Home   »   Peñarol

Peñarol, año reprobado

Luego de perder las finales clásicas, Peñarol cerró un año complicado con mala nota, del cual deberá realizar una profunda autocrítica para apostar por un mejor 2026.




Leonardo Fernández y Diego Aguirre intercambian palabras bajo la intensa lluvia que cayó durante la final clásica en el Gran Parque Central.


2 diciembre, 2025
Peñarol

Peñarol no pudo contra Nacional en el Gran Parque Central. Luchó, corrió y afrontó las finales del Campeonato Uruguayo con un equipo diezmado y limitado, aunque con personalidad. Pero, sin embargo, estuvo lejos de su mejor versión futbolística y lo pagó muy caro tanto en la ida como en la vuelta. De esta manera, el equipo mirasol cerró el año con una profunda amargura y con sensaciones negativas.

 

Estaba previsto que las finales ante Nacional determinarían, para bien o para mal, el balance del año. Por lo tanto, si se pasa raya, el año carbonero se califica con mala nota, pero no solo por las finales perdidas. Los mercados de pases no fueron bien aprovechados, no se reforzó al equipo de buena manera y varios jugadores mostraron bajones preocupantes en su rendimiento. A su vez, al entrenador, Diego Aguirre, le costó encontrar el mejor equipo y tomó malas decisiones en momentos y en partidos claves. En cuanto a resultados y, en materia de clásicos, además, los números tampoco fueron buenos: se disputaron siete y Peñarol ganó dos —uno de ellos, el del Torneo Intermedio, por penales—, empató dos y perdió tres.

 

Pero de todas formas, Peñarol también pasó por ciertos momentos de luz, donde sumó títulos nuevos a su vitrina —Intermedio y Copa Uruguay—, pero que no fueron suficientes como para revertir la mala imagen general.

 

A continuación, repasamos todos los fichajes que realizó Peñarol en 2025 y evaluamos el recorrido del equipo a lo largo de la temporada.

 

INCORPORACIONES QUE NO CONVENCIERON Y LA PESADILLA DE LAS LESIONES

 

Luego de consagrarse campeón uruguayo en 2024, el trabajo de Peñarol para comienzos de 2025 se centró en retener la máxima cantidad de jugadores del equipo consagrado, al mismo tiempo que reforzar aquellas zonas que quedaron debilitadas tras la salida de algunos jugadores. En el primer aspecto, Peñarol no solo cumplió, sino que, además, hizo historia en el fútbol uruguayo al comprar la ficha de su máxima figura, Leonardo Fernández —quien cambió su dorsal número 8 por el 10—, por siete millones de dólares. Y si bien Fernández no repitió su actuación desnivelante del año pasado en 2025, no deja de ser un logro para el club haberlo mantenido. Pero en el segundo punto, el de los refuerzos, igual o incluso más importante que el primero, Peñarol falló de manera estrepitosa.

 

De todas las incorporaciones, la que colmó —y superó con creces— las expectativas fue la del volante central argentino, Eric Remedi. Fue el único jugador incorporado que logró tener regularidad de presencias y de buenos rendimientos, incluso convirtiéndose en una figura fundamental del equipo, ya renovado para jugar todo el 2026. La vuelta de Matías Arezo también representó un acierto, con un buen aporte de goles y con actuaciones importantes en momentos complicados, aunque sin la regularidad de juego deseada. Diego García, un escalón más abajo, también respondió de buena manera en la cancha. El resto de las altas, por distintas circunstancias, no conformaron.

 

Lista de incorporaciones de Peñarol en 2025:

 

Martín Campaña: llegó en enero como sustituto de Washington Aguerre y nunca se afianzó bajo los tres palos. Llegó fuera de forma y sin ritmo, nunca se adueñó de la titularidad del arco y luego fue relegado por Brayan Cortés. Atajó en un total de 24 partidos, sumando ocho vallas invictas.

 

Gastón Silva: probablemente la contratación más cuestionada y criticada del mercado aurinegro. Llegó al club en enero, junto con Campaña, como dos nombres de jerarquía para reforzar el plantel. Sin embargo, al igual que el guardameta, Silva llegó fuera de condiciones para jugar. Su debut fue recién en abril —ingresó en el partido ante Cerro y se suspendió—. En total acumuló 411 minutos de juego en toda la temporada, repartido en once encuentros.

 

David Terans: llegó como el gran refuerzo de calidad para el plantel aurinegro. Sin embargo, debido a sus características y su posición, similares a las de Leonardo Fernández, al “Rey” le costó meterse en la cancha. Juntos no rindieron y eso lo llevó a pasar mucho tiempo en el banco de suplentes. En sus inicios no mostró buen ritmo, pero cuando se adaptó, tuvo pasajes de buen nivel y aportes importantes en la red. En su pico de rendimiento, jugó poco, y tras su lesión, fue una baja importante que el equipo extrañó. Jugó, en total, 1411 minutos en 29 partidos —un promedio de 49 minutos por encuentro—, donde repartió cinco asistencias y convirtió siete goles —entre ellos, el tanto de la victoria ante Racing, por la ida de los octavos de final de la Copa Libertadores—. Con más oportunidades y minutos en cancha, Terans podría haber sido una figura importante de Peñarol.

 

Eric Remedi: como fue mencionado, el volante argentino fue, por lejos, el jugador más destacado entre las incorporaciones. Se adaptó rápido y gracias a su buen despliegue físico, su inteligencia para realizar el balance defensivo en la mitad de la cancha, y su visión para funcionar como nexo en la salida desde el fondo, lo llevaron a ganarse un lugar indiscutible en la oncena titular de Aguirre. Jugó un total de 44 partidos en la temporada y convirtió tres goles —dos de ellos, ante Olimpia de Paraguay y ante Cerro Largo, golazos—.

 

Diego García: la incorporación más polémica del mercado carbonero, debido al contexto legal que rodeaba al jugador, el cual terminó con su rescisión de contrato luego de la primera final ante Nacional. Disputó más de 2.300 minutos en 47 partidos, con momentos de titularidad, y otros de suplencia. Pasó por altibajos, pero en más de una ocasión, fue el as bajo la manga de Aguirre, siendo un revulsivo clave y de gol. Convirtió cinco tantos y repartió seis asistencias.

 

Alexander Machado: llegó como una pieza de recambio en el ataque, pero no fue tenido en cuenta por el técnico. Fue convocado en 17 ocasiones, disputó solo 387 minutos y convirtió dos goles. Mostró actitud e intensidad, pero le faltó claridad. Hubiera sido, quizás, una carta importante en el tramo final del año, tras las numerosas bajas que sufrió el equipo, pero el delantero fue cedido a mitad de año a Defensor Sporting.

 

Héctor Villalba: Peñarol apostó un cupo de extranjero al extremo argentino de 31 años, quien venía de jugar junto con Remedi en Estados Unidos y cuya velocidad en el extremo prometía. Sin embargo, Aguirre le dio pocas oportunidades. Apariciones aisladas, pero determinantes. Jugó 679 minutos en más de los 20 partidos en que fue convocado, convirtiendo cuatro goles y brindando dos asistencias. Algunos de sus aportes en la red valieron triunfos y puntos importantes. Su lesión ante Miramar Misiones lo dejó fuera el resto del año.

 

Matías Arezo: luego de un inmenso esfuerzo por parte del propio jugador, Arezo, un anhelo de los hinchas y de la dirigencia, regresó a Peñarol luego de su pasaje en 2023 para encarar la segunda mitad del año e ir a por la gloria. Sin embargo, debido al esquema de Aguirre, quien suele jugar con un solo centrodelantero, al delantero de 23 años le costó encontrar sus oportunidades. En el tramo final del campeonato, Arezo mostró una efectividad que al entrenador se le hizo imposible de ignorar, por lo que comenzó a tener más minutos en la cancha, compartiendo el ataque con Maximiliano Silvera, siendo determinante en varios partidos y destacándose como una de las figuras de Peñarol en las finales. Aportó 12 goles en 24 partidos jugados.

 

Brayan Cortés: el deseo de Aguirre se cumplió. Luego de la salida de Guillermo De Amores a mitad de año, el club incorporó al arquero chileno que había pedido el técnico desde la temporada pasada. Llegó y, a las pocas horas, tuvo un debut auspicioso nada menos que ante Nacional. Atajó durante todo el segundo semestre. Pero, sin embargo, no dio las garantías ni mostró la solidez que se esperaba. Además, cometió errores aislados, pero que costaron caro. En la derrota ante Cerro, el arquero fue responsable de los goles rivales que le arrebataron tres puntos fundamentales al equipo. Registró 10 arcos en cero y recibió 18 goles en 21 partidos jugados. En suma, es un arquero con buenas condiciones, pero que no terminó de colmar las expectativas.

 

Alejo Cruz: llegó para reforzar el extremo luego de la lesión del “Cangrejo” Javier Cabrera. Sin embargo, se lesionó apenas desembarcó en filas aurinegras y luego no logró meterse en el equipo. Apenas sumó un puñado de minutos, pero no fue tenido en cuenta.

 

Jaime Báez: fue una incorporación “desesperada”, en la necesidad de sumar un extremo y luego de haber sufrido la baja por lesión de Cruz. Báez se fue de Peñarol a mitad de año, luego de un mal primer semestre, y regresó un par de meses después, donde no logró cambiar su imagen negativa y cuyos aportes al equipo fueron escasos.

 

UN COMIENZO OSCURO

 

Peñarol inició la temporada de manera catastrófica. Durante el verano, el equipo de Diego Aguirre, en pleno rearmado tras las bajas que se dieron luego de conquistar el campeonato de 2024, participó de la Serie Río de La Plata y disputó la Supercopa. Y no solo no ganó ninguno de sus partidos, sino que, además, perdió los dos clásicos que se disputaron en menos de una semana —el primero amistoso y el segundo por la Supercopa—.

 

En febrero, comenzó el Torneo Apertura, donde Peñarol tampoco encendió sus motores a su máxima capacidad y mostró una preocupante irregularidad. En la segunda fecha visitó el Gran Parque Central y empató 1:1 con Nacional. Tres clásicos jugados, ninguno ganado. El equipo mostró grandes falencias defensivas, así como ofensivas. Le costaba sumar en las redes rivales, al mismo tiempo que le llegaban y le convertían con facilidad. No se notó la preparación de la pretemporada y hubo niveles individuales muy bajos, como, por ejemplo, de Maximiliano Silvera y del 10, Leo Fernández.

 

De esta manera, el primer torneo corto del carbonero fue para el olvido, con malos resultados—sufrió duras derrotas en el Campeón del Siglo, ante Racing y Liverpool— y un nivel colectivo preocupante. Quedó fuera de la lucha con varias fechas de anticipación y terminó en la cuarta posición, cinco puntos por debajo del campeón, Liverpool, a cuatro del segundo, Nacional, y a tres del tercero, Juventud, que fue la revelación del campeonato. El campeonato se le hizo cuesta arriba desde temprano.

 

El punto más positivo dentro de este pasaje —y quizás el único— fue la “revelación” del zaguero de 20 años, Nahuel Herrera, quien ya había tenido participaciones aisladas en el pasado, pero no había logrado afianzarse. En la octava fecha del Apertura, Herrera se destacó como figura, convirtiendo incluso su primer gol con la camiseta de Peñarol, ante Juventud. A partir de ahí, el defensa se ganó un lugar indiscutible en la oncena titular como un bastión, y terminó siendo uno de los jugadores más destacados del año, mostrándose al mundo como una gran promesa.

 

CLASIFICACIÓN EN COPA LIBERTADORES Y EL INTERMEDIO A LA VITRINA

 

Sobre el final del Torneo Apertura, luego de haber comenzado con el pie izquierdo su participación en la Copa Libertadores, Peñarol se repuso con dos victorias trascendentales que le terminaron dando, por segundo año consecutivo, la clasificación a los octavos de final. El primero de ellos fue la goleada 3 a 0 ante San Antonio Bulo Bulo, en la asfixiante altura de Bolivia. El segundo, fue la victoria de atrás en el Campeón del Siglo, 3 a 2, sobre Olimpia de Paraguay, en una muestra de jerarquía y de personalidad que el equipo, hasta el momento, no había expresado. Logró revertir un 2:0 y sacó el boleto a los octavos de final.

 

Luego comenzó el Torneo Intermedio, el cual, desde su primera edición, se le presentó como una piedra en el zapato a Peñarol. Sin embargo, este año rompió la mala racha, se metió en la definición y se cobró revancha en la final ante Nacional —quien en 2024 le arrebató el título, también por penales—.

 

ELIMINACIÓN DE LA COPA Y LA PESADILLA DE LAS LESIONES

 

Con la final del Torneo Intermedio, Peñarol llegó entonado al Torneo Clausura y lo comenzó de la mejor manera: con la contundente victoria clásica 3:0 sobre Nacional en el Campeón del Siglo. Fue el mejor envión anímico que el equipo de Diego Aguirre pudo recibir, sobre todo porque, inmediatamente después, debía afrontar los octavos de final de la Copa Libertadores ante Racing de Avellaneda. El técnico decidió priorizar al máximo la competencia internacional, ganó el primer partido en el Campeón del Siglo y decidió colocar un equipo alternativo ante Boston River, por la tercera fecha el Clausura que cayó entre medio de los duelos de copa. Por lo tanto, Aguirre arriesgó y Peñarol perdió tres puntos claves nada menos que ante el equipo dirigido, en aquel entonces, por quien terminó arrebatándole el campeonato: Jadson Viera.

 

Peñarol viajó a Argentina y, a pesar de que estuvo a la altura ante un rival duro y su muestra de personalidad fue indiscutible, el equipo quedó eliminado por errores defensivos insólitos y por una mala gestión del equipo por parte de Aguirre, con cambios inesperados e injustificados que minaron la capacidad ofensiva del equipo, así como su postura en la cancha. Esto fue un fiel reflejo de los problemas que Peñarol afrontó durante todo el año y que, incluso en las finales del Campeonato Uruguayo, no logró corregir. 

 

El golpe de la eliminación fue duro, pero el equipo, ya abocado de lleno a la competencia local, encadenó varios triunfos consecutivos. Sin embargo, una pesadilla que el club arrastraba desde el principio de la temporada se intensificó aún más en este momento: las lesiones.

 

Peñarol ya había perdido a varios jugadores en el camino por lesiones. Tomás Olase, Germán Barbas y Eduardo Darias cayeron en el primer semestre. Pero todo se complicó cuando Javier Cabrera, una pieza fundamental en el esquema de Aguirre, se rompió los ligamentos cruzados en la sexta fecha del Clausura, ante Plaza Colonia. El equipo —y Aguirre— sufrió una baja que nunca pudo suplir y que tras sumarse, también, la baja de David Terans por una lesión en el tendón de Aquiles, dejó en evidencia una gran falencia: el plantel era corto, no había sido bien reforzado en los mercados y no podía tapar los agujeros que dejaban las bajas, tanto por falta de jugadores que cumplieran dichos roles de forma natural, como por los bajos rendimientos que mostraron las incorporaciones.

 

De esta manera, Peñarol comenzó a sufrir el tramo final del campeonato.

 

PUNTOS QUE DOLIERON Y LA CRÓNICA DE UNA MUERTE ANUNCIADA

 

En la séptima fecha del Clausura, Peñarol empató con Liverpool en Belvedere y dejó por el camino dos puntos importantes. A partir de este momento, el nerviosismo creció, ya que Nacional logró acortar sus distancias en la tabla del Clausura y el año de Peñarol tomó tintes de incertidumbre. El rendimiento del equipo también bajó y Aguirre no encontró soluciones ni a las bajas ni a los problemas que se le presentaron en la cancha, los cuales pasaron, principalmente, por la falta de claridad a la hora de generar y por la enorme ineficacia para convertir goles.

 

La desesperación creció y la presión también. Y así llegó Peñarol al duelo ante Miramar Misiones, que se jugó en el Estadio Landoni de Durazno. Un partido que en la previa se presentaba como accesible, se hizo rápidamente cuesta arriba y le terminó costando la pérdida de dos puntos fundamentales tanto para el Clausura como para la Tabla Anual. El campeonato ya comenzaba a tomar sabor a definición, y cada punto valía oro. Algo que Peñarol no pareció entender ni aprovechar, ante los numerosos tropiezos que también tuvo Nacional.

 

En la decimotercera fecha, luego de una semana de polémicas y de mucha discusión por fuera de la cancha, Peñarol visitó el Estadio Tróccoli para enfrentar a Cerro en un duelo que, gracias a la crisis que vivía Nacional, podría significar un golpe sobre la mesa. Pero en lugar de sacar a relucir la jerarquía y la personalidad que demostró en algunos partidos del año, Peñarol jugó, en cambio, su peor partido de la temporada. En medio de una lluvia torrencial, Cerro le propinó un golpe bajo tras ganarle con claridad por 2 a 0. Con este resultado, junto con el de Miramar, Peñarol hipotecó sus chances en la Tabla Anual y puso en riesgo el Torneo Clausura, que terminó ganando, pero no sin sufrir.

 

REDONDEÓ PARA ABAJO

 

Golpeado, limitado y sin llenar el ojo dentro de la cancha, Peñarol se metió en las finales. La obtención del título de la Copa Uruguay y del Torneo Clausura, así como la victoria agónica sobre Liverpool en la semifinal, donde el equipo de Aguirre no jugó bien, representaron un fortalecimiento desde lo anímico, pero no fueron suficientes. Y en ambos duelos frente a Nacional, Peñarol fue su propio peor enemigo.

 

Los dos goles recibidos en el Campeón del Siglo, por errores catastróficos de la defensa, le dieron un empate con sabor agridulce y que complicó seriamente sus posibilidades. Pero Nacional también tenía sus problemas, por lo que el duelo de vuelta, en el Gran Parque Central, estuvo abierto a cualquier suceso.

 

Sin embargo, y a pesar de la enorme limitación del plantel, Peñarol plantó una oncena titular con lo mejor que tenía, la mayoría titulares durante todo el año, pero que no estuvo a la altura. Sí desde lo actitudinal, pero no en cuanto a lo futbolístico. Y allí, gran parte de la responsabilidad recae sobre Diego Aguirre. No por el planteo inicial, donde puso lo mejor que quedó a su disposición, incluso con jugadores lesionados, sino en cuanto a sus decisiones a la hora de mover el banco, donde realizó cambios difíciles de explicar. Uno de ellos, y el más sorpresivo de todos, fue la salida de Matías Arezo, figura en el partido de ida, por el ingreso de Jaime Báez, quien no le dio el peso ofensivo que Peñarol necesitaba en el momento más álgido del encuentro.

 

Así, Peñarol perdió su capacidad de ataque y Nacional, con su vasto plantel, generó un último empuje con el que se terminó llevando la victoria agónica y el Campeonato Uruguayo, salvando su año —también plagado de dificultades— con buena nota, y derrumbando la temporada carbonera, que terminó siendo mala y de la cual el club deberá realizar una profunda autocrítica para apostar por un mejor 2026.