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de Atilio Garrido

Uruguay es como una “farmacia”

13 de junio de 2018

 

Oscar Tabárez parece indicarle alguna sugerencia a Lucas Torreira. El entrenador celeste sabe muy bien y así lo deja entrever en cada conferencia de prensa, que el fútbol es “el arte de lo impensado”. Fotografía de Fernando González, enviado especial a Rusia.

Los varios cientos de miles de compatriotas que van llegando a Ekaterimburgo, la cuarta ciudad de importancia en Rusia, en el actual límite de Siberia en la frontera entre dos continentes (Europa y Asia), arriban con la ilusión en alta de un triunfal debut en el partido de mañana ante Egipto. La selección uruguaya a la que definí en Sudáfrica 2010 como una “farmacia” –por el orden, la pulcritud, la perfecta ubicación de las cajitas y demás artículos que allí se expenden-, alienta esa esperanza de los aficionados y el periodismo. El “proceso” conducido por Oscar Tabárez con mano de hierro envuelta en guante de seda, ofrece los argumentos que permiten escribir en la mente de todos, el comienzo de la novela que se imagina con el anhelado final feliz de ver a la celeste en el último partido del torneo en Moscú el próximo 15 de julio. Ocurre aquí con esos miles de compatriotas que han concretado un moderno éxodo del pueblo oriental hacia Rusia. Sucede allá, en nuestro país, muy lejos de esta “Ventana de plata” como se llamó a la urbe en tiempos que lideraba el comercio de esta zona, con los tres millones de los uruguayos que estarán palpitando frente a las pantallas de la televisión.

Si algo faltaba para sumar nuevas esperanzas de cara al futuro, pensando en la siguiente fase si es que la celeste supera la zona del grupo A, la bomba que cayó sobre la selección española, reafirma las bondades de la “farmacia” llamada Uruguay donde las horas transcurren con total normalidad a la espera del enfrentamiento ante Egipto. El anticipado anuncio del Real Madrid de la contratación del director técnico de España a tan sólo tres días del debut en el mundial ante Portugal, despertó todas las críticas generando un terremoto que derrumbó la paz en la fastuosa residencia de Krasnodar, en las afueras de Moscú, donde reside la selección de la casaca color sangre. “Hace meses que jugadores importantes del equipo sospechan que el técnico toma decisiones que afectan al funcionamiento de España pensando en su carrera después del Mundial”, publicó en su edición de hoy El País de Madrid. Agregó los detalles del acuerdo que fue gestado y definido por Jorge Mendes, el representante más poderoso del mundo, a través de su empresa de extraño nombre. Se llama Gestifute…. ¿Se han puesto a pensar que hubiera ocurrido si –por ejemplo- Tabárez en estos días previos a conducir a Uruguay en su cuarto mundial, cerraba el acuerdo con el presidente de Peñarol, Jorge Barrera, en iguales circunstancias que el Real Madrid con Lopetegui, o sea con la participación publicitada de cualquiera de los muchos empresarios que hoy se dedican a este tipo de transacciones en nuestro medio? Y ni que pensar si el acuerdo lo cerraba Paco Casal…

Lamentablemente el fútbol-negocio continúa extendiendo sus tentáculos estrangulando a aquel fútbol que se transformó en deporte profesional con montos de dinero que “daban para vivir” y no atacaba las raíces del juego.

Apenas unas horas antes de que se conociera la noticia oficial, en conversaciones informales el técnico Lopetegui confirmaba la titularidad del defensa del Real Madrid, Nacho, en lugar de Odriozola en quién se pensaba como seguro en el equipo que enfrentará a Portugal.

Los planetas parece que se están alineando a favor de Uruguay, a pesar que en Europa la celeste continúa marginada en las consideraciones de los entendidos y no sólo de quienes apuestan fortunas en los sitios donde la pasión popular se canaliza en expresiones lúdicas en busca de jugosas ganancias. También en esta jornada en el mismo diario citado línea arriba, una nota a César Luis Menotti culmina con sus vaticinios en los cuales Uruguay no cuenta. “A mí me gusta ver todos los partidos -dijo el ex entrenador de 79 años nacido en Rosario-. Brasil está muy fuerte y, por supuesto, España y Alemania son candidatos. Después hay otras selecciones que juegan bien como Colombia y Bélgica, que te pueden dar un dolor de cabeza. Y está Francia”. Por lo menos no incluye a su país entre los posibles conquistadores de la copa del mundo.

De todas maneras los lectores que conocen mi pensamiento sobre este juego maravilloso, saben que sostengo como línea de pensamiento la justa definición que Dante Panzeri acuñó para el fútbol: “dinámica de lo impensado”. Alejado totalmente de las ciencias exactas, el fútbol es, en cambio, una ciencia oculta imposible de predecir. La propia historia gloriosa de nuestra celeste se transforma en el símbolo perfecto que resume lo expresado. A través de conquistas primigenias que parecían imposibles de alcanzar, Uruguay le demostró al mundo del fútbol, en varias ocasiones, que los sesudos análisis previos en procura de esbozar la posibilidad de adivinar la definición de un cotejo no tienen sentido. El técnico Tabárez está afiliado a este mismo pensamiento. Alcanzar con leer y analizar sus expresiones en las habituales conferencias de prensa -que tanto le molestan-, cuando un periodista formula una interrogante en buscar de la respuesta prevista que nunca llega.

El fútbol lo construyen los jugadores en la cancha donde olvidan cualquier indicación previa para accionar de acuerdo a los dictados de su mente de forma imprevista. Normalmente el resultado se inclina a favor del equipo que actuó mejor, lo que tampoco quiere decir que jugó más lindo o, si lo prefieren, que practico “yogo bonita” como pregonaban en un tiempo pasado los brasileños. Y cierro estos conceptos transcribiendo a Panzeri: “Fútbol bien jugado puede incluir, puede necesitar en algún momento, del pelota ‘bartoleado’, en la misma medida que del toque que sutilmente coloca la pelota en un claro desde el que solamente hay que empujarla al gol. El fútbol bien jugado puede necesitar alguna vez rechazo sin destino meditado; la retención de pelota sin avanzar ni retroceder, ni hacer nada futbolísticamente exquisito, aunque sí circunstancialmente necesario; un vertiginoso movimiento de ocho o nueve hombre que esconden la pelota haciéndola andar de unos a otros; un suave toque o un violento disparo; una carrera individual avasallante y desconcertante; una carrera colectiva de varios hombres que no se llevan a nadie por delante y en la que todo sea diláfano al mismo tiempo que penetrante”.

En síntesis, “dinámica de lo impensado”, del imprevisto, de lo espontáneo.