero bien, entre ellos había mucha química.

¡¡Dale Ángel, anda, déjate de embromar, la charla la hago yo!! Bromas en el buen sentido, pero igual, hacían lo que querían.

-Era un equipo ganador – le digo.

-¡¡Puufff!! Ganamos todo

River 1979. Arriba: Passarella, Merlo, Comelles, Leonardi, H, López y Fillol. Abajo: González, Carrasco, J.J. López, Luque y Comisso.

¡¡Que lo pario, “bo”!! Ya saliendo del partido pierdo una sola pelota y ya sabes que, seguía hablando fuerte para que me escuchara,  seguí rumbo al vestuario recaliente. ¡Pero igual yo había andado bien!  Al otro partido, mirá lo que hace. ¡¡Escucha bien Hebert!! Da la formación del equipo, te la repito: Filloil- Saporiti- Pavoni- Passarella-Héctor López, Comiso, Merlo, (de número 8- Carrasco), Pedro Gonzales, Alonso y Ortiz, había sacado a Leopoldo Jacinto Luque.

Termina de dar la formación pero Carrasco juega con el número 8, levanto la mano y pregunto – ¿Perdón, de que voy a jugar yo?

-Usted va jugar como lo viene haciendo – Me dice Labruna.

-¿De volante ofensivo? – sigo preguntando – O escuche mal yo, ¿con qué número voy a jugar?

-Con el número 8 – me dice el DT.

-¿Y por qué voy a jugar con el 8?

-¿Pero ya tiene problemas? ¡Cuando juega porque juega! ¡Cuando no juega porque no juega! Ahora juega y tiene problemas con el número – Me responde todo enojado Ángel Labruna.

-Yo no tengo problemas con el número, pero si voy a jugar de volante como lo vengo haciendo, lo que no me cierra es por qué me quiere cambiar el número.  Vengo jugando con el número  10 voy a seguir jugando de volante, la pregunta es ¿por qué voy a jugar con el número 8?-

Ahí el “Beto” Alonso dice -Ángel, no hay problema yo juego con cualquier número.

-Bueno, pero qué cosa con usted Carrasco – Dice Labruna.

Ahora ¿qué pasaba? En ese tiempo, el jugador insustituible era J.J. López que no salía nunca del partido, era el líder. Por encima de Daniel Passarella, de Merlo, de Alonso y Fillol.

Todo pasaba por J.J. López, las charlas del partido, hablaba 10’ Labruna  y una hora el “Negro” J.J.

¿Qué quería hacer Labruna? una “trampa”, como yo estaba jugando  con la camiseta nº 10, él me daba la camiseta nº 8, el “Beto” agarraba el nº 10 y en el próximo partido, en el Monumental, ¿quién volvía? J.J López ¿qué número salía? El nº 8, ¿quién salía? Juan Ramón Carrasco, entonces no salía el puesto, salía el número. Yo la vi venir y me adelanté, me querían hacer esa jugada.

De ese pequeño mal entendido, sale en la revista deportiva “El Gráfico”, ¡¡Carrasco se puso el nº 10 de “pesado”!!

Claro al ser extranjero, no se sabe este tipo de cosas. Que es lo que se filtraba, como que yo era el “El guapo del 900”.

Nunca dije, dame el nº 10 que soy el dueño, ni de pesado.

Eso fue así, toda una telenovela.

 

¡¡¡ESTA ES LA HISTORIA DE JUAN!!!


SEMIFINAL - FINAL

1 - 2
Estadio Centenario
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