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Fecha patria del alma

El Maracanazo, la hazaña más impactante del fútbol mundial. El triunfo 2:1 de Uruguay sobre Brasil en la final del 16 de julio de 1950, con el eterno al gol de Alcides Edgardo Ghiggia.




Los símbolos del Maracanazo. Los goles de Juan Alberto Schiaffino y Alcides Edgardo Ghiggia. La Copa del Mundo Jules Rimet. Obdulio Varela, caudillo y capitán uruguayo.


16 julio, 2020
Maracanazo

16 de Julio… No está marcado en rojo en el almanaque. No es fecha patria. Pero, en cambio, es el día respecto al cual todo uruguayo sabe qué pasó en 1950. No hay que rebuscar en la memoria, porque está grabada en el corazón.

 

MARACANAZO

 

Se esforzaron por emularlo. No hubo posibilidades. Es que hay cosas en la historia del mundo que pasaron una sola vez. Aquel 2:1 -remontado desde el 1:0 en contra- estampado ante Brasil, tiene el exclusivo escudo color CELESTE.

 

Historia viva que disfrutamos algo más de tres millones de uruguayos, que siguen sufriendo doscientos millones de brasileños y que admira el resto del orbe. Es que héroes del campito, tan orientales como ilustrados en la pasión que no mide consecuencias, dieron el paso largo hacia la gloria para perpetrarse en la historia del fútbol. Pusieron en el mapa a URUGUAY una vez más.

 

¿Cómo puede un país tan chiquito…? Respuesta que el uruguayo conoce porque la aprende en la calle, en lo cotidiano, en la necesidad, en la lucha, en las decisiones. No es una simple ecuación demográfica la que hay que interpretar, sino el poder intrínseco que nace desde las entrañas, que desde la pequeñez nos impulsa hacia la grandilocuencia sin bullicios.

 

Fecha patria del alma. Respeto sublime a esos próceres que, desde su humildad permanente, supieron instalarse a la diestra de nuestros homenajes, que nacen y se proyectan desde el más puro sentimiento. Nacieron, vivieron y partieron de este mundo con la sencillez del oriental, del hombre de barrio, del que atravesó necesidades, del individuo que hasta pudo pasar desapercibido en la calle porque acá la gloria no paga dividendos fijos.

 

Quizás tampoco esto sea un pecado. Es que somos uruguayos. Tenemos  la imperfección de no adorar ídolos para después destruirlos. La mayor muestra de cariño es el respeto, el reconocimiento sin estridencias.

 

Pero una cosa es segura: los leones de Maracaná seguirán por siempre representados en esas imágenes en blanco y negro, que quizás forma el gris del que se nos tilda. Estarán siempre en esa lágrima que destiñe el recuerdo. Que vive entre letras de murga. A medida que el tiempo avanza, tiene la majestuosidad de florecer en silencio, pero sin abandonar jamás la eclosión histórica de su conquista.

 

La enorme figura de Obdulio cobija por siempre la imagen más noble de la identidad de un pueblo. Es el referente más hidalgo de un sentimiento común, de una forma de ser que tiene el título de nobleza más importante: URUGUAYO.

 

Hace setenta años movieron los cimientos del mundo. Un sismo que todavía se sigue midiendo sin poder establecer la escala de su potencialidad. Un hito que asombra. Una meta a la que nadie puede llegar. Los que hace unos días lo intentaron quedaron sentados en un imaginario purgatorio, sin atravesar el umbral del paraíso.

 

En el evento mágico del fútbol, donde el arcoiris de un Mundial  impone la sensación de un óleo donde se entremezclan los colores, ¿qué pasa? Pasa que el cielo sigue siendo CELESTE.


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