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Se dilató la tormenta




La fotografía es de 1957. En el aeropuerto, para partir al Sudamericano de Lima, el joven José Sacía esta en el medio con lentes negros. A su derecha Edgardo González y a la izquierda el "Gallego" Taibo. Lucen el traje de la Asociación con el escudo de la AUF.


24 octubre, 2012
Sin Categoría

Las macanas que nos mandamos los periodistas de la “prensa escrita, oral y televisiva” de la capital, las leemos, oímos y vemos todos los días, a veces repetidas por Bendita TV, en cambio las de los del interior quedan ahí, lo mismo que sus aciertos y, con el tiempo, lo que parecía un error, puede resultar una verdadera profecía.

Buena parte de los relatores de fútbol que actuaron en Montevideo, como de los futbolistas, provino del interior del país; el coloniense Víctor Hugo Morales, el rochense Néstor Moreno, el carmelitano Raúl Barizzoni, que fue relator, el propio Máximo Goñi, Julio Ríos, de Lavalleja, el tacuaremboense Daniel López Moroy, que sigue llegando a transmitir a la capital con su rojiblanca y con la celeste, entre otros. Y decenas de emisoras radiales transmiten torneos de la Organización del Fútbol del Interior.

Artigas en el estadio 7 de Setiembre no perdía nunca. Una vez que Soriano le estaba ganando uno a cero, finalizado el partido los jugadores de Artigas cobraron un penal. El juez protestó, pero lo hicieron a un lado y empataron el partido. Después lo perdieron en la Liga. Pero en el 7 de Setiembre Artigas no perdía nunca. Una tarde, sin embargo, Paysandú le ganaba de visitante, dos a uno, una final del torneo del litoral, cuando en los descuentos un relator sanducero transmitió el último corner de Artigas.

–Viene el corner, entran varios a cabecear, salió el arquero, ¡la pierde…! Gol de Artigas ¡qué cagada! -y agregó a lo Solé-: Si se me permite el término poco académico.

En Tacuarembó había un relator que aplicaba a su manera el estilo poético de Víctor Hugo Morales. Cuando un tiro salía alto decía: “la pelota se precipitó hacia arriba”. Si pegaba violentamente en el travesaño, gritaba: “¡se incrustó en el palo!”. Si un puntero jugaba la pelota hacia el área a media altura, relataba: “viene el centro a media agua”. La tarde de un día que había amenazado lluvia, abrió el relato explicando que por suerte podía hacerse el partido y el público se había acercado al estadio. “Toda la mañana el cielo estuvo nublado, pero felizmente, al mediodía, la tormenta se dilató”.

Eso es lo que nos pasó este invierno que, a 24 de octubre, prosigue ventoso, lluvioso y frío. Las tormentas se dilataron. Al final, aquel relator radial de torneos de OFI resultó un verdadero profeta.

La fotografía es de 1957. En el aeropuerto, para partir al Sudamericano de Lima, el joven José Sacía esta en el medio con lentes negros. A su derecha Edgardo González y a la izquierda el “Gallego” Taibo. Lucen el traje de la Asociación con el escudo de la AUF.

Esta noche tormentosa, llega a mi casilla de correo una nota bibliográfica del director de la revista Conmebol, Jorge Barraza, fiel epígono de El Veco. En la nota, Barraza califica de “librazo” a Orsai en el Paraíso, del Pepe Sasía. “Fue editado en el ’92. Casi no se consigue, por lo que sería un egoísmo no compartir un trozo de esas anécdotas colosales del Pepe”, escribe Barraza, con buena puntería para elegir unas cuantas. Tiene razón. Voy a transcribir otra, la de un partido en una tarde de tormenta como la de ayer, cortinas de lluvia que no dejaban ver a diez metros de distancia y fuerte viento.

“Había vuelto a Defensor en 1970, con treinta y siete años, ya en el final de mi carrera de futbolista.

Era un domingo lluvioso, con viento y la cancha un barrial.

Defensor jugaba con Liverpool, de visitante, un partido muy difícil.

De entrada vimos que la defensa de Liverpool estaba bien plantada. Así que lo conversé a Hamlet Tabárez para salir jugando.

Al rato arrancamos del medio campo, se la damos a Hamlet y tira un cambio de frente que el viento se lo lleva muy largo.

–¿Qué hacés, Hamlet? ¿No quedamos en salir jugando?

–¿No ves que quise sorprender?

–¿Sorprender qué? Con pelotazos no les vamos a entrar.

Quedamos discutiendo de espaldas a la jugada hasta que Fontes le palmeó un hombro y dijo:

–Muy buena, Hamlet.

–¿Y vos todavía lo felicitás?

Cuando vinieron los demás compañeros a abrazarlo nos dimos cuenta de que había sido gol.

Había tan poca gente que no escuchamos los gritos.

Después nos contaron que Bernardico, el golero de Liverpool, resbaló y cayó tres veces antes de que el viento se la colgara de un ángulo.

Para las cien personas que había en Belvedere aguantando la lluvia, fue un gol histórico, de más de sesenta metros, casi de la mitad de la cancha… de casualidad.

Hoy, al hilvanar estas notas, me siento un poco como pienso se hubo de sentir Hamlet aquella tarde. Tiré un cambio de frente con Al fondo de la red (N de R: el primer libro de Sasía), fue gol y ahora sigue el partido, o empieza otro, o esta novela es el segundo tiempo o el alargue, como usted quiera. Pero uno no puede negarse a la vida. Todos los días, cada amanecer nos presenta un desafío nuevo y hay que salirle de frente.

Negarse a la vida es como querer ampararse bajo la luz de un fósforo”.