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Un Clausura que no alcanzó

A pesar de los títulos que conquistó en el año —Intermedio, Copa Uruguay y Torneo Clausura—, Peñarol terminó redondeando un año negativo, cayendo en el final y pagando caro sus errores.




Lucas Hernández y Maximiliano Olivera alzan el trofeo del Torneo Clausura, luego de vencer a Defensor Sporting en la penúltima fecha.


31 diciembre, 2025
Peñarol

El fútbol se mide por resultados y los años deportivos suelen ser recordados, principalmente, por los campeones. En un año donde Peñarol sumó varios títulos y buenos resultados, pero donde no se quedó con lo más importante —el Campeonato Uruguayo—, la institución termina cerrando un balance negativo del 2025.

 

Luego de un 2024 de ensueño, Peñarol auguraba un año lleno de ilusión, que comenzó con un hito histórico: la compra de la ficha de Leonardo Fernández por siete millones de dólares. El deseo de todos los carboneros se había cumplido y se perfilaba la conformación de un equipo estelar para enfrentar el año. 

 

Sin embargo, el inicio de la temporada fue catastrófico. A las bajas sensibles que sufrió el equipo en puestos claves, y que nunca logró suplir, se le sumó un pésimo comienzo en lo deportivo, con dos derrotas clásicas y un Torneo Apertura para el olvido. 

 

Llegó el Torneo Intermedio y Peñarol, entonado por la clasificación en la Copa Libertadores, mejoró su postura y comenzó a sumar un buen volumen de puntos, coronándolo con el título —por primera vez en su historia— ante Nacional. 

 

Pero luego llegó el Torneo Clausura, donde Peñarol se jugó el año y pasó por todos los momentos y ánimos posibles.

 

Comenzó de la mejor manera posible, tras haberse consagrado campeón del Torneo Intermedio y volviendo a ganar, y golear, a Nacional, esta vez en el Campeón del Siglo. La superioridad en el juego y en el resultado fue contundente, incluso sorpresivo, ya que cortó una racha invicta histórica de su rival de todas las horas y le generó, además, una profunda crisis de confianza el técnico de aquel momento, Pablo Peirano, así como con el rendimiento del equipo, cuestionado y criticado en cada partido a partir de allí. 

 

Apenas era la segunda fecha y Peñarol y el clásico ya se posicionaba como una final anticipada, donde el ganador daría un golpe fuerte sobre la mesa y en el campeonato. Con el triunfo, el equipo de Diego Aguirre se puso por encima en el Torneo Clausura y se permitió la ilusión de una posible remontada en la Tabla Anual, en la cual también se acercó luego de la quita de puntos que sufrió el Tricolor.

 

Aún con mucho por jugarse, el camino parecía estar allanado. Peñarol se había sacado el primer peso importante y ahora le llegaba el turno de la Copa Libertadores, donde se enfrentó a Racing de Avellaneda y no logró avanzar de fase por detalles. En medio del ida y vuelta internacional, jugó la tercera fecha del Clausura contra el Boston River de Jadson Viera, en Florida, donde cosechó una derrota que, en aquel contexto, fue minimizada, pero que terminó siendo importante. 

 

UNA RACHA GANADORA Y ERRORES QUE COSTARON EL PUNTOS DE ORO

 

Tras la derrota frente a Boston River en la tercera fecha hasta la décima fecha, Peñarol, ya abocado plenamente a la competencia local, jugó siete partidos, de los cuales ganó seis y solo perdió puntos en el empate 2:2 ante Liverpool en Belvedere, por la séptima fecha. De 21 puntos, Peñarol sumó 19 y eso le permitió afianzarse en la cima del Torneo Clausura, al mismo tiempo que ejerció presión de manera constante en la Tabla Anual, sobre Nacional.

 

Luego del mal primer semestre, el club mirasol se proponía ir por todo con el objetivo de conseguir el bicampeonato y la posibilidad se hizo real. Pero en la fecha 11, Peñarol recibió un golpazo.

 

El equipo de Diego Aguirre se enfrentaba a Miramar Misiones en el Estadio Landoni de Durazno. El escenario fue llenado de hinchas carboneros y el rival cebrita se encontraba en el borde del abismo de perder la categoría. Luego de haber vencido a Danubio y a Cerro Largo en los partidos anteriores, Miramar se posicionaba como un rival de menor exigencia, donde Peñarol tenía la obligación y el favoritismo absoluto de ganar. Pero como suele suceder en el fútbol, y eso es lo grandioso de este deporte, hubo sorpresa y lo que todos esperaban, no sucedió.

 

En el primer minuto de juego, Miramar se puso en ventaja tras un cúmulo de groseros errores de la defensa carbonera, y justo antes del descanso la diferencia aumentó desde un penal cometido por Pedro Milans. El golpe del 2:0 fue tan bajo que Peñarol, a pesar de arrasar a su rival en el segundo tiempo y de lograr empatar el juego con doblete de Matías Arezo, terminó dejando dos puntos en el camino que valieron como una derrota.

 

El golpe anímico de dicho resultado caló hondo en la confianza y en los ánimos del equipo, que además debía lidiar con las interminables bajas por lesiones, y generó una inestabilidad que ponía en peligro el objetivo.

 

En la siguiente fecha, Peñarol se repuso con una goleada 3:0 frente a un flojo Wanderers, y en su siguiente parada tenía a Cerro, el cual fue otro de los partidos bisagras que tuvo el campeonato.

 

Era la antepenúltima fecha y la tensión por la definición se hacía cada vez más fuerte. El partido se comenzó a jugar mucho antes de que la pelota se pusiera en movimiento. Durante la semana previa, un terremoto de polémicas y de juegos políticos entre instituciones, en torno al escenario en donde debía jugarse el partido, finalmente terminó con Peñarol yendo al Estadio Luis Tróccoli, pero sin su gente, por decisión del Ministerio del Interior.

 

La novela que se dio fuera de las canchas pareció repercutir en el ánimo del equipo de Aguirre, que salió a la cancha de Cerro bajo un diluvio y una tarde negra, anticipando el desenlace que tendría el encuentro para Peñarol. El Carbonero jugó uno de sus peores partidos del año, con una pálida expresión futbolística y cayó 2:0 ante Cerro, que aprovechó los horrores de Brayan Cortés en el arco para sacar ventaja. A partir de este partido, el arquero chileno estuvo en el centro de las críticas y fue tildado como uno de los principales responsables de los puntos perdidos aquella tarde.

 

Los puntos que Peñarol perdió tanto con Miramar Misiones como con Cerro fueron aún más dolorosos ante los tropiezos que tuvo Nacional, que representaron oportunidades inmejorables para torcer el tablero de la Tabla Anual y acariciar el bicampeonato, pero fueron desaprovechadas.

 

En la penúltima fecha, Peñarol abrochó el Torneo Clausura tras ganarle de atrás, y con autoridad, a Defensor Sporting, y se aseguró su lugar en la definición del campeonato. Luchó hasta el final por la Tabla Anual, pero se quedó corto por un punto, perdiendo así la ventaja deportiva que esta última otorga y sumando un desgaste extra, por la semifinal ante Liverpool.

 

En suma, el Torneo Clausura de Peñarol se podría dibujar como una montaña rusa de emociones, donde logró solidez e ilusión pero que, por detalles y errores puntuales, pero graves, no pudo sostenerla en los momentos claves.

 

LAS LESIONES: EL GRAN DOLOR DE CABEZA

 

El año de Peñarol también estuvo marcado por lo sanitario. Las lesiones persiguieron al equipo y fueron la gran pesadilla de Aguirre, quien fue perdiendo soldados a lo largo del campeonato y llegó al final con un equipo diezmado, limitado en su capacidad y deformado en cuanto al estilo que el técnico busca plasmar en cancha.

 

Desde el comienzo del Torneo Apertura las bajas por lesiones comenzaron a golpear al equipo y no pararon incluso en las finales. En el medio, Peñarol perdió a jugadores importantes.

 

Cuatro jugadores sufrieron roturas de ligamentos cruzados: Tomás Olase, Germán Barbas, Eduardo Darias y Javier Cabrera. Este último, quizás, fue la baja más sensible que sufrió Aguirre, ya que se trata de un jugador clava en el sistema de juego que implementa el técnico, con velocidad y desbordes en los extremos. Peñarol nunca logró reemplazar la ausencia del “Cangrejo”, quien además venía teniendo rendimientos de alta efectividad.

 

También perdió a David Terans, un jugador que no tuvo la continuidad deseada, pero que apareció en momentos importantes para aportar una calidad única en el juego. El volante ofensivo sufrió una rotura parcial del tendón de Aquiles y se transformó en una baja que, con el paso de los partidos, se hizo sentir de manera profunda. Y sobre el final del campeonato, con el desgaste de la actividad, el equipo también sufrió bajas por lesiones musculares que lo limitaron dentro de la cancha. Incluso en las finales, Lucas Hernández terminó la primera de ellas con una lesión en su rodilla.

 

PEÑAROL EN LAS FINALES: SU PROPIO ENEMIGO

 

A pesar de las bajas y a pesar de los tropezones importantes que Peñarol sufrió en el Torneo Clausura, el equipo logró consagrarse en dicho torneo y también logró superar a Liverpool en la semifinal, en un partido emocionante, donde dio vuelta el resultado en el alargue.

 

Llegaron las finales con el sabor especial por ser en las respectivas canchas de los grandes. El sorteo indicó que Peñarol sería local primero y los hinchas colmaron el estadio, pero el equipo en la cancha no estuvo a la misma altura, al menos en la primera parte.

 

La primera final fue un fiel reflejo que resume lo que fue el segundo semestre carbonero: errores que cuestan caros —le regaló dos goles a Nacional por fallas graves en la defensa— y rebeldía, con más actitud que fútbol, para intentar revertir los momentos adversos —el descuento de Matías Arezo justo antes del descanso—.

 

Para el segundo tiempo, Peñarol salió decidido a pasar por arriba a lo que tuviera enfrente, y así lo hizo. Logró empatar el partido por medio de Leo Fernández y el 3:2 estuvo latente en todo momento, tanto para un lado como para el otro. Pero, sin embargo, todo terminó en empate. Un empate que dejó a Peñarol en desventaja y que condicionó la revancha.

 

En el Gran Parque Central, el planteo fue defensivo, de seguridad antes de ataque y de minimizar los riesgos. Pero Nacional, empujado por el aliento de sus hinchas y por la jerarquía de sus delanteros, presionó, insistió y puso en aprietos al equipo carbonero durante todo el partido. Nacional lo buscó y Peñarol, cuando pudo, respondió de manera aislada. 

 

En el alargue, cuando el desgaste de las piernas comenzó a pesar, Peñarol se quedó sin alternativas, sufrió las malas decisiones que tomó Aguirre con los cambios y apareció Christian Ebere, quien ya había sido un dolor de cabeza en el primer encuentro, y volvió a serlo en esta ocasión, sentenciando el campeonato con un gol agónico, que terminó de teñir de rojo, azul y blanco el Campeonato Uruguayo 2025.

 

Por lo tanto, el año de Peñarol terminó con balance negativo y con muchas autocríticas por hacer de cara al 2026. El Torneo Clausura no alcanzó y terminó pagando caro los errores.