Revertir, como sea
River Plate, busca alternativas para revertir su crítico momento deportivo. El darsenero, no se queda de brazos cruzados y pone manos a la obra.
Raúl Salazar, campera y libreta en manos, en busca de un cambio drástico para el difícil momento que atraviesa River Plate.
Parece tan lejano de imaginar aquellos grandes momentos deportivos de River Plate en el fútbol uruguayo. Cuando era habitual candidato en las definiciones de cada temporada. Cuando frecuentaba ser revelación de cada torneo y solía ser ejemplo institucional para el resto de los clubes locales. Cuando solía acostumbrarse a clasificar a las copas internacionales, año tras año.
Durante más de una década, desde el 2008 hasta el 2023 aproximadamente, el darsenero se acostumbró a la ilusión, a la expectativa, a la ambición por la gloria, y por qué dejar de mencionar, si en parte también lo consiguió: River, se acostumbró al éxito. A estar entre los de arriba, no entre los de abajo. A mirar y augurar siempre la posibilidad de ganar un título, no la tabla del descenso.
Sin embargo, la actualidad del equipo darsenero, se muestra bastante distante a aquellos grandes momentos deportivos que supo vivir el club. Tan lejano parece imaginar aquellos grandes momentos de River, que para el hincha parece una eternidad, cuando en realidad solo pasaron dos años. Porque en 2023 el club clasificó a Copa Sudamericana. Esto, es un fiel reflejo de la forma victoriosa a la que supo acostumbrarse el hincha de River en el último tiempo.
Fueron dos años de pruebas a nivel institucional, donde el club buscó apostar a otra modalidad. Buscó apostar de lleno a un proyecto diferente, tomando como punto de referencia los juveniles. Sin embargo, su nuevo plan, a largo plazo por si acaso, lo terminó pagando caro a corto plazo. Porque su compleja realidad y actualidad, se refleja en los resultados deportivos y en las diferentes tablas de posiciones.
Después de varios años de caminar entre rosas y pedestales, hoy, aquel club que supo ser modelo para otros, navega en un mar de incertidumbre donde lo acecha la tabla del descenso. Sin dudas, es un momento crítico y delicado para una institución que no estaba acostumbrado a estas andanzas. Y vaya si esta realidad se vuelve hasta desconocida para muchos, cuando recordamos que el darsenero es el tercer club de Primera división, después de Peñarol y Nacional, en permanecer durante más tiempo en la máxima categoría del fútbol uruguayo. Hace 20 años de forma ininterrumpida que River compite en la divisional A, desde el 2005 hasta la fecha. Un mérito reconocido y de mucho valor entre los clubes locales.
Pero River no solo se acostumbró a jugar en la A, sino también a competir, a definir y a vestirse de candidato, clasificando a la Copa Sudamericana en 2008, 2009, 2010, 2013, 2014, 2019, 2020, 2022, 2023, y a Copa Libertadores en 2016. Por todas estas gestas, por sus vivencias históricas, y por las recientes, pero sobre todo, por lo que significa River en el fútbol uruguayo, su actualidad deportiva preocupa y mucho a su afición, y no es para menos.
Es más, sin miedo a la exageración, podríamos afirmar que solo un eventual milagro podría salvar al darsenero del descenso a falta de once fechas para el final. Deberá ejecutar cuánto antes un giro drástico a nivel futbolístico y de resultados para revertir la situación. Serán 33 puntos a prueba de fuego, donde deberá tomar su historia, orgullo, adhesión y apego por encima de cualquier otro factor para ir en busca de su gran anhelo de turno: permanecer en Primera división.
MANOS A LA OBRA
Previo al partido ante Peñarol, la dirigencia de River apostó por Raúl Salazar como nuevo entrenador. La decisión de cambiar de técnico no fue para nada sencilla, ya que tuvo que desvincular a Julio Ribas, un entrenador de carácter único y un temple especial, conocido por todos, de suma experiencia y trayectoria.
Sin embargo, a los directivos darseneros no les tembló el pulso a la hora de confiar en un hombre de la casa. Salazar, quien se encontraba dirigiendo a la categoría sub 19 de Peñarol, tomó al equipo en una situación crítica y con números muy preocupantes, pero con el mayor ánimo y confianza en poder revertir este crítico momento. Porque justamente, si algo no falta en River es la fe de poder cambiar la historia. El interés de su dirigencia en querer cambiar la pisada, es notorio.
Al reciente cambio de entrenador, se sumaron en estos días las contrataciones de los futbolistas Maximiliano Moreira (lateral izquierdo), Lucas Lemos (volante central) y el argentino Tomás Olmos (lateral derecho). Tres futbolistas que llegaron como para ser titulares. La apuesta deportiva apunta a reforzar lugares específicos en la defensa, donde últimamente se ha mostrado muy vulnerable. Aunque también, su escasez ofensiva está a la vista de todos: viene de cuatro partidos sin convertir. El club, es consciente de la sequía goleadora que vive el equipo y fue en busca de Rodrigo Pollero (delantero), a modo de solventar esta adversidad. Lo cierto, es que River debe renovar su juego y está obligado a modificar ciertas facetas que le han impedido sacar un mejor provecho.
El próximo sábado, el darsenero vuelve a emprender su camino hacia el objetivo único y primordial, y se mide nada menos que ante Nacional en el Parque Saroldi, en un desafío casi que determinante, como local y ante su propio público. Este partido, en cierto modo, puede transformarse en un golpe anímico fundamental de cara a futuro para el plantel darsenero, teniendo en cuenta la trascendencia del rival y en lo que puede llegar a afectar el resultado final. Es una gran oportunidad para despertar un puntapié inicial rumbo a una eventual ilusión.
River, no se queda de brazos cruzados y busca alternativas. Tampoco queda a la deriva de lo que pueda pasar, sin antes apostar a un cambio de aire. El darsenero, trabaja y pone manos a la obra de cara al objetivo primordial: mantener la categoría y su estatus como institución histórica en Primera división.
