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Alberto Spencer, el mejor jugador ecuatoriano de todos los tiempos

Habla la Historia.




Alberto Pedro Spencer Herrera, el mejor futbolista ecuatoriano de todos los tiempos. Auténtico ídolo de Peñarol, referente de la década dorada y goleador histórico de la Copa Libertadores de América.


22 enero, 2024
Columnistas Habla la historia

Escribe Atilio Garrido

 

El comienzo de la Copa Libertadores de América del presente año 2024, retrotrajo mis recuerdos a un pasado lejano, unido con otro acontecimiento reciente. Este último se produjo a comienzos del mes de octubre del año pasado, ocasión en que retorné a Guayaquil invitado por el Panathlon de Ecuador, organizador del congreso mundial de esa entidad que integro en el departamento de Maldonado. La visita permitió el reencuentro con Ricardo Vasconcellos. Además de abogado, es el más destacado periodista en actividad de ese país. Inició su trayectoria en el lejano tiempo en que la tinta y el papel de los diarios encumbraba en la popularidad a las figuras que, como Ricardo, profundizaban el análisis de esa época y emocionaban a los lectores con su prosa, agregando los primeros estudios históricos de Guayaquil y el deporte, especialmente del fútbol.

 

De Ancón a Guayaquil…

 

            Desde aquella lejana época, Ricardo cultivó la amistad de un joven moreno que se integró con quince años a las divisiones de base del club Everest, llevado por su hermano mayor. Nacido en Ancón, a orillas del Océano Pacífico, un pueblito que casi se cae del mapa de no ser por la llegada de los ingleses de la Anglo Ecuadorian Oilfields Limited, que realizaron, en 1911, la primera perforación de un pozo de petróleo en Ecuador. De la unión de un funcionario jamaiquino de la empresa, de ascendencia británica, con una mujer nativa, nació Alberto Pedro Spencer Herrera, el 6 de diciembre de 1937.

 

            El viernes 24 de julio de 1959 fue un día de fiesta para Guayaquil. Un gran sueño se convirtió en realidad. Camilo Ponce Enríquez, presidente de Ecuador, pronunció un discurso declarando inaugurado el Estadio Modelo. Desde temprano, 75.000 personas colmaron las instalaciones. Tiempos sin televisación, una multitud que no pudo ingresar permaneció en las inmediaciones escuchando por radio las alternativas del campeonato cuadrangular internacional que se organizó para celebrar el acontecimiento. La jornada comenzó con el enfrentamiento entre Barcelona y Huracán de Parque de los Patricios de Argentina. En la platea se encontraba el director técnico de Peñarol, Hugo Bagnulo, y el veterano jugador argentino, nacido en Rosario, Juan Eduardo Hohberg, que observaban el encuentro aguardando el momento de ir a los vestuarios, porque en el partido de fondo Peñarol enfrentaba a Emelec. Bagnulo nunca olvidó aquella jornada…

           

          -“En una jugada de ataque vi que un moreno alto y espigado, cuando llegaba un centro al área de Huracán, pegó un salto y, moviendo la cabeza de arriba hacia abajo, convirtió el gol con impecable frentazo. Miré a Hohberg y le dije: ‘¿Viste? ¡este negro sí que saludó la bandera!’, porque yo llamaba así a esa acción en que el jugador cabecea al arco con un frentazo de arriba hacia abajo”. Barcelona y Huracán empataron 2:2 y, a segunda hora, Emelec venció 2:1 a Peñarol.

 

El primer gol de Spencer a un golero uruguayo

 

            Muchos años después, cuando Spencer se encontraba en la cumbre del fútbol mundial, codeándose con Pelé en lo más alto, en alguna conversación que mantuvimos, desafiándolo cordialmente, le pregunté a Spencer a qué golero uruguayo marcó el primer gol de su extensa carrera. Pensó, pensó y… sonriendo no respondió. Era imposible que él lo supiera, porque nunca pensó que su carrera futbolística adquiriría fama mundial. El tanto inicial internacional se lo marcó en ese partido preliminar que observó Hugo Bagnulo y Juan Eduardo Hohberg. El golero vencido era el uruguayo Walter Taibo, ya entonces con larga trayectoria recorrida, defendiendo en ese momento la valla del equipo argentino del “globito”.

 

            Bagnulo se entusiasmó con Spencer y un argentino puntero izquierdo de apellido Ortega, enrolado en el Barcelona. Los dos jugadores, el jovencito ecuatoriano y el veterano argentino, estuvieron en el hotel conversando con el entrenador y el dirigente de Peñarol, cerrándose un acuerdo para que ambos viajaran a Montevideo. El cuadrangular no terminó. Una huelga de jugadores lo impidió, Peñarol retornó de Guayaquil con 11 jugadores para iniciar la Copa Uruguaya –no existían cambios en ese tiempo-, y el dirigente que permaneció en Guayaquil, encargado de cerrar el acuerdo, no tuvo éxito.

 

            Cuando Juan López viajó a Ecuador, contratado por la federación local que organizó el Campeonato Sudamericano Extraordinario de diciembre de ese mismo año 1959, Bagnulo, que tenía gran amistad con Juancito, a pesar de que entre los dos estuvo la elección de técnico de Uruguay, 22 días antes del Campeonato del Mundo de 1950 en Brasil, le aconsejó a Spencer como una figura de enorme futuro. Alberto defendió a la selección de Ecuador en ese certamen.

 

De Guayaquil a Montevideo…

 

            El 21 de enero de 1960, el presidente del Club Atlético Peñarol, Cr. Gastón Guelfi, viajó a Guayaquil con la misión de contratar a Alberto Spencer, convencido por aquella inicial visión de Bagnulo de agosto de 1959 y el último aporte realizado por Juan López al retornar a Montevideo, el 10 de enero, después de culminado el Campeonato Sudamericano. Existe documentación relacionada con el interés del Real Madrid por adquirir el pase del goleador en ciernes. El 31 de enero, el Cr. Guelfi retornó a Montevideo con el pase concretado. Peñarol pagó 10.000 dólares, de los cuales 4.000 fueron para el jugador, a quién se le fijó un salario mensual de 250 de la moneda norteamericana.

 

            El acuerdo también contenía la zanahoria delante del burro. El Cr. Guelfi informó a la prensa que una segunda condición se vincula a una gira por el Pacífico que, en caso de que Peñarol asistiera a ella, se pactará un partido con el Everest, garantizando a la institución uruguaya el pago de 2.000 dólares más. En caso de que la misma no se concretara –como ocurrió-, Peñarol sumaría 3.000 dólares al club guayaquileño.

 

            –“Spencer tenía tanta ansiedad que me estaba esperando en el aeropuerto cuando llegué. Es soltero y viene solo a Montevideo, después de cumplir unos compromisos pactados con el Everest”, informó el Cr. Guelfi a su retorno.

 

            Hugo Bagnulo renunció a continuar en la dirección técnica el 8 de enero de 1960, luego de un altercado personal con el entonces poco conocido Washington Cataldi. El viernes 15 el club anunció la contratación del uruguayo Roberto Scarone, quien residía en Perú desde varios años antes. Solicitó que Peñarol incorporara al plantel de jugadores a Abel Linazza, un argentino desconocido en su país, nacido en Saladillo, quien sin haber jugado nunca en primera división, en 1956 viajó a Lima defendiendo al modesto Centro Iqueño, donde lo conoció y apoyó al entrenador uruguayo que retornaba a su patria para dirigir a Peñarol.

 

El partido en los escritorios

 

            Faltaba un enfrentamiento de dirigentes y la disputa del partido en los escritorios de la Asociación Uruguaya de Fútbol. El reglamento del Campeonato Uruguayo de 1959, al igual que los anteriores y posteriores, resultaba muy claro en materia de jugadores. Podían defender los clubes cuyas transferencias fueran registradas con anterioridad al 31 de julio. Peñarol insistió públicamente que ambos jugadores disputarían la final de la Copa Uruguaya de 1959 frente a Nacional, clubes que finalizaron igualados en la primera posición. Ese encuentro decisivo se fijó para el 20 de marzo de 1960. Los dirigentes aurinegros subieron la apuesta y agregaron, además, que también podía actuar en la final Guillermo Pedra, otro futbolista uruguayo que en el torneo de 1959 defendió a Liverpool, club que perdió la categoría descendiendo a la B. Mientras, la batalla jurídica inició, reaccionando Nacional, el otro club grande del Uruguay, con toda su fuerza y la que le otorgaban claramente los reglamentos.

 

       El lunes 22 de febrero de 1960, con dos bolsitos en su mano, de traje claro, camisa blanca y corbata rayada en dos colores, Alberto Spencer descendió las escalerillas del avión que lo trajo de Buenos Aires. Allí pasó la noche porque el único avión que salió de Guayaquil se retrasó y perdió la conexión en el aeropuerto de Ezeiza. Sin gran promoción, sin público, Spencer fue recibido en el aeropuerto por el Cr. Guelfi, el secretario de prensa honorario del club, José Valverde, Juan López y un “Mosca” que se puso en la fotografía.

 

Estos registros gráficos tienen carácter histórico. Son los primeros de Alberto Spencer captados en Uruguay. Fueron publicados por El Diario en la noche del 22 de febrero de 1960, día en que, solito y sin ninguna compañía, arribó el ecuatoriano al aeropuerto de Carrasco. En la fotografía se encuentran, además, Juan López (DT de Peñarol), Gastón Guelfi (presidente) y José Valverde (secretario de prensa).

 

Spencer con Míguez, campeón del mundo de 1950

 

            El sábado 27 de febrero en Las Acacias, campo de entrenamiento de aquel Peñarol, en la práctica de fútbol el ecuatoriano Alberto Spencer fue incluido en el equipo titular. La línea delantera formó con Cubilla (15’ ST Coccinello), Linazza, Hohberg, Spencer y Borges. En el equipo suplente actuó en el puesto de centrodelantero Óscar Omar Míguez, el campeón del mundo con Uruguay en 1950, Maracanazo mediante… Spencer y “El Cotorra”, como lo apodaban, se hicieron grandes amigos cuando el ecuatoriano colgó los botines. Se integró a la cofradía de aquellos campeones del mundo que se reunían periódicamente en comidas, asados, y también jugaron partidos a beneficio de acciones sociales, disputados en el interior del país.

 

            El miércoles 17 de marzo de 1960, el Club Nacional de Football perdió por 7 a 3 la final en los escritorios. Una absurda y anti reglamentaria votación, donde el presidente del Club Atlético Cerro, Luis Tróccoli, consiguió la mayoría que oficializó el cambio del artículo del reglamento. Se concretó así el más grande absurdo de la actividad de la Junta Dirigente gobernante. No existe otra cosa igual en la historia del fútbol uruguayo…

 

¡Quería retornar a Ecuador!

 

            El sábado 20 de marzo de 1960, el Club Atlético Peñarol ganó 2 a 0 la final de la Copa Uruguaya de 1959, clasificando en carácter de Campeón Uruguayo a la primera Copa Libertadores de América de la historia. Alberto Spencer esa tarde no tocó la pelota. Para peor, cinco minutos antes de la culminación del partido, se armó una gresca impresionante, tomándose a golpes de puño veintiuno de los veintidós jugadores que estaban en el campo de juego. Alberto Spencer, horrorizado por lo que ocurría al ver cómo los futbolistas se golpeaban con los puños y las piernas, corriendo por toda la cancha, presenció las escenas desde un costado del campo. El juez expulsó a cuatro jugadores de cada club.

 

            Finalizado el partido, en medio de los festejos de jugadores, dirigentes y algunos pocos hinchas allegados que ingresaron a los vestuarios, el jovencito Alberto Spencer se mantuvo en un costado del recinto, nervioso y asustado. Néstor Gonçalves, el gran referente espiritual de aquel Peñarol, n.º 5 dueño de la mitad de la cancha, observó la extraña actitud del ecuatoriano sin intervenir en los festejos del título de campeón.

 

            “-¿Qué te pasa Alberto?”, le preguntó.

 

            “-Oie Tito, esto no puede ser… nunca vi que se golpearan tanto por un partido de fútbol. Io me voy, aquí se juega muy duro, no, no, io me voy…”, respondió Alberto.

 

            Gonçalves lo abrazó bien fuerte, sin soltarlo. Y desde la experiencia acumulada después de cuatro años en Peñarol, le ordenó:

 

            “-Tranquilo Alberto, te vas a acostumbrar y yo voy a estar siempre a tu lado…”.

 

            Así comenzó su trayectoria en el fútbol uruguayo el mejor jugador ecuatoriano de todos los tiempos. ¡Sin duda alguna!