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Disparar no es cobardía si es para evitar un mal




Héctor Núñez en su llegada a la Selección uruguaya.


13 julio, 2016
Columnistas

Reza un dicho popular.

El principal defensor de un entrenador es el resultado.

También su propia familia directa, que son incondicionales por lógica pura.

Lo es  a la hora  de evaluar también, su trabajo. Pero este queda en segundo plano cuando se pone en la balanza el ganar.

¿Habrá más defensores en horas decisivas? ¿Si no es uno mismo y sus actitudes?

Muchas veces ocurre que  ni aun ganado uno logra salvar el pellejo.

Otras veces se hace un gran trabajo y se plasma en la cancha con un buen accionar del equipo pero no gana y empiezan los cuestionamientos.

Si se gana pero no convence en lo que a espectáculo futbolístico nos referimos, también se tambalea.

Si hay doble competencia, rendir en las dos es una realidad que es difícil sortear, hoy, ya que Nacional o Peñarol, supieron ganar todo (Libertadores, Intercontinental y uruguayo en una misma temporada), en otros tiempos.

Si se llega a mitad de temporada, entonces se encuentra con un plantel que no eligió, y quizás la idea del anterior es opuesta.

Si se llega a un equipo campeón, si no repite es “boleta”.

Llegando a un equipo con peligro de descenso, si le toca bajar, queda esa “mancha” aunque lo hubieran tomado pocos partidos o muchos.

Si lo saca campeón y lo asciende, quizás no siga si hay elecciones o se cambian los que gerencian monetariamente.

Otras veces se hacen encuestas a nivel de país de que equipo se debería poner para cierto partido, y opina casi todo el Uruguay; sin embargo uno  solo es el que decide, y todo el peso cae sobre sus hombros; que dicho sea de paso, es el camino que un entrenador elige, nadie lo obliga, pero si está obligado a defenderse, con argumentos, con juego y con………resultado.

Es decir que siempre se está “agarrado del pincel”.

Muchas veces pasa que el entrenador  pide futbolistas antes de comienzo de la temporada, para armar su plantel para el año deportivo  y no los traen o no llegan por diferentes causas, pero lo real es que no están, o contratan futbolistas antes de llegar el entrenador.

A veces se llega con la alegría en el rostro, según característica, del entrenador, pero los resultados si son negativos pasan “factura” y se transforma en osco y malhumorado. Por eso que muchas veces se corta camino y esa combinación de seriedad es de llegada nomas.

Héctor Núñez en su llegada a la Selección uruguaya.

Héctor Núñez en su llegada a la Selección uruguaya.

Héctor “Pichón” Núñez, con quien tuve la fortuna de trabajar en 2007 destilaba alegría en absolutamente todas sus actitudes, en todo momento, sin embargo, al abandonar la selección uruguaya en las eliminatorias para el mundial de Francia 98, era otra persona, totalmente cambiada, pudiéndose decir que hasta la amargura lo invadió  y blanco en canas.

Quizás para “acortar camino”, en estos días pasados; Marcelo Bielsa, el entrenador argentino, renuncio antes de comenzar en el equipo Lazio de Italia, porque según sus dichos no les trajeron los jugadores que pidió, ya que según sus palabras y su contrato (según él, mediante una carta suya dirigida al club) así constaba.

Accionó como un abogado suyo, y se defendió porque como dijimos más arriba, para evitar un  mal mayor mejor era irse, porque el material que solicito no estaba, entonces según entiende su responsabilidad tambaleaba y antes que cayera………..”Mejor me voy, ahora”.

Como siempre y en toda democracia todo es opinable, y respetado, pero el entrenador es un ente autónomo y su defensa fue un buen ataque, como se dice comúnmente. Porque quizás más adelante no habría quien lo defendiera, y el argumento de que no le trajeron los jugadores, habría pasado de moda, entonces mejor ahora; y accionó.

Igual no deja de ser  una actitud común.