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El clásico del dolor celeste

Uruguay perdió 1:0 con Argentina en el Estadio Campeón del Siglo, con lo que acumuló su tercera derrota clásica consecutiva por las Eliminatorias. Los celestes quedaron en el sexto lugar.




José María Giménez es la viva imagen de la derrota uruguaya.


12 noviembre, 2021
Eliminatorias Selección

La frustración se apoderó de la selección en el Estadio Campeón del Siglo, y Uruguay sufrió una nueva derrota clásica, 1:0 ante Argentina, por las Eliminatorias. La tercera caída consecutiva de la celeste dejó una vez más un sabor amargo, aunque, aun en el sexto puesto, el equipo de Óscar Tabárez mantiene la ilusión mundial, porque desde el tercer lugar al quinto, del repechaje, el camino a Catar 2022 continúa abierto.

 

El seleccionado perdió porque pagó el alto precio de un error de Joaquín Piquerez en la salida que derivó en el golazo de Ángel Di María. Pero también, y principalmente, porque la lucha como marca de fábrica no alcanzó. Entonces, la presión, en cuestión de ráfagas, privilegió el corazón sobre el fútbol. La reacción del arquero Martínez contuvo la arremetida inicial de Nández, y luego el palo derecho salvó su arco en la pelota de Luis Suárez. Después, Uruguay se redujo a su ímpetu, y no mostró ni argumentos ni lucidez en el área de enfrente. La celeste se aproximó en una corrida de Piquerez, con un centro de Facundo Torres que complicó al golero y un remate de Álvarez Martínez que sorprendió al golero, quien de todos modos se recompuso a tiempo. 

 

En esta oportunidad, el desencanto uruguayo se dio en forma diferente a las abrumadoras caídas de Buenos  Aires y de Manaos. No hay dos partidos iguales y, en este en particular, además del mal que sufrió por las ausencias en cantidad, el rival de turno dejó nada menos  que a Lionel Messi, su estrella superlativa, en el banco: estuvo apenas quince minutos en la cancha, por lo cual Scaloni priorizó su actuación del próximo martes ante Brasil.

 

Argentina simplemente activó el control de la pelota y, luego de la fantástica definición de Di  María, no se acercó a Muslera en buena parte del encuentro.  Los albicelestes manejaron la ventaja y aceleraron en algunos contragolpes sobre el final, para extender el invicto en la era Scaloni.

 

Uruguay no se resignó, pero se limitó al voluntarismo. No sorprendió en su juego y careció de sorpresa. Una vez más, acabó con las manos vacías. Y, acaso más que nunca, dejó la alarma encendida.


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