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Torbellino de pasiones




LeBron James y el técnico David Blatt se abrazan tras un partido infartante


8 junio, 2015
Básquetbol

Por primera vez en la historia, las dos primeras finales de la NBA se definieron en alargue. Y al revés que en el primer partido, cuando Cleveland anotó tan solo dos puntos en un tiempo extra que no tuvo gracia, ayer, domingo 7, los Cavaliers se impusieron a los Warriors para empatar la serie como visitantes y sin el espectacular Kyrie Irving, marginado por varios meses por culpa de una fractura en la rótula izquierda.

LeBron James y el técnico David Blatt se abrazan tras un partido infartante

LeBron James y el técnico David Blatt, festejando después de haber sufrido largamente

El score final (95 a 93) fue un reflejo de que el ritmo que se impuso fue el que normalmente favorece a la franquicia de LeBron James, pero también de la triste noche ofensiva que cosecharon los Warriors en general y muy especialmente el genial Stephen Curry, quien terminó con cinco tiros de cancha en 23 intentos, incluyendo dos triples de quince. Solo la línea de libres, en la que es letal estando poco inspirado, y un par de halos de genialidad, el primero para convertir un triple después de haber dominado la pelota por atrás de su espalda, y el segundo para empatar el partido en tiempo regular con una bandeja hermosa y plástica, lo salvaron de ser uniformemente tétrico.

Pero el porcentaje de campo integral de Cleveland también fue amateur, puesto que los Cavaliers embocaron un 32,2% de sus tiros contra un nada exuberante 39,8% del rival. En cambio, los Cavaliers se sintieron cómodos jugando pausadamente, defendiendo y agarrando rebotes, un área en la que se impusieron claramente. Porque, así como Cleveland perdió 13 pelotas contra 18 de Golden State, el club de Ohio consiguió 55 rebotes contra 45 del de California, en cuyas filas solamente aportaron luz Klay Thompson, quien convirtió 34 puntos, y Draymond Green, quien anotó diez puntos, agarró diez rebotes, dio cuatro tapones y redondeó un extraordinario despliegue defensivo.

Extrañamente, una vez más Steve Kerr volvió a prescindir del exitoso ala-pívot David Lee, quien no entró siquiera un minuto a pesar de la baja eficacia de sus compañeros y del triste desempeño de Marreese Speights, a quien el entrenador sentó en el banco después de que inexplicablemente errara una hundida sin oposición alguna en un contraataque.

Que los Cavaliers hayan abusado de LeBron James en las últimas posesiones, que se hayan quedado sin gol y que no hayan sabido cerrar un partido que les era favorable es un fenómeno que se relativiza ante una victoria anímicamente fundamental y ante otro hecho nada menor: el que indica que a la lesión del estelar y versátil ala-pívot Kevin Love se ha añadido la fractura, en el partido pasado, de Irving, estrella de los Cavs y también de la selección norteamericana. Por ello, la rotación del entrenador David Blatt, quien cada día parece confiar menos en el aporte de los experientes aleros Shawn Marion y Mike Miller, se acortó aún más.

Y aunque la planilla de estadísticas muestra a dos hombres insoslayables en esta victoria, el pívot Timoféi Mozgov y el señor juego-donde-me-digan LeBron James, el rendimiento del australiano Matthew Dellavedova fue particularmente conmovedor en las horas dramáticas del encuentro.

Pero lo que hizo un partidazo de este partido plagado de errores y antiestético en varios sentidos, no fueron ni los 17 puntos y los 11 rebotes de Mozgov ni el triple doble de LeBron formado por 39 puntos, 16 rebotes y 11 asistencias, sino el torbellino de pasiones que se desató sobre los últimos cinco minutos del tiempo regular y, naturalmente, sobre prácticamente todo el alargue. Un torbellino al que, lamentablemente, contribuyó con errores reiterados y groseros la terna arbitral.

Así, y merecidamente, la llave quedó empatada uno a uno. Y el básquetbol volvió a demostrar que goza de excelente salud como proveedor de adrenalina y de entretenimiento.

Pero lo que teóricamente luce como una ventaja, que es el retorno de Cleveland a su casa tras la recuperación de la ventaja de local, podría transformarse muy pronto en una desventaja frente a la evidencia de que, sin Varejão, sin Irving y sin Love, ni el inigualable James ni el cerebral y brillante David Blatt podrían hacer milagros.

Contra las probabilidades y envalentonados por un match que promete plantear feroces críticas a las certezas a las que se aferraron los Warriors durante toda la temporada, los Cavaliers esperan agazapados para ponerse en ventaja 2 a 1 a partir del próximo martes a las 22 horas de Uruguay. Dios no lo permita.


Etiquetas: NBA Finales nota fija