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Injusta victoria parcial en primer tiempo favorable a Perú




Forlan deja el campo en el primer tiempo lesionado en su tobillo y es duda para el próximo encuentro.


7 septiembre, 2013
Selección

Con gol de penal bien cobrado por el juez Loustau, los celestes ganaron el primer tiempo. Un partido duro y difícil donde la gran actuación de Muslera impidió que Perú ratificara en la red la superioridad que exhibió. La primera incidencia a favor de los incaicos, surgió de un offside muy claro no cobrado por el mismo árbitro Loustau. El argentino amonestó a Lugano y Godín quienes no jugarán ante Colombia.

Forlan deja el campo en el primer tiempo lesionado en su tobillo y es duda para el próximo encuentro.

Forlán deja el campo en el primer tiempo lesionado en su tobillo y es duda para el próximo encuentro.

Como es costumbre desde que las páginas de los diarios quedaron atrás y comenzamos hace trece años a escribir para este sitio, cuando se disputan los partidos sobre los que volcamos la opinión, lo hacemos “on line”. Es decir, vamos tecleando el pensamiento que nos surge al observar el desarrollo del juego.

Los resultados de los partidos anteriores confirmaron lo que escribí en la columna de opinión el martes pasado. Está aún colgado, ahí a la derecha de la pantalla. Argumentábamos sobre la validez del empate en el partido entre Uruguay y Perú. Lo anticipábamos sin conocer que Colombia y Chile vencerían en sus partidos a Ecuador y Venezuela, respectivamente. Ahora, materializados esos triunfos, más lo ratificamos: el empate le sirve –y mucho- a la celeste.

Por lo tanto, hay que procurar por todos los medios cerrar a cal y canto la zona defensiva que rodea el arco de Muslera. “Hay que echar culo”, como decía el gran y querido Hugo Bagnulo. Hay que apretar la línea final y la  del medio campo, para que no queden espacios, para que no surjan huecos entre ellas, donde los peruanos puedan armar la jugada ofensiva que desemboque en gol. Hay que jugar con la urgencia de Perú por la victoria –lo único que le sirve- para dejarlos venir, para “darles el dulce” como decíamos antes en el barrio, y sacar rápido y letal el contragolpe para intentar alcanzar la victoria.

¿Qué es difícil? Sí, por supuesto. ¿Qué Perú tiene una buena producción de local: perdió un solo partido, empató otro y ganó cuatro? Sí, claro que sí. Pero… En los tres partidos anteriores de este viernes ganaron los locales. Dentro de instantes comienza a cerrarse la fecha y… ¿no se registrará ningún empate o un triunfo visitante? Veremos. Confiemos…

Por allí, por otro lado, llegan “rumores” sobre algunas cosas que ocurrieron en las últimas semanas que –de pronto- también influyen en el desenvolvimiento del partido. También, como en 1989, los incaicos se pusieron el traje de malos deportistas y concretaron actitudes para molestar al rival. En aquella ocasión fueron huevos y un brujo. En esta, huevos y ruidos molestos para no dejar dormir. Los equipos están en la cancha. Se escuchan los himnos y el Uruguay todo está paralizado. Expectante. Nervioso. Comienza a decidirse la asistencia o no a la próxima Copa del Mundo. La moneda está en el aire…

EL PRIMER TIEMPO

Los minutos iniciales muestran a los celestes replegados. Luego de una intentona de Suárez por la derecha, dentro del área y una pelota quieta ejecutada por Forlán desde la izquierda, los peruanos pasaron a controlar el juego. Para que ello fuera posible comenzaron a disponer de la pelota tocándola de primera en la mitad de la cancha. Un desborde por la izquierda con centro pasado al segundo palo, encontró a Farfán ganándole la espalda a Cáceres, cabeceando alto y afuera.

Una pelota que persiguió Forlán por la banda izquierda culminó en una infracción de la que el oriental resultó sentido. Algo lesionado. Sobre ese mismo lateral, minutos después, se generó una distracción entre Cáceres y Arévalo Ríos que originó un tiro libre. Lo ejecutaron los peruanos con el pizarrón, destaparon a Farfán cuyo remate con destino de gol lo trabó Gargano con gran esfuerzo e inteligencia para salir de la barrera a marcar, enviando al córner.

A los doce minutos, con Uruguay lanzado al ataque, Guerrero controló una pelota en la media luna. Metió quinta velocidad y se fue directo, como un cuchillo caliente metiéndose en la manteca. Expreso hacia el corazón del área, con la línea final oriental adelantada. Colocó el pase justo, cruzado, dejando solo a Pizarro. ¡Offside claro! El juez argentino Loustau –una de las preocupaciones del partido para nosotros-, metió el “siga, siga” y Pizarro quedó cara a cara con Muslera. Estaba el gol. El remate y la gran ataja del golero oriental impidieron que el ¿error? del juez se convirtiera en injusticia…

La jugada y la posibilidad de gol ambientó el mejor momento de Perú. Controlaron la pelota, la pusieron contra el piso y comenzaron a complicar a Uruguay dominando el medio campo, donde Arévalo Ríos y Gargano no podían contener el aluvión que se les venía. Cristian Rodríguez perdido por la izquierda no aportaba ni marcación, ni salida clara hacia arriba. Un pelotazo aéreo que fue a buscar Lugano con todo, generó un encontronazo en el aire con el peruano Farfán.  hocaron entre ambos. La tarjeta amarilla de Loustau para el capitán uruguayo –injusta a mi juicio-, volvió a poner en evidencia la actitud localista del juez argentino. Me lo temía… Lugano quedó en capilla y sin posibilidad de jugar el martes antes Colombia.

A los veinte minutos, con Perú dominando totalmente el juego, llegó la segunda ocasión clara de gol de los dueños de casa. En esta oportunidad sin que contara con el favor del juez. Pelota cruzada desde el centro hacia la derecha para el ingreso solitario de “Cachito” Ramírez en diagonal de izquierda a derecha. Notable salida de Muslera para “ahogar” al atacante que entraba solo y… el remate forzado del jugador peruano salió afuera lamiendo el palo derecho.

Minutos después, mientras Forlán pedía el cambio por lesión, un choque -también aéreo- entre Gargano y Paolo Guerrero produjo un corte profundo en la frente del peruano que salió de la cancha “bañado en sangre”.Una incidencia casual ya que no se advirtió ningun intento agresivo del sanducero celeste.  Cristian Stuani ingresó por Forlán, variante que sorprendió a todos quienes pensaban –por ejemplo- en la chance para Gastón Ramírez. ¿O para Lodeiro ya que Uruguay  no encuentra la pelota en la mitad de la cancha? La presencia de Stuani resulta una gran interrogante.

Los minutos siguientes –sorpresivamente- mostraron a Uruguay en su mejor momento en la etapa. ¿El motivo? El trabajo interesante que comenzó a realizar Stuani por la derecha, como carrilero, pasando el equipo decididamente a un 4-4-2. Una combinación entre Suárez y Maximiliano Pereira con centro peligroso que se fue al córner. Del tiro de esquina el rebote y un centro “banana” de Cáceres habilitó a Stuani, casi sobre la línea final sin poder definir. Cuando Perú rompió el asedio y lanzó un ataque cortado por Godín, en la salida del defensor uruguayo hacia el ataque, lo talaron feo demostrando –una vez más- la vehemencia con que ambos equipos encaraban todas las acciones del juego.

Perú mantuvo su accionar ofensivo. Se apoderó nuevamente de la pelota y se colocó en franca posición de ataque. Desde la zona central donde “Cachito” Ramírez se hizo incontrolable surgieron los avances con continuidad exigiendo a la última retaguardia. Pasados los treinta y cinco minutos, Farfán armó un “jugadón” por la punta izquierda. Dejó por el camino a Maximiliano Pereira. Cuando parecía que la pelota se le iba afuera, la capturó metió el freno y el amague, haciendo pasar de largo a Godín. Buscó posición y sacó un medido centro al segundo palo. Pasado. Pizarro se elevó sobre Gargano, metió el cabezazo hacia abajo, contra el palo. Estaba el gol… ¡Muslera impresionante evitó el tanto con su estirada!

Todo pintada de albirrojo. La propia confianza de los peruanos –que aparecían “agrandados” en cada acción- así lo demostraba. Pero… Se confiaron demasiado permitiendo que una pelota llevada por Uruguay a los empujones, se fuera al córner desde la derecha. El centro determinó un “esgrimage” -como narraba Carlos Solé- dentro del área. La pelota derivó hacia el lateral izquierdo de la ofesnvia oriental. La peleó Cristian Rodríguez logrando meterse en el área. Se entreveró. Quedó para  Cavani quien ensayó interesante arremetida. Lo trabaron. Cuatro peruanos buscaban llegar a cortar la jugada procurando conseguir la pelota hasta que… ¡tomó contacto con ella Suárez! ¡El inmenso  Suárez y su increíble potencia! Esa potencia que lo ha transformado en uno de los mejores atacantes del mundo. Forcejeó ante dos peruanos que rebotaron como muñequitos en su musculosa humanidad. Buscó la posición, preparó el remate oblicuo, desde difícil posición protegiendo la pelota con su pierna derecha. Justamente sobre ella impactó el violento “patadón” de Advíncula. Suárez cayó al suelo. ¡Penal claro! Miré a Loustau quién no dudó y marcó la clara falta.No se “achicó” el árbitro en esta ocasión. La ejecución perfecta de Suárez –con clase y calidad- puso a Uruguay en ventaja en Lima. Injusta ventaja. Hasta ese momento Perú resultó una fuerza superior a los celestes, que no tradujo su mejor juego en la red solamente por la gran actuación de Muslera salvando tres goles “cantados”. Aunque el primero de ellos –cuando Pizarro remató sólo- surgió de un error del juez que no sancionó la clara posición adelantada del piloto incaico.

Los minutos finales de la etapa fueron de alto voltaje. Los peruanos que mostraron en la cancha una mala agresividad, una violenta forma de actuar seguramente inducida por el entrenador Markarían, “perdieron la cabeza”. Como dice el Presidente Mujica, “se les fue la moto”. Y comenzaron a golpear. Eligieron a Suárez para meterle un rodillazo en las costillas. También allí estaba la “mano” de Markarían buscando la reacción de la estrella del Liverpool. Pero Luis se la bancó en el suelo. Aguantó el pelotazo que le tiró Yotún. Se bancó cuando lo agarró de un brazo y lo zarandeó en el suelo procurando que se parara rápido para reiniciar el juego. Presto llegó el juez Loustau a la incidencia de fácil visualización. Rápidamente le mostró la tarjeta roja, totalmente justificada, al peruano. En cambio, no pareció lógica la amarilla que le exhibió a Godín, quién tardíamente llegó a la zona de la incidencia buscando separar a los compañeros que “se querían comer crudo” al peruano agresor.

En medio de un clima de guerra llegó el final de la primera parte, después de un ataque uruguayo por la derecha que culminó “cortado” por otra fuerte agresión de un zaguero. En esta ocasión el damnificado fue Stuani que cayó tendido en el campo. Cuando un Suárez rengueando se aprestaba a ejecutar la infracción a favor de Uruguay con centro al área, Loustau impidió la reanudación del juego decretando la finalización de la primera etapa.


Etiquetas: Selección uruguaya