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Números sin aplausos

A falta de seis fechas para el final del Torneo Clausura, Nacional lidera con ventaja la Tabla Anual. Sin embargo, tanto el técnico Pablo Peirano como el equipo son fuertemente criticados. ¿Por qué?




Pablo Peirano, director técnico de Nacional.


2 octubre, 2025
Nacional

El fenómeno que vive el técnico de Nacional, Pablo Peirano, es digno de análisis y es un aspecto ya abordado por Tenfield.com. en oportunidades anteriores. Pero la tensión acumulada en las últimas fechas admite un nuevo repaso.

 

Se trata de un entrenador con un alto porcentaje de efectividad en cuanto a puntos conquistados y que mantuvo al equipo en la cima de la Tabla Anual prácticamente desde su llegada. Sin embargo, tanto el técnico como el equipo son constantemente cuestionados y criticados por el hincha tricolor. Una contradicción entre números y percepción. ¿Dónde está esa disociación?

 

EFECTIVIDAD HISTÓRICA

 

A pesar del clima hostil que rodea al equipo, los números de Peirano son propios de un equipo líder y con vistas claras al título. Desde que asumió, en la undécima fecha del Torneo Apertura, Nacional disputó 20 partidos oficiales por el torneo local y cosechó 17 victorias, dos empates y apenas una derrota. Esto significa que el entrenador sumó 53 puntos de 60 posibles, lo que equivale a una efectividad del 88,3%. Una cifra inédita para el fútbol uruguayo y que muchos técnicos desearían tener, pero que, sin embargo, no genera las reacciones esperadas.

 

Incluso, si se toma como referencia únicamente el Torneo Clausura, donde la molestia y las críticas se han intensificado considerablemente, la efectividad del Bolso es del 74%, con seis triunfos, dos empates y una derrota en nueve partidos disputados. Sigue siendo un porcentaje que se alinea con el ritmo de un campeón.

 

Si se compara la campaña actual de Peirano con, por ejemplo, la de Pablo Repetto, el porcentaje de efectividad del actual técnico albo supera con luz a la del entrenador campeón en 2022 —73% de efectividad—. De todas formas, cabe destacar que Repetto dirigió la totalidad de la temporada —37 partidos—, mientras que Peirano comenzó en la fecha 11 del Apertura y aún le restan seis partidos para el final del Clausura. Por lo tanto, esta no es la foto final, ya que la cifra de Peirano aún puede variar, para bien o para mal.

 

Si bien el empate ante Juventud, en la última fecha, lo dejó relegado en la disputa del Torneo Clausura, Nacional aún mantiene la punta de la Tabla Anual con una ventaja de cuatro unidades respecto con su escolta, Peñarol. Un panorama más que prometedor a falta de tan poco para el final.

 

Sin embargo, dicho contexto no se condice con el ánimo del hincha. Es hasta paradójico. Nacional depende de sí mismo para ser Campeón Uruguayo; es el líder, pero no parece serlo. El equipo, lejos de generar respaldo, convive con un clima tenso, hostil y de abierta desconfianza, como si estuviera en la mitad de la tabla o sin chances de pelear el título.

 

Pero el hincha tricolor no discute los resultados, sino el cómo. Ahí es donde surge la grieta contradictoria: Nacional gana, pero no convence.

 

LOS PARTIDOS IMPORTANTES

 

Esto último es una clara demostración de que, en el fútbol, no todo son números. Es la más clara representación de que, en este deporte, además de los resultados, también rige el sentimiento, la emoción y la identidad, elementos que le escapan a la estadística. Y es en este aspecto donde Pablo Peirano —y sus dirigidos— están fallando.

 

Una fuerte crítica que se le asigna al entrenador tricolor es que, si bien su porcentaje de efectividad es incuestionable, el equipo no ha estado a la altura en partidos claves. Y su primer golpe lo recibió en el ámbito internacional.

 

La eliminación de las copas

A Nacional no le tocó un grupo fácil en la Copa Libertadores. Dos brasileños —Bahía e Internacional de Porto Alegre— y un grande colombiano —Atlético Nacional— generaron una paridad pocas veces vistas en los últimos años; fue el comúnmente llamado “grupo de la muerte”. Pero la rica historia del Bolso conlleva sed de gloria y demanda protagonismo, sin importar el rival.

 

Es importante recordar que Pablo Peirano no dirigió la totalidad de la fase de grupos, pero tomó al equipo aún con chances reales de lograr una clasificación a los octavos de final o, al menos, a la Copa Sudamericana. Y si bien estuvo cerca, no lo logró, perdiendo dos partidos en el Gran Parque Central que calaron hondo en el alma del hincha.

 

De esta manera, Nacional se quedó con las manos vacías. Fue el primer gran tropiezo de Peirano.

 

La final clásica del Intermedio

Luego de la eliminación de las copas, Nacional se abocó a la tarea local, donde fue arrollador. Peirano sumó el 100% de los puntos disputados. Ganó 14 partidos consecutivos —entre Torneo Apertura e Intermedio— y llegó entonado a la final clásica del torneo corto de mitad de año. Una nueva prueba para evaluar la jerarquía de Peirano al mando del equipo.

 

En líneas generales, el partido fue parejo, pero Peñarol impuso superioridad, en gran medida, desde la actitud. Se jugaron 120 minutos y la última jugada del partido fue un fiel reflejo de las actuaciones de ambos equipos. Lucas Villalba tuvo el gol de la victoria en la última jugada, pero Maximiliano Olivera, en un esfuerzo que exigió hasta la última gota de sudor, le tapó el tiro al extremo, quien pudo haber definido antes. En los penales, Nacional cayó.

 

A partir de ahí, surgió la discusión por el invicto de Nacional. Pero, en paralelo, comenzaron a acentuarse las críticas hacia Peirano, quien, una vez más, falló en un duelo decisivo.

 

La goleada clásica del Torneo Clausura; el quiebre definitivo

 

La buena noticia, dentro de la desazón que dejó el Torneo Intermedio, es que la revancha de Nacional ante Peñarol estaba a la vuelta de la esquina, en el Campeón del Siglo, por la segunda fecha del Torneo Clausura. Una nueva oportunidad de redención, con las miradas y la presión puestas en el conjunto tricolor, pero con la seguridad de que incluso una derrota lo mantendría líder de la Tabla Anual.

 

Sin embargo, clásicos son clásicos y Nacional no solo perdió, sino que lo hizo de manera estrepitosa. De principio a fin, el equipo de Peirano fue completamente superado por un avasallante Peñarol —tanto en el juego como en lo anímico—, que se llevó una goleada 3 a 0 y que pudo ser más abultada.

 

Fue en este partido que la furia del hincha tricolor explotó. De hecho, el cargo de Peirano estuvo al borde del abismo. Lo único que generó el respaldo por parte de los mandatarios tricolores fue la contundente efectividad cosechada hasta el momento, habiendo ganado todos los partidos anteriores —el clásico del Intermedio no sumó puntos—. Sin embargo, a partir de ahí, el vínculo de la hinchada con el equipo y el técnico cambió. Algo se rompió.

 

LÍDER SIN PAZ

 

El panorama actual de Nacional se resume en este título. El equipo lidera y depende de sí mismo para consagrarse campeón, pero lo hace en medio de un huracán. La victoria frente a Liverpool, por la séptima fecha del Clausura, fue el primer espaldarazo que recibió Pablo Peirano respecto a su desempeño en partidos decisivos. Una victoria tan contundente como necesaria, que el equipo conquistó de atrás y con autoridad. Pero el empate ante Juventud, en la fecha siguiente, volvió a desatar la tormenta. 

 

Por lo tanto, todo indica que la presión de Nacional de cara a la definición del torneo —y del campeonato— solo irá en aumento. Es que, a pesar de la ventaja que mantiene en la Tabla Anual, el margen de error es estrecho, con un Peñarol al acecho y con una hinchada tricolor que no perdona el mal rendimiento del equipo. 


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