Realidades opuestas
Nacional y Peñarol llegan con diferentes ‘presiones’ de cara a este partido clásico que definirá la Supercopa Uruguaya.
Lucas Ferreira, debuta en la zaga de Peñarol; Nicolás López, el máximo referente del ataque de Nacional.
Nacional y Peñarol, frente a frente en un nuevo clásico a jugarse este domingo 1° de febrero a las 20:00 horas, en el Estadio Centenario. Será el primer clásico en lo que va de este año y definirá la Supercopa Uruguaya 2026. Pero no solo eso, sino que también será el primer partido oficial de ambos equipos en la temporada. Un puntapié inicial a prueba de fuego.
No hace falta aclarar ni reiterar año tras año que la obligación de ambos equipos en partidos de esta índole es ganar. Para el hincha, y para todo el contexto que une o se relaciona con alguno de los dos clubes más populares del país, particularmente, no les complace otra excusa ni alternativa que no sea el triunfo. Sólo sirve ganar.
Sin embargo, previo a cada clásico, suelen haber circunstancias deportivas donde la necesidad de ganar para un equipo se vuelve casi que una orden imprescindible con respecto a su rival.
Esto último, refleja el frágil momento actual de Peñarol, que se encuentra en una situación más vulnerable y de más exigencia que Nacional. La obligación de conseguir una victoria, ésta vez, prácticamente se vuelve un mandato para el aurninegro.
A ninguno de los dos le ajusta otro resultado que no sea el triunfo por el simple hecho de que se trata de un partido clásico, es cierto. Pero por diferentes factores y condicionantes, Nacional y Peñarol llegan con ‘presiones’ opuestas de cara a este duelo que definirá nada menos que un título. Veamos…
NACIONAL, ¿CON MARGEN PARA EL ERROR?
Es cierto que Nacional es el último campeón uruguayo y se sacó de encima una pesada mochila luego de dos años sin ganar. Es cierto que la película del conjunto tricolor en la temporada 2025 tuvo el desenlace más anhelado por todos sus hinchas; porque finalizó como campeón uruguayo y ganando la final nada menos que a Peñarol, su clásico rival.
También es cierto, que para el vicepresidente del club, Flavio Perchman, el final tuvo un doble valor porque Nacional terminó logrando el título de la mano de Jadson Viera, el entrenador al que tanto anheló para su equipo y por el que tanto insistió. Era el preferido del dirigente albo.
Por si fuera poco, entre otros sostenes, Nacional cuenta con antecedente positivo en el último tiempo ante su rival de todas las horas. Apenas perdió un partido ante Peñarol (0:3 por el Torneo Clausura 2025) en sus últimos diez enfrentamientos. Incluso, en el último triunfo clásico, el tricolor volvió a realzar su reciente hegemonía ante el aurinegro y a destacar su preeminencia contra su tradicional rival con Diego Aguirre como entrenador.
Todos estos factores juegan a favor de Nacional. Es un plus, sin dudas. Porque los jugadores y cuerpo técnico se aferran a los logros pasados del propio club para encarar un nuevo duelo de esta dimensión. En definitiva, el tricolor se acostumbró de ver a Peñarol como un rival que le trae buenos recuerdos y ello transmite cierta calma en algunos aspectos. Todas estas secuelas positivas -ya mencionadas- le permiten llegar al tricolor con mayor confianza en lo previo, aunque, tampoco no le garantizan nada.
Por más que sea el último campeón uruguayo y mantenga buenas estadísticas ante su tradicional rival, todo se puede volver cielo o infierno en cuestión de 90 minutos. Incluso, un traspié podría hacer olvidar los últimos antecedentes de un solo ‘cachetazo’ y que todo lo conseguido recientemente se vuelva en su contra. Porque se trata de fútbol. Se trata de un clásico.
Este duelo tendrá un doble crédito para ambos equipos: por ser un clásico y porque vale por un título. Pero no solo eso, sino que además, será el primer partido oficial del plantel en la temporada. Entonces, el hincha, ya de por sí, suele llevar consigo una especie de “lupa” como para destacar o cuestionar el rendimiento de los futbolistas hasta el mínimo detalle. Incluso, se podría considerar este partido como una prueba de evaluación, de la afición para con el plantel. Sobre todo, para los futbolistas nuevos, quienes ya están expuestos y obligados a tener que demostrar en la cancha.
Su flamante director técnico, además de todo el contexto que le demanda en su función, también tendrá su respectiva exigencia individual en este duelo. ¿Por qué? Porque nadie puede arrebatarle el título a Jadson Viera, que lo ganó con mérito propio. Es cierto. Sin embargo, hay una realidad: el hincha aún está expectante de su labor como DT, de su idea futbolística, de su solidez en el cargo, de que afiance sus números como entrenador de Nacional teniendo en cuenta que, en la temporada 2025, dirigió cuatro partidos sin triunfos en los 90 minutos. Empató tres (0:0 ante Cerro, 1:1 ante Defensor Sporting y 2:2 ante Peñarol en la primera final) y le ganó al aurinegro en el alargue, en el partido que definió el título. Un triunfo que valió oro y sirvió para borrar todo tipo de antecedente negativo.
En definitiva, Nacional llega con más espalda que Peñarol. Mejor parado por su reciente pasado y ello le permite un cierto margen para el error. Pero, “ojo”, que un descuido en un partido tan importante podría revertir la consideración del hincha y, en el corto plazo, la reputación que ganó este equipo podría volverse un revés.
PEÑAROL, OBLIGADO A GANAR
El hincha no se olvida de la oscura temporada que vivió el equipo el año pasado, donde terminó golpeado y colmado de frustraciones deportivas. Peñarol, perdió el Campeonato Uruguayo a manos de su tradicional rival en dos finales históricas y ello pegó fuerte en la afición. Cayó como un baldazo de agua fría en la institución y en su entorno.
En tan solo dos partidos, el aurinegro perdió todo el crédito que había recuperado en la temporada 2024, después de confirmar una campaña formidable logrando el título de campeón uruguayo de punta a punta y de alcanzar las semifinales de Copa Libertadores.
Incluso, tras esta dura derrota en las finales del 2025, volvieron a salir a luz las últimas estadísticas negativas de Peñarol ante Nacional y, por supuesto, no quedaron en vano los precedentes adversos de Diego Aguirre como entrenador en partido clásicos. Ello, fue material de incentivo para los hinchas tricolores, dando una muestra de supremacía ante el técnico más ganador de los últimos años de su rival de todas las horas.
Lo cierto, es que Aguirre como técnico de Peñarol, volvió a tropezar ante su fantasma más desafiante cosechando una nueva derrota frente a Nacional y es lógico que las críticas y cierta reprobación cayeran sobre su pedestal por más que la mayoría de los hinchas carboneros no dejen de atesorarlo por todo lo que consiguió en el club como futbolista y entrenador.
Es que no hay misterios. Para muchos, “los clásicos son clásicos” y para los más fanáticos son partidos innegociables. Entonces, la exigencia para ciertos protagonistas, como por ejemplo Diego Aguirre, se vuelve un pedido a gritos. Una demanda que recae sobre sus hombros.
Son muchos los motivos que obligan a Peñarol a tener que dar vuelta la página cuánto antes. A diferencia de otras oportunidades, se podría decir que, el aurinegro, llega a este duelo casi que entre la espada y la pared, y no está excepto a las críticas ni mucho menos, sino que está sometido a dar una muestra de rebeldía en este 2026.
Cada partido será una prueba de fuego, es cierto. Pero este duelo, por todo lo que significa el clásico, por sus antecedentes negativos ante Nacional en el último tiempo, por el valor de un título en juego y por ser el puntapié inicial de la temporada, coloca a Peñarol en un contexto límite, donde no tiene margen para el error.
Peñarol, tiene la obligación de comenzar con el pie derecho en este 2026. Incluso, más obligación que su rival. Pero también, tiene una deuda pendiente junto con su actual entrenador. Ambos, el equipo y el propio Aguirre, ostentan una obligación que se volvió un contratiempo: ganarle a Nacional. Como sea.
