Se murió Abbadie. En Peñarol quedó en la historia

17 de julio de 2014
Autor: Tenfield Com

Aproximadamente a las 20.00 horas de hoy, miércoles 16 de julio de 2014, dejó de existir Julio César Abbadie. El famoso “Pardo” de los años dorados, quién venía sobrellevando una difícil enfermedad, vio quebrantado su estado por otra dolencia que trajo aparejado su deceso. La información me fue suministrada por Juan Lema Benzo, quién mantenía con Abbadie una intensa amistad surgida en los tiempos en que aquel desempeñó un cargo en el Consejo Directivo de Peñarol, luego de ser candidato a la Presidencia del club.

Dolor y congoja en la despedida de Julio César "El Pardo" Abbadie

Dolor y congoja en la despedida de Julio César “El Pardo” Abbadie

EL PADRE ERA “MAESTRO DE PALA” DE CATEGORÍA

Abaddie nació en San Ramón, Departamento de Canelones, el 7 de setiembre de 1930. Próximo a cumplir 84 años, deportivamente sus comienzos fueron en Pan de Azúcar, Departamento de Maldonado, ya que sus padres se trasladaron a vivir a esa ciudad siendo él un niño. ¿El motivo de tan brusco cambio de pueblo en un tiempo donde las comunicaciones de todo tipo eran incipientes? El motivo es el de siempre, en hogares de aquella clase baja uruguaya que se caracterizaba por el trabajo, la búsqueda de mejor destino, convencida de que con el esfuerzo personal y la superación en el cumplimiento de sus deberes y obligaciones se lograba ascender y crecer social y humanamente. El padre era “Maestro de Pala”, pomposo título que tenían aquellos artesanos que trabajaban en las “cuadras” de las panaderías, en épocas cuando no existía el “pan pre cocido congelado” que se compra en el supermercado cocinado con energía eléctrica. Aquel pan de entonces, artesanalmente se amasaba en las “cuadras” y se cocinaba en gigantes hornos de leña que le adosaban al producto un gustito y un olor inconfundible y, a la vez, único.

A los 10 años la familia Abbadie se radicó en Pan de Azúcar porque el padre, el jefe del hogar, recibió una mejor oferta laboral. Y allí marcharon, la madre y los dos gurises. Rubén, un año mayor que Julio César. En Pan de Azúcar continuaron la escuela pública y luego, cuando llegó la hora del liceo, viajaban todos los días hasta San Carlos, aquellos desvencijados ómnibus que cubrían el trayecto por una estrecha carretera.

LOS DOS HERMANOS ABBADIE SE PRUEBAN EN NACIONAL

Los dos botijas Abbadie jugaban a la pelota de lo lindo. Eran la atracción del pueblo. Afirman que Rubén jugaba mejor que Julio César. Los dos actuaban de entrealas derechos. Hasta que un día aquellos cónsules que tenían los clubes “grandes” en todo el país -fanáticos del club que llamaban por teléfono a un dirigente en Montevideo anunciando el descubrimiento de un tesoro futbolístico-, le pasó al dato a Nacional que “Rubén Abbadie es un diamante en bruto”. Así llegó Rubén a los “albos” como se decía entonces. Y la continuación de la historia surge de las declaraciones que en su momento realizó “El Pardo” en nota que conservo:

-“Los dos éramos hinchas fanáticos de Peñarol -comentaba-. Los dos habíamos nacido para jugar al fútbol. Porque el jugador nace. No se hace. Nace con esas condiciones naturales y particulares para jugar. Después se perfecciona, se pule, se mejora. Yo jugaba desde los seis años en todos lados. A todo hora. Mi hermano también. Cuando él tenía 17 años un amigo de la familia en Pan de Azúcar, que tenía contactos con Nacional, lo lleva a practicar al Parque Central. Lo probaron, gustó y le dijeron que volviera a la semana siguiente. Entonces Ruben les dice: ‘mi hermano menor juega muy bien, igual que yo’. Y le dijeron que me llevara. Así fue que en la próxima práctica los dos jugamos en el Parque Central. Se ve que yo no gusté, porque ficharon a mi hermano y a mi no. Ruben se quedó varios años e incluso llegó a jugar en el primero de Nacional”.

Como siempre ocurre, aquella realidad de “pueblo chico, infierno grande”, es una realidad de los cientos de villas y pueblitos de nuestro país donde -aún hoy en el Uruguay profundo-, todos los habitantes de esos pequeños poblados conocen vida y milagros de todos sus vecinos. “El Pardo” proseguía así la historia:

-“El dueño de uno de los boliches de Pan de Azúcar en aquel tiempo, era Edmundo Núñez. No sólo era fanático de Peñarol como nosotros. Era un enfermo por Peñarol. Cuando se enteró que fuimos a practicar a Nacional y que Ruben quedó fichado, se enloqueció. Movió cielo y tierra. Habló con sus amigos en el club y un día me dice: ‘mañana vas a practicar en Peñarol. Aprontate’. Él mismo me trajo en la Onda. Llegamos, fuimos a Las Acacias y practiqué con el primer equipo. Gusté y esa misma tarde, después de practicar, me llevaron con Edmundo a la sede de la calle Maldonado y me ficharon por Peñarol”.

La historia que narraba Julio César Abbadie se ubica en 1949, a la salida de la famosa huelga de la Mutual que abarcó desde octubre de 1948 a mayo de 1949. “El Pardo” -como se le apodó siempre por el color de su tez-, se incorporó a la 3a. división especial, donde convivían los jóvenes que estaban más próximos a incorporarse al plantel de primera y reserva, que se consideraban uno sólo.

EL MISMO DÍA Y A LA MISMA HORA ABBADIE DEBUTA EN PEÑAROL Y GHIGGIA CON LA CELESTE

Delantero técnico, virtuoso y pulido, sobresalió rápidamente en distintos puestos del ataque, actuando principalmente de entreala derecho. A pesar que su debut se produce como centrodelantero en lugar de Oscar Omar Míguez. ¿Cómo ocurrió?

En mayo de 1950 Uruguay viajó a Río de Janeiro para disputar las eliminatorias para la Copa del Mundo que dos meses después se llevarían a cabo en Brasil. Por determinación de la CBD y la FIFA, que organizaban el mundial, los celeste debían enfrentar a Perú y Paraguay en un triangular a dos ruedas en Río, para clasificar a dos de los tres países. El equipo que viajó sin Director Técnico y en medio del caos, se formó sobre la base del espectacular Peñarol de 1949, apodado “La Máquina”. Se llevaron toda la delantera y un suplente de la misma: Ghiggia, Britos, Míguez, Schiaffino y Vidal. El único que no pudo vestir la celeste fue el argentino Juan Eduardo Hohberg. Cuando los guaraníes y charrúas llegan a Río se enteran que Perú se negó a viajar por lo que, sin jugar, Uruguay quedó clasificado para disputar la Copa del Mundo. Aprovechando la presencia de ambos equipos en Río, la CBD organiza una actividad que será la única que llevó a cabo previa al mundial. Se enfrentaron primero entre ellos por la Copa rigadier Tromwoski, Uruguay y Paraguay y, luego, la Selección B de Brasil enfrentó a Paraguay por la Copa Osvaldo Cruz y la Selección A, jugó ante Uruguay la tradicional entonces, Copa Barón de Río Branco. El 6 de mayo de 1950, en el Estadio de Pacaembú, Uruguay venció a Brasil 4 a 3, exactamenete 73 días antes de la final del 16 de julio. En Uruguay, ese día, debutó Alcides Edgardo Ghiggia con la celeste en el pecho.

En Montevideo y luciendo la camiseta de Peñarol se produjo ese mismo día y a la misma hora -en la tarde-, el debut de Julio César Abbadie. ¿Cómo ocurrió? Tiempos sin televisión, el partido que se disputó en San Pablo sólo pudo ser “escuchado” por la radio. Y en las casas de cada oyente porque no existían las radios a pila. A la misma hora que en Pacaembú, Uruguay le ganaba a Brasil, en el Estadio Centenario, con 15.000 personas en las Tribunas, Peñarol venció a Cerro 3:0 por  la disputa del Campeonato Competencia. La delantera de Peñarol formó ante Cerro con Cabrera, Hohberg, Abbadie, Medina y Pereira. “El Pardo” convirtió el segundo gol a los 11 minutos. Y una curiosidad. En Cerro actuó de puntero izquierdo Ruben Morán, quién 73 días después entrará en la historia del “Maracanazo” como titular en la punta izquierda. Morán, de la misma edad que Abbadie, debutó en Cerro en la Copa Uruguaya de 1949.

“EL PARDO” ABBADIE CON LA CELESTE: PRIMERA ETAPA

Julio César Abbadie tuvo su primera actividad en Peñarol durante seis años, con singular éxito, consagrándose tres veces Campeón Uruguayo entre 1951 y 1954.

Con la Selección Uruguaya debutó en el Panamericano de Chile, en 1952. Tuvo su gran momento en la Copa del Mundo de Suiza, de 1954, donde Abbadie descolló en los tres primeros partidos que Uruguay ganó de corrido. En el primero ante Checoslovaquia 2:0 con goles de Míguez y Schiaffino. El segundo ante Escocia vencida con un contundente 7:0 donde “El Pardo” fue el autor de  dos goles uruguayos. En el tercer encuentro, ya en octavos de final,  ante Inglaterra, Abbadie sufrió una lesión que le impidió jugar en la semifinal ante Hungría. Aún hoy se afirma que con él en la punta derecha -lo sustituyó Souto- el resultado pudo ser otro. El mismo Abbadie declaró en la nota ya citada: “El equipo estaba para salir Campeón del Mundo. Era perfecto su rendimiento. Contra Hungría no pude jugar porque me desgarré ante Inglaterra. Lo mismo le ocurrió a Obdulio”. Advertencia para los lectores. Si buscan la Copa del Mundo de Suiza de 1954 en Wikipedia, se encontrarán con los siguiente: Uruguay 2 Checoslovaquia 0. Goles: Hohberg a los 72′ y Schiaffino a los 81′. ¡Grave error! Hohberg no jugó en ese partido. El primer tanto lo anotó Míguez. ¡Hay las computadoras e internet! Cuando empezó la cibernética a dominar el mundo, una frase advertía de estos peligros de hoy: “si a la computadora la alimentan con basura, devuelve basura”. Es así. Cualquiera suben datos sin confirmación y ocurren estas cosas…

LA CONSAGRACIÓN EN EL GENOVA Y EL RETORNO A URUGUAY

Abbadie emigró en 1956 emigró al Génova donde fue figura de primer nivel hasta 1960. En la temporada siguiente pasó al Lecco, retornando a Peñarol en 1962, cuando a los aurinegros los dirigía el húngaro Bela Gutman. En varias práctica el el entrenador colocó a Abbadie en la posición de back izquierdo. Después de algunos ensayos, “El Pardo” vuelve a vestir la camiseta aurinegra en un partido amistoso donde “los reservistas de Peñarol” -según titula “El Diario”- vencieron a Racin en Sayago por 5 a 2. Aquellos “reservistas” vale citarlos: En el archo Radichi; atrás Braulio Roldán, William Martínez, Roberto Leopardi gran jugador primero de Nacional y después con gran pasaje por el fútbol italiano y “Pepe” Rótulo; el “Tito” Goncalvez y Carlos Fernández Carranza en el medio y adelante, el paraguayo Cabral, Abbaide, Uruguay Sosa e Iriarte. “El Pardo” esa tarde marcó dos goles. Entre 1962 y 1968 consiguió 5 títulos más de Campeón Uruguayo, además de consagrarse Campeón de la Copa Libertadores y la Intercontinental en 1966, con actuaciones memorables ante el Real Madrid de loca y visitante, con dos triunfos por idéntico tanteador: 2 a 0. Por suerte quedaron grabados en video los 90 minutos del partido revancha en el entonces llamado Estadio de Chamartín, hoy el famoso Bernabeu. El despliegue táctico de “El Pardo”, observado a través de la distancia de los tiempos, fue perfecto.

EL MUNDIAL DE 1966 EN LONDRES, LA INJUSTICIA DE ONDINO Y EL FINAL

En ese año de 1966 retornó a la selección celeste. Integró el plantel que partió para disputar la Copa del Mundo en Londres’66 con 26 jugadores. Convirtió dos goles ante Israel en Tel Aviv, luego sufrió una pequeña lesión de la cual se recuperaba durante el transcurso de la gira. Incomprensiblemente, cuando estaba recuperado y tenía condiciones de disputar el mundial, el técnico Ondino Viera lo desafectó haciéndolo retornar a Montevideo junto con Carlos Martínez, Vladas Douksas y Juan Mujica.  La resolución la recibió después de haber jugado -ya curado- ante España en La Coruña y frente a Barcelona en el Camp Nou. De ese golpe, luego de tantas ilusiones, no pudo recuperarse. Tenía 36 años. La misma edad que hoy tiene el alemán Kloose que disputó el último Mundial en Brasil.

Cuando la década del sesenta se cerraba, sin estridencias, sin partido de homenaje -¡Y vaya si lo merecía!-, un buen día resolvió que colgaba los botines. Realizó en el interior alguna experiencia como entrenador. En 1982 logró el título de Campeón del Interior con Maldonado.

Mantuvo hasta el final su prestancia y su coquetería. Una anécdota lo pinta de cuerpo entero. Varias veces junto con Juan Lema le planteamos grabar su vida para el programa “Habla la Historia” que se emitió durante tres temporadas en VTV. ¡Nunca quiso! Le argumentábamos que era su historia la quedaría grabada para siempre, para la posteridad, juntos con sus imágenes y sus recuerdos. Después de mucha insistencia, cuando realicé el lanzamiento del libro de El Veco, en diciembre de 2009, de regreso lo llevé en el auto hasta su apartamento de Malvín, frente a donde antiguamente existía el cine en la playa. Y me confesó el motivo de su pertinaz negativa:

-“No me gusta que me vean envejecido en la televisión”. Así pensaba quien a esa altura de su vida, continuaba manteniendo casi impecablemente, su misma pinta de los años mozos.

Esta noche, al conocer la noticia por una llamada que le realizó el “Gallego” González, el “Tito” Goncalvez quedó desconsolado. No lo podría creer.

-“Me tendría que haber muerto yo y no el Pardo”, respondió desde el fondo de su alma el Capitán de Capitanes. Es que el “Pardo” no tenía enemigos. Nunca los tuvo. Fue un ser humano querible, afable y simpático que pasó por la vida como lo hizo por el fútbol: deleitando a todos con la exquisitez de su personalidad y su talento.

Sus restos serán velados mañana, jueves 17 de julio,de 9 a 13 horas, en la calle Tomás Basáñez, arteria que divide al Cementerio del Buceo del Cementerio Británico.

La fotografía de Fernando Goncález registra una de sus últimas apariciones públicas. Fue hasta "Los Aromos", junto con su gran amigo "Tito" Goncalvez, siendo recibido por todo el plantel con el Tony Pacheco como anfitrión.

La fotografía de Fernando Goncález registra una de sus últimas apariciones públicas. Fue hasta “Los Aromos”, junto con su gran amigo “Tito” Goncalvez, siendo recibido por todo el plantel con el Tony Pacheco como anfitrión.

 



SEMIFINAL - FINAL

1 - 2
Estadio Centenario
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