La incertidumbre como constante

En un nuevo episodio, el autor analiza las ventajas y desventajas que el parate continental arrojará sobre la disputa de las eliminatorias sudamericanas, tras una Copa América que solo fue teórica.




Tras dejar el PSG, Cavani volverá a ser referente de Uruguay para propios y extraños, esta vez rodeado por jóvenes que Tabárez ha sabido potenciar.


15 junio, 2020
El fútbol en tiempos de pandemia

Escribe: Juan Carlos Scelza

 

Setiembre espera por las eliminatorias, y las eliminatorias aguardan por la pandemia. Europa, continente que cobija a las principales figuras de las selecciones americanas, puso en marcha sus Ligas, apresurando el calendario para finalizar los torneos. La penosa situación sanitaria que atravesaron en los últimos meses los países más futboleros, como España, Italia, Inglaterra y Francia tuvo una tregua. Y el alivio, aunque no definitivo, reactivó la competencia.

 

Uruguay es la gran excepción del continente. El avance constante del coronavirus en Argentina, Brasil y Perú, sumado al fuerte rebrote chileno, asemeja el panorama a la cruel realidad de la Europa de hace unas semanas. Fronteras cerradas, ciudades conmovidas, centros asistenciales saturados y cuarentenas extremas (a excepción de las determinaciones gubernamentales de Brasil) son las armas de combate y resistencia para una pandemia que, lejos de tener fin, sigue cobrando miles de víctimas.

 

El Centenario no tuvo la fiesta habitual de cada partido camino a los Mundiales. La tan esperada jornada inaugural de marzo ante Chile quedó tan trunca como la visita a Ecuador en Quito. A esta altura, con Latinoamérica como epicentro cuesta hacerse a la idea de competir el 3 y el 8 de setiembre, como está previsto. Si bien la base de las selecciones de esta parte del mundo juega en el viejo continente, el complicado panorama sanitario de las naciones de estas latitudes genera incertidumbre.

 

Los actuales serían días de análisis posteriores al debut ante los australianos por la Copa América. Nuestra tarea periodística se centralizaría en Córdoba, aguardando el clásico ante el local por la segunda fecha del grupo A. Pero claro: el COVID-19 arrasó con todo lo que estaba a su paso y nos dejó sin el agitado mes de junio. Sin, en definitiva, la procura del decimosexto título continental.

 

Para Uruguay, esta era una muy buena posibilidad, porque desde el final de la eliminatoria anterior comenzó un recambio generacional que se plasmó en Rusia y en Brasil 2019, más allá de que franceses y peruanos se cruzaron en el camino, impidiendo con sus victorias que accediera a la final. Es más: las fechas FIFA posteriores la Copa América le permitieron ahondar en pruebas para insertar a juveniles que hasta ese momento no habían tenido chance. La victoria ante Costa Rica 2 a 1, y el empate unos días más tarde ante Estados Unidos, mostraron un equipo fresco, rápido y dinámico.

 

Ya en octubre, la selección despliega el mejor fútbol del año ante los peruanos, ganando en Montevideo 1 a 0, así como en la igualdad en Lima 1 a 1. Noviembre cerró el año con un triunfo ante Hungría y con un empate a dos contra Argentina en Israel. El equipo de Tabárez finalizó invicto el año pasado, con ocho victorias en trece partidos y cinco empates (uno de ellos se definió por penales, en los que Perú ganó en cuartos de final del torneo continental). Brian Rodríguez, Brian Lozano,  Maximiliano Gómez, Matías Viña y Darwin Núñez aportaron mucho, con muy buenos rendimientos y goles, y ofrecieron variantes en la estructura colectiva.

 

Esperaba más del equipo en la Copa América de Brasil. Aun así, se fue del torneo por la puntería de los penales, y después de haber sido muy superior a un Perú que finalizó como finalista sorpresa. Las dificultades de Brasil en el comienzo, la inseguridad de Argentina, demasiado dependiente de un irregular Messi, y los antecedentes celestes nos hacían suponer que contábamos con una inmejorable chance de pelear por el título.

 

Sin haberse jugado las dos primeras fechas de la clasificación para Catar 2022, la Copa América proponía dos escenarios muy claros. Uno: la chance neta de ser campeón afirmando el equipo conocido, sustentado en la trayectoria y jerarquía de los más conocidos, que llevan una década con la celeste al pecho. El otro: la serie de partidos, y el hecho de contar con los jugadores durante un mes, le otorgaba al resto de los técnicos la posibilidad de inculcar una idea no tanto para el propio torneo, sino para los compromisos de setiembre y para el resto del largo camino de la eliminatoria.

 

A Scaloni, más allá del peso de ser local y del arrastre de frustraciones de las finales perdidas en forma consecutiva en el Mundial 2014 y en las Copas América de 2015 y 2016 -que no dirigió-, le hubiese servido para consolidar un equipo que en el último año, sin demasiados partidos, ha mejorado y ganado crédito en los aficionados y el periodismo de su país.

 

“Es un proceso de recambio. Berizzo está formando el equipo e inculcando una idea. Hay que tener paciencia, pero si los resultados no ayudan, se hace difícil”. Justo Villar, el ex arquero y capitán de la selección guaraní, hoy con un importante cargo en la Federación Paraguaya, hacía referencia al inestable momento de la albirroja en una nota para “Fanáticos” que realizamos hace un par de meses en Asunción. Solo tres opacas victorias ante Jordania, Guatemala y Bulgaria en trece encuentros disputados no le han dado la necesaria tranquilidad al entrenador ni convicción a su idea.

 

Con su última y ajustada victoria ante Guinea en Alicante, el Chile de Reinaldo Rueda completó 23 partidos, apenas alcanzando un 44% de los puntos con solo ocho triunfos, lo que para el abolengo trasandino de 2015 en adelante parece ser muy poco, más cuando se había acostumbrado a contar con la mejor generación de toda su historia, sin avizorar que ha empezado a flaquear, producto del desgaste que el inevitable paso del tiempo produjo en la mayoría de sus ídolos.

 

Colombia, con diez amistosos y cuatro partidos oficiales, completó el año 2019. Carlos Queiroz, el mozambiqueño que dirigió a Real Madrid en 2003 y a selecciones como Emiratos Árabes, Sudáfrica, Irán y  Portugal, convocó a 42 jugadores e hizo debutar a nueve, en un lógico plan de conocer y evaluar. Tras sustituir a José Pekerman, el actual técnico tuvo un excelente comienzo en la copa de Brasil con puntaje ideal en la serie, pero por penales cayó frente a Chile en cuartos de final.

 

Perú es un caso especial. Fue más efectivo que rendidor en el torneo continental. Entró de costado, tras haber recibido una paliza ante el local en la serie, y sin embargo terminó jugando la final ante el mismo rival. Ni los hinchas ni el periodismo se detuvieron a analizar rendimientos, porque al suceso del argentino Ricardo Gareca de llevarlo a un mundial luego de 36 años se le sumaba la presencia en una final de América, a la que Perú no llegaba nada menos que desde 1975. Sin embargo, los amistosos posteriores dejaron sensación de fragilidad y comenzaron a preocupar en lo interno.

 

De Bolivia conocemos que, independientemente del entrenador, tiene a favor el peso de la altura, y también que solo le ha servido para clasificar como en 1994, cuando además de los 3600 metros tuvo una enorme generación de futbolistas. César Farías, de pasado venezolano, no ha tenido tiempo de trabajo: asumió a fines de agosto. En Venezuela, el panorama es peor. El portugués José Peseiro, ayudante de Queiroz, con sus casi 60 años asume la aventura en una selección que ha crecido en las últimas dos décadas, pero que no tiene mayor conocimiento del medio y llega con escaso tiempo de trabajo. Apellido ilustre como pocos, pero un signo de interrogación a cuestas.

 

Ecuador, mientras tanto, se ha jugado por Jordi Cruyff, el hijo de… El español asumió en enero, lo que ha significado trabajo de celulares y escritorio sin un solo entrenamiento.

 

La historia de Brasil es otra. Sobra capacidad individual, y en cualquier condición siempre será favorito a clasificar. Tite conoce a fondo a la selección y su entorno y es, después de Tabárez, el de mayor continuidad al frente de un equipo, que en su caso dirige desde junio de 2016.

 

Vista esta realidad propia y ajena, seguramente si se hubiese disputado la Copa América, Uruguay podría haber sido campeón. Pero con una inmensa mayoría de técnicos iniciando sus ciclos, tratando de plasmar una idea y apenas presentándose ante sus jugadores, el torneo les hubiese permitido un hermoso y necesario tiempo de trabajo que los beneficiaría para el inicio de las eliminatorias, a la que ahora llegarán con los ojos vendados, con mucha más teoría que práctica, lindando en la improvisación. Y esa es una ostensible ventaja con que contará Uruguay.


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