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De la maternidad a la cancha, de El Tigre a Peñarol, camino de Jonathan Sandoval




Jonathan Sandoval en un momento "de novela".


23 abril, 2014
Fútbol Uruguayo Primera

“Mi familia es toda futbolera, mi madre me cuenta que cuando yo nací, pidió para salir contra voluntad porque jugaba mi hermano ese día. Así que a las horas de nacer, yo ya estaba afuera de la sala en un partido de fútbol. Me llevó a la cancha.

Jonathan Sandoval en un momento "de novela".

Jonathan Sandoval en un momento “de novela”.

Soy del Paso de la Arena, nací, me crié y hasta el día de hoy estoy viviendo acá. Mi hermano, Oscarito, jugó acá en el Salus, después en Miramar, en Frontera de Rivera, en Quilmes de Florida, de ahí se fue a Guatemala donde está hasta el día de hoy en el fútbol. Hace un año dejó de jugar y puso una escuelita de fútbol con la que le está yendo muy bien. Él tiene doce años más que yo. Tengo veintiséis.

Me inicié desde los dos a los cinco años en El Tigre de baby fútbol y después fui al Sagrada Familia. Mi hermana, Teresita, que es dos años mayor que mi hermano, era la que me llevaba al Sagrada Familia, porque mis padres tenían un bar. Mi hermana me llevaba, se quedaba a esperarme, que en la cancha en invierno, de noche, hacía un frío bárbaro. Cuando el Sagrada Familia se unió con la IASA, formando la IASAFA, seguí ahí. Después me llamaron de River y estuve en River desde Octava hasta Primera División.

A mi señora, Rosana, la conocí cuando estaba en Cuarta División. Hoy tenemos una hermosa nena que tiene un año y dos meses. Estamos muy felices. Ella siempre va a la cancha con la nena. Antes iba al Complejo de River. Se bajaba en Garzón y se iba caminando para ir a verme y hoy por hoy, que vaya a verme al Estadio y que la nena salga a la cancha, como salió cantidad de veces, para mí es un orgullo”.

“BIENVENIDOS, UEFA CHAMPIONS LEAGUE”

“Me llevaron a River, Aníbal Saralegui y Robert Púa. Me enseñaron mucho, al pasar del baby fútbol al fútbol de once. Después con Edgardo Rodríguez y Omar Hernández salimos campeones de juveniles. También tuve a Iglesias. En River tuve todos técnicos que te dejaban algo. Me subieron a Primera (Pablo) Bengoechea y (Oscar) Aguirregaray. Con ellos debuté en primera. Cuando llegó Juan (Carrasco), otro técnico que te sacaba el máximo, a mí me habían conseguido para irme a Brasil y estaba que me iba hoy, que me iba mañana… al final no me iba más. Entonces charlé con Juan porque no me tenía en cuenta ya que, supuestamente, estaba yéndome en dos días y pedí para ir a préstamo seis meses a Sud América. O sea, volví a la IASA, derecho a jugar en Primera División. Fue una temporada que estábamos con el Pecho (Daniel Sánchez), me fue muy bien y me consiguieron para ir a un equipo de Azerbaijan.

Fue mi primer viaje solo en avión. Cuando me dieron los papeles de aduana para llenarlos, estaba todo en inglés. Yo miraba al pasajero de al lado, que había subido en la escala en San Pablo, era brasilero, que llenaba su papel y veía que yo lo miraba y miraba mi papel vacío. “No entendés nada, ¿no?”, me dice. “No, no entiendo nada”. “Dame tu pasaporte que yo te lo hago”.

Pasé la aduana lo más bien y en Estambul me esperaba un muchacho llamado Martín, que vivía en Barcelona. Por intermedio de unos empresarios de acá, el tipo me esperaba allá para llevarme al hotel.

Me llevó a un hotel que estaba en una montaña a dos mil metros, donde entrenaban todos los equipos importantes de la zona. Llegabas al hotel y veías un cartel que decía: “Bienvenidos, UEFA Champions League”. Te podés imaginar. “¿Dónde estoy?” me decía yo. Por suerte tenía dos compañeros argentinos y justo en el hotel estaba (Walter) Guglielmone. Él estaba con otro equipo, pero anduvimos juntos para todos lados. El Guly me ayudó mucho. Estuve un mes haciendo pretemporada ahí, pero no se llegó a un acuerdo económico y tuve que volverme a River. Fui con una ilusión bárbara a jugar a otro nivel, copas europeas y me tuve que venir.

River me dio a préstamo, seis meses, a Cerro Largo. Estuve con Danielo Núñez una temporada que nos salvamos del descenso, hicimos un campañón. Después me dieron a préstamo a Rentistas y después volví a River, cuando jugamos la Sudamericana con Guaraní, que estaba Del Capellán, un técnico amigo del jugador. Me quedé un año y pasé a Wanderers, con Daniel Carreño, un fenómeno y el año pasado a Peñarol. Cuando llegué a Peñarol, mi viejo me dijo, “ya está, ahora ya puedo morir tranquilo”. Hincha de Peñarol de toda la vida, ir al estadio a ver a Peñarol con un hijo suyo jugando en Peñarol, es lo máximo.

Jonathan Sandoval, lateral o volante de Peñarol

Jonathan Sandoval, lateral o volante de Peñarol

Me trajeron a Peñarol el Diego (Alonso) y Petete (Fernando Correa). Diego es un entrenador joven que era uno más del grupo, teníamos confianza con él y él con nosotros para corregirnos. El primer semestre en Peñarol fue complicado porque los resultados no nos ayudaban y yo tenía unas expectativas bárbaras pero en lo personal tampoco me estaban saliendo las cosas. Los primeros meses fueron duros. Después tuvimos el problema de la justicia. Me costó, pero yo seguí entrenando con todo porque sabía que tarde o temprano nos iban a habilitar para jugar la Copa o el Torneo.

Me entrené para jugar y ahora Fossati -que yo lo veía en la tele y en la selección y hoy tenerlo de entrenador la verdad que es un orgullo-, gracias a Dios, me está dando la chance. Siento la confianza de él y de todo el cuerpo técnico y de mis compañeros y eso me está ayudando mucho”.

PACHECO, DARÍO RODRÍGUEZ Y ZALAYETA

“Si tengo una persona de consulta sin duda que es el Tony (Pacheco). Convivimos en Wanderers, entrenábamos juntos y tenemos una gran amistad. Yo me llevo muy bien con todos pero en especial con Darío, el Tony, el Zala. Son los más grandes, con los que más me acerco cuando tengo algún problema o algo. Recurro a ellos para que me den algún consejo.

Jugar de 5 (donde lo puso Fossati en el partido del lunes) me gusta porque estás siempre cerca de la pelota. O la tenés o tenés que estar marcando. Me gusta correr y estar en contacto. De chico era hincha de Peñarol y siempre soñé con jugar en Peñarol. Ahora es un sueño cumplido y mi sueño es, si Dios quiere, llegar a un equipo grande de Europa. También el sueño inolvidable, la Selección. De niño no miraba muy lejos, tenía de ídolo al Tony y a Bengochea. Ahora digo, “pucha, al Tony lo tengo al lado mío, somos compañeros y a Pablo lo tuve de técnico”. 

Jonathan Sandoval jugó de 5, casi de centrojás, se diría, ante Fénix y, con su gran rendimiento, nos dio la oportunidad de presentar su historia de vida a todo fútbol, anclada a su presente de sueño cumplido.

Sandoval saluda a su parcialidad tras la victoria del lunes, que mantiene a Peñarol en la punta del Torneo Clausura.

Sandoval saluda a su parcialidad tras la victoria del lunes, que mantuvo a Peñarol en la punta del Torneo Clausura.