La esperanza se confirmó…

10 de octubre de 2017

Edinson Cavani, con los puños apretados y la boca llena de gol, en la celebración del segundo tanto uruguayo.

Escribe Atilio Garrido

La esperanza nacida en el estadio polideportivo de San Cristóbal el jueves 5 de octubre de 2017 no se detuvo cinco días después. La decisión del entrenador Tabárez de abandonar el gradualismo del recambio generacional, aplicando una tesitura de shock en la composición del equipo que salió al campo para enfrentar a Bolivia, conllevaba sus riesgos. La historia de nuestro fútbol así lo indica. Varios son los ejemplos. Vale una anécdota.

En diciembre de 1956 Nacional se consagró campeón uruguayo. En la reserva el equipo albo tenía una delantera que convocaba multitudes que madrugaba en el cemento para verla actuar. La integraban Héctor Núñez, Raúl Núñez, Acosta y Héctor Rodríguez. Cuatro juveniles que jugaban de maravilla. Para festejar el título Nacional armó un partido amistoso ante Independiente. La verdad histórica –que me confesó Walter Taibo, golero del Nacional campeón- indica que el técnico Ondino Viera le dijo algo duro de aceptar: “vamos a poner a estos botijas así se queman y se terminan los hinchas que piden que jueguen en primera”. Nacional goleó a Independiente de Avellaneda 6 a 1. ¿Y? Imposible quitarlos del equipo en la temporada 1957 a pesar que Ondino se las ingenió para ir mechándolos junto a los veteranos. Que no eran otros que Julio Pérez, nada menos…

El ingreso de los que hemos denominado “pichones celestes” llevó a que Tabárez modificara su esquema táctico. Pasó a cuatro zagueros, tres volantes (Valverde por derecha, Vecino en el centro y Bentancur a la izquierda), un “enganche” (De Arrascaeta) y la dupla atacante (Suárez y Cavani).

Desde que se puso en juego la pelota Uruguay fue otro. Muy parecido al tramo final del partido ante Venezuela cuando el entrenador celeste los juntó durante un breve lapso, quedando un positivo sabor de boca en esa ocasión.

Con la pelota a ras del suelo y jugándola “cortita y al pie” se generó un circuito futbolístico de buen nivel. Suárez y Cavani se estacionaron en ataque con la tranquilidad de que la pelota “le llegaba redondita”, como dicen los jugadores en su jerga, cuando el fútbol surge químicamente puro.

Ese nuevo estilo de fútbol no sólo tuvo el sello de las buenas acciones, sino también de las continuas llegadas al arco rival con chance reales de convertir. A nadie hubiera extrañado que al llegar la media hora Uruguay estuviera adelante por tres o cuatro goles.

El tanto en contra recibido no melló el nuevo espíritu. Se mantuvo la serenidad y de esa forma, prontamente se cambiaron los papeles restableciéndose rápidamente la justicia en el marcador. Uruguay finalizó ganando la etapa, inclusive por menos amplitud del que merecía.

Continuaba el segundo tiempo con la misma tesitura cuando Tabárez, en decisión difícil de entender, pegó un golpe de timón retornando al pasado. Los ingresos de Lodeiro, Pereira y Cristian Rodríguez, restablecieron el viejo esquema. Y aunque Rodríguez cumplió con acierto su función sumando su aporte al circuito de fútbol que se había construido, la salida de Valverde y De Arrascaeta, no pudo ser suplida.

¿Qué ocurrirá en el futuro? Menuda tarea tendrá Tabárez para adoptar decisiones. ¿Mirará el pasado y como Ondino Viera en 1957 pretenderá mixturar las dos corrientes? ¿O acelerará la tesitura del shock para impulsar sus decisiones hacia la construcción de un equipo más moderno, con cambio táctico pasando al 4-3-1-2, retornando al “enganche”? ¿Cuál será el camino a transitar? De lo que no hay duda es que con la esperanza nacida en San Cristóbal al incluir a todos los pichones celestes, se libera a Suárez y Cavani para que sus rendimientos se parezcan o tenga similitudes, con las presentaciones que semanalmente brindar en el Barcelona y el París Saint Germain.

Palabras finales para reconocer y destacar el mérito del plantel y el cuerpo técnico de Uruguay que lograron la clasificación para la Copa del Mundo de Rusia 2018 con comodidad. A lo largo de dos años de partidos el equipo de Tabárez logró mantener una línea de rendimiento bastante parejo. Sólo al final pareció resentirse, pero este tipo de competencia premia al que se mantiene sin picos en su producción. El ejemplo lo tenemos en Ecuador. Ganó los cinco partidos iniciales de corrido y parecía que su lugar en Rusia 2018 estaba seguro. ¿Y…?

El festejo final de los jugadores y colaboradores en la cancha. Uruguay al mundial.