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Laxalt, impacto inmediato

Diego Laxalt hizo su estreno oficial en Peñarol y sumó sus primeros minutos en el alargue de la Supercopa, dejando un buen sabor en el paladar carbonero.




Diego Laxalt, con el número 93 en su espalda, en su flamante debut con Peñarol.


3 febrero, 2026
Peñarol

Diego Laxalt llegó a Peñarol como un refuerzo de nivel, pero al mismo tiempo, como una incógnita por su larga inactividad. Rescindió su contrato con el Dinamo Moscú en agosto de 2025 y la última vez que tuvo acción fue hace casi nueve meses. Pero el primero de febrero de 2026, en el Estadio Centenario y nada menos que en el clásico de Supercopa, la inactividad se terminó, Laxalt volvió a la cancha y sorprendió con su rendimiento.

 

La falta de rodaje no fue un impedimento para Diego Aguirre, quien nunca dudó de las condiciones del jugador y, de hecho, ya lo había pedido en mercados anteriores. Pero en esta ocasión, el entrenador mirasol insistió por él y eso convenció al propio Laxalt de desembarcar en Uruguay tras más de 12 años en el exterior.

 

Llegó con la pretemporada avanzada, pero con el profesionalismo intacto. La vasta experiencia en Europa, así como su pasaje por la selección uruguaya, hacen de él un jugador de calidad, y en pocos días de entrenamiento con los colores aurinegros, Laxalt sorprendió al cuerpo técnico por sus buenas condiciones. Como resultado, su convocatoria para el clásico fue indudable.

 

Su posición natural en el campo de juego siempre fue el lateral izquierdo. Pero con sus años de fútbol, el jugador de 32 años, surgido en Defensor Sporting, también adquirió la capacidad para desempeñarse como carrilero o volante interno, incluso como extremo. Y en el clásico mostró una pincelada de dicha versatilidad, así como de su jerarquía.

 

Con el equipo afectado por el desgaste físico y por las lesiones, Laxalt, con el número 93 en su espalda —probablemente por el año en que nació—, sustituyó a Franco Escobar en el lateral izquierdo a los 90 minutos. Pero su despliegue abarcó más que solo el lateral, ya que también apoyó la contención en la mitad de la cancha.

 

Peñarol había perdido peso en ofensiva y Nacional lo obligó a replegarse, por lo que el objetivo principal fue mantener el arco en cero y alejar el peligro de su área. Y en esa tarea, Laxalt se lució: protagonizó recuperaciones importantes, desactivó ataques peligrosos y aportó claridad para salir jugando y para mantener la posesión.

 

Cuando Jesús Trindade cayó notoriamente acalambrado y extenuado, el equipo se desdibujó y Laxalt pasó a cumplir el rol del mediocampista, mientras que el centrodelantero, Facundo Batista, se sacrificó para colocarse en la defensa. Pero el lateral, consciente de su frescura física respecto al resto, no dudó en exigirse de más para cubrir otros espacios desprotegidos, así como para desdoblarse y elaborar algún contraataque.

 

En resumen, y como se dice en la jerga de nuestro fútbol, Laxalt jugó con “carpeta”, dejó una muy buena impresión en su debut y reúne todas las condiciones para transformarse en una pieza relevante en Peñarol.

 

Si bien aún le falta afinar su acondicionamiento físico al ritmo de competencia, el tiempo para completarlo parece ser menor del que se preveía y el flamante jugador carbonero irá sumando cada vez más minutos en el equipo. Una noticia alentadora para Aguirre, teniendo en cuenta las numerosas bajas que sufrió, y para todo Peñarol, por el refuerzo de jerarquía que sumó el plantel.


Etiquetas: Diego Laxalt Peñarol