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EEUU: historia y actitud

Tras un primer tiempo en cuyo trámite fue ampliamente superado, EEUU dio vuelta el partido contra Australia y, gracias a un tercer cuarto extraordinario, llegó a la final de Tokio 2020.




Kevin Durant, el goleador histórico del Dream Team, apareció con el brillo de sus fundamentos y de su jerarquía (EFE/EPA/Kiyoshi Ota)


5 agosto, 2021
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Luego de un primer tiempo en el que fue superior a lo largo de todo el trámite, con excepción de los últimos minutos, y en el que también fue más ágil, más moderno, más versátil y más fluido en ataque que su rival, Australia terminó perdiendo la semifinal olímpica por 97 a 78 contra unos Estados Unidos que resurgieron, sorpresivos y deslumbrantes, en el tercer cuarto.

 

«Cambiaron su lenguaje corporal», dijo Andrés Nocioni, gloria eterna de la selección argentina. Y tuvo razón. No solo porque el excelente juego colectivo de Australia resultó aniquilado en ese tercer cuarto, sino porque Estados Unidos se mostró durante la primera mitad como un equipo apático que practicó un básquetbol contrario a sus intereses y a su estilo natural, y cuyo plantel fue rotado de un modo desconcertante por el entrenador Gregg Popovich, un clásico de la NBA que parece apegado al viejo guión con el que se transformó en leyenda al frente de San Antonio: defensa férrea, posesiones lentas, básquetbol físico, juego interior, recelo del perímetro.

 

Parece o parecía, porque -todo hay que decirlo- así como en esta madrugada uruguaya Popovich marginó a jugadores que no deberían descansar ni un minuto, como Damian Lillard, cambió el planteo con el que había comenzado los Juegos Olímpicos contra Francia, al optar por una formación inicial considerablemente más contemporánea, con Lillard, Holiday, Booker, Durant y Adebayo.

 

Pero no fue Popovich, responsable, eso sí, de haber impreso en sus dirigidos una formidable intensidad defensiva, sino Durant -¿quién más?- el artífice de la remontada con que Estados Unidos arrancó el tercer cuarto con un parcial de 16 a 0. Durant, el espigado, elegante e híper técnico alero que nos ha maravillado desde la mejor liga de básquetbol del mundo. Durant, el goleador histórico de su país. Durant, el defensor de élite. Durant, el tirador inmarcable. Durant, el hombre de las piernas invisibles. Y, también, uno de los basquetbolistas más importantes de todos los tiempos.

 

Su socio para la remontada fue un jugador que hasta el momento había tenido una magra participación ofensiva en Tokio: Devin Booker, la súper estrella de los Phoenix Suns. Terminó Durant con 23 puntos, y Booker con 20. Y resultaron claves Tatum y Middleton en ataque -con 9 y 11 puntos, respectivamente- y, en defensa, tanto Holiday -el base de los flamantes campeones Milwaukee Bucks- como el incansable capitán de los Golden State Warriors, Draymond Green.

 

Ahora, Australia, el conjunto de Mills, de Ingles, de Exum y del lamentablemente lesionado Baynes, el mismo seleccionado que disputó el último cuarto para cumplir con un antiguo pacto de caballerosidad, deberá medirse contra el perdedor de Eslovenia-Francia con el objetivo de conseguir un bronce que sería tan anhelado como merecido. Y Estados Unidos, honrando la historia en el resultado pero no cabalmente la forma en que debería conseguirlo, jugará una final que, particularmente si su rival llegara a ser Eslovenia, no le será nada fácil.


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