100 años de la CONMEBOL (Nota 6)

24 de diciembre de 2016

Hermosa fotografía captada el 15 de agosto de 1910, en el partido entre Uruguay y Argentina por la VI Copa Lipton. Se disputó en la cancha de Belvedere, propiedad de Montevideo Wanderers FC. La única diferencia que permite apreciar la imagen es el color de los pantalones, mientras la pelota está en el aire, sobre el arco que todavía sigue estando sobre el ingreso principal de la cancha por la calle Julián laguna. Casi en el medio, atrás, se observa la que entonces era entrada principal, que aún se mantiene como acceso a la tribuna que enfrenta a la oficial. En esa entrada muere Belvedere, la calle cortita que nace en Carlos María Ramírez. A la izquierda del portón se encuentran los árboles que aún existen, pertenecientes al Colegio y Liceo San José de la Providencia.

Hermosa fotografía captada el 15 de agosto de 1910, en el partido entre Uruguay y Argentina por la VI Copa Lipton. Se disputó en la cancha de Belvedere, propiedad de Montevideo Wanderers FC. La única diferencia que permite apreciar la imagen es el color de los pantalones, mientras la pelota está en el aire, sobre el arco que todavía sigue estando sobre el ingreso principal de la cancha por la calle Julián laguna. Casi en el medio, atrás, se observa la que entonces era entrada principal, que aún se mantiene como acceso a la tribuna que enfrenta a la oficial. En esa entrada muere Belvedere, la calle cortita que nace en Carlos María Ramírez. A la izquierda del portón se encuentran los árboles que aún existen, pertenecientes al Colegio y Liceo San José de la Providencia.

Por Atilio Garrido / Investigador. Autor de “100 años de la CONMEBOL / Un continente de fútbol”, libro oficial de la Confederación Sudamericana con la historia de su centenario.

Héctor R. Gómez y León Peyrou retornaron a Montevideo con una gran pesadumbre por el contraste en la final contra Argentina del domingo 12 de junio. La contrariedad por lo ocurrido con los jugadores liderados por Carlos Scarone, los actos de indisciplina, la decisión de excluir del plantel al inspirador de la mala conducta, y la posterior marcha atrás, fueron la primera gran frustración de aquel joven próximo a cumplir los 30 años. Pero, en su mente siempre positiva, guiada por la acción a desarrollar, una nueva fecha pasó a ser el gran objetivo para conseguir la anhelada revancha ante los argentinos.

Con esa idea en su mente, mientras en los diarios abundaron las críticas al equipo oriental, el presidente Gómez redobló los esfuerzos para que su objetivo de conseguir una nueva victoria de importancia ante los argentinos, no se frustrara. En sesenta y cuatro días se presentaba otra oportunidad de alcanzar ese triunfo anhelado y soñado. El lunes 15 de agosto de 1910 –feriado en ambas márgenes del Plata por las celebraciones católicas relacionadas con la Virgen María- se disputaba en Montevideo el clásico rioplatenses por VI Copa Lipton, “el trofeo de mayor valor artístico de todos los que discuten anualmente los footballers de ambas orillas del Plata”.(1) Hasta ese momento el combinada uruguayo nunca logró vencer a su similar argentinos en la capital de nuestro país.

Apenas siete días antes del partido, el 8 de agosto de 1910, en la reunión de la LUF se designó la comisión de selección presidida por Héctor Gómez e integrada con Carlos Sturzenegger, Américo Pedragosa, el infaltable León Peyrou y Conrado Pelfort. “El hecho de esperarse que se haría la designación del team combinado llevó a la Liga una concurrencia numerosa y bullanguera de jugadores y amateurs que impedía escuchar la mayor parte de lo que la Comisión trataba. Volvemos hoy a insistir en que convendría que se tomaran medidas a fin de evitar estas aglomeraciones que hacen casi imposible el trabajo a los cronistas. La Sub Comisión nombrada se reunió en seguida haciendo la designación siguiente: Cayetano Saporiti (Wanderers), José Benincasa (River Plate) y Juan Carlos Bertone (Wanderers); Jorge Pacheco (Nacional), Oscar Sanz (River Plate) y Juan Pena (Nacional); Vicente Módena (River Plate), Pablo Dacal (River Plate), José Piendibene (CURCC), Carlos Scarone (CURCC) y Pedro Zibecchi (CURCC).”(2)

El equipo titular elegido presentaba cinco cambios con relación al que cayó vencido en Buenos Aires. Salieron Aphestiguy, Zuazú, Bucks –quien no podía actuar por ser británico-, Raymonda y Brachi, ingresando el joven Pacheco, Sanz, Módena, Scarone y Zibecchi. Curioso será el caso del centre half titular de River Plate, Oscar Sanz. No aparecerá nunca más en el equipo uruguayo.

La comisión de team de la AFA trajo al equipo consagrado Campeón Sudamericano en Buenos Aires, con sus mejores figuras con un solo cambio. El half de Alumni, Arturo Jaconbs –lesionado- dejó su puesto a Grant. En consecuencia formó con el golero Carlos Tomás Wilson (San Isidro); Jorge G. Brown (Alumni) y Juan D. Brown (Alumni); Hebert Grant (Belgrano AC), A. G. Ginocchio (Newells Olds Boys) y Ernesto A. Brown Alumni); Elías Fernández (River Plate), Maximiliano Susan (Estudiantes de BA), Harry Hayes (Rosario AC), Alejandro Watson Hutton (Alumni) y José Viale (Newells Olds Boys).

La información apoyada en los documentos lleva a reflexiones sobre aquella época y la manera como actuaban los seres humanos, priorizando elevados valores por encima de las minucias mundanas. León Peyrou, secretario de la LUF desde 1907 cuando asumió junto con Gómez y miembro de las comisiones que formaban los equipos orientales… ¡fue el árbitro que dirigió el partido que concluyó el histórico 3:1 a favor de Uruguay! La Nación de Buenos Aires, al día siguiente en el comentario del periodista enviado especialmente a cubrir las informaciones del trascendente cotejo, culminó la nota de esta forma: “El público no guardó la misma compostura que en los últimos encuentros. La primera víctima de sus exigencias tanto más injustificados en esta ocasión fue el referee señor León Peyrou que actuó sin embargo con corrección”.(3)

Este partido, este día y este triunfo, no es fue uno más para el Uruguay como país. Se transformó en un mojón que dividió los caminos del fútbol en el Río de la Plata. Ese día, en la cancha de Belvedere –propiedad de Montevideo Wanderers FC- se estrenó el celeste en la camiseta del combinado. Cual si fuera un talismán, sus jugadores enfundados en el color del cielo conquistaron en anhelado triunfo con el que soñaba Héctor R. Gómez, y por el que venía trabajando desde el comienzo de su gestión.

A propósito del color de las camisetas de los equipos que se enfrentaron esa tarde, el periodista enviado por La Nación de Buenos Aires, en su extensa crónica dejó la siguiente constancia: “A las 2.50 p.m. aparecieron ambos cuadros en el field, vistiendo los argentinos camiseta azul celeste y blanca a rayas y pantalón blanco, y los uruguayos camiseta azul y pantalón negro”.(4)

La cita no es menor y abre una gran interrogante sobre la historia construida según la cual Uruguay estrenó ese día el color celeste en su camiseta. La imagen que ilustra esta nota, dentro de la precariedad de la época sólo deja apreciar la diferencia en los pantalones. Los argentinos blancos y los uruguayos negros.

Este partido dejó en claro que el fútbol también despertaba en el Cono Sur pasiones muy grandes, que se canalizarían de distinta manera según el resultado de las contiendas y las diferentes visiones sobre lo ocurrido.

Al importante encuentro asistió el entonces llamado ministro –hoy embajador- de Argentina acreditado ante el gobierno uruguayo. “Como nota simpática consignaremos que en el ‘half time’ y poco antes de principiar el 2º tiempo, los dos equipos se enfrentaron al ministro argentino Sr. Enrique B. Moreno y lanzaron tres hurras en su honor, siendo contestados por el público con vivas a la Argentina y al Uruguay”.(5) Asimismo, como era tradicional en los partidos internacionales de combinados y clubes, el visitante era agasajado desde que llegaba a la dársena, donde lo recibía un comité integrado por dirigentes, hasta el momento de la partida por la misma vía. Así ocurrió. La LUF agasajó a dirigentes y jugadores argentinos, pasearon por la ciudad, almorzaron y en un tranvía especialmente adornado, los dos equipos viajaron juntos hasta Belvedere. Luego del partido, “anoche en el Hotel Central se efectuó el banquete ofrecido por la Liga Uruguaya al team visitante. Fue una hermosa fiesta llena de vida y animación y que terminó en medio de la más franca alegría. Anoche mismo regresaron los argentinos a Buenos Aires”.(6) La visión argentina mostraba la otra cara de la moneda. “El principio del match se estrenó con una lluvia de improperios, gritos, insultos a los jugadores y a los argentinos presentes (…). He presenciado que de un grupo de individuos, que no eran muchachos y que aparentaban por su indumentaria ser gente culta, se arrojó una botella que le pegó en un brazo a Jorge Brown, se le escupió en la cara al jugador M. González y a otros jugadores argentinos, se les hizo una lluvia de cascotes y naranjas, como al goalkeeper Wilson (…). El ministro argentino se retiró del field a los veinte minutos de llegar, porque en su corazón de patriota ha sentido seguramente una honda amargura al ver el ambiente hostil e insolente para sus compatriotas y para él, al que ni se le había dado o reservado un sitio desocupado, teniendo que entrar al field destinado a los jugadores”.(7)

Las versiones difieren en cuanto al embajador argentino. Para el diario uruguayo fue agasajado pocos minutos después de iniciado el segundo tiempo, momento en que –de acuerdo a la prensa del vecino país- ya no estaba en el escenario de Belvedere.

Sin embargo, existieron episodios fuera de lugar, denunciados por el diario La Razón de Montevideo, cuando la delegación argentina acompañada del comité de recepción designado por la LUF con la presencia de Héctor R. Gómez, llegó al puerto para embarcar en el vapor de la carrera. “Grupos de aficionados hubo, de esos grupos anónimos y cobardes que acostumbran, domingo tras domingo, provocar disturbios en nuestros fields, que, olvidando las más elementales nociones de hospitalidad, acompañaron a los jugadores argentinos hasta el muelle y, contrastando con los amables agasajos tributados por nuestra liga, lanzaron soeces insultos de esa turma inconsciente a los visitantes que partían. Y menos mal si la incultura se hubiera limitado a los insultos más o menos hirientes y provocadores. Pero hubo algo peor. No faltó el gracioso que, ya con los jugadores en el vapor que los llevaba de regreso a su patria, se permitiera arrojarles proyectiles a tiempo que menudeaban los insultos. Felizmente, los visitantes debieron suponer que nunca, en ningún caso, esa condenable actitud de algunos inconscientes representaba el pensar ni la cultura de la gran masa de nuestros verdaderos aficionados”.(8)

Los sucesos despertaron la polémica en ambas orillas platenses a través de las páginas de los diarios. En la noche del jueves 18 de agosto de 1910, la AFA con un voto en contra, resolvió: “En virtud del trato ofensivo de palabras y de hechos de que fueron objeto los jugadores y representantes argentinos en la ciudad de Montevideo con motivo del último partido internacional allí jugado el lunes pasado, y en atención a que en esa circunstancia resultaron afectados los intereses sportivos, los personales de los jugadores, y aun el sentimiento nacional, y con él, los vínculos solidarios que nos ligan con la nación uruguaya, el consejo de la Argentina Football Association resuelve: 1) No realizar ningún partido internacional ni amistoso en Montevideo, anulando a la vez los concursos de la Copa de Honor. 2) Que verá con desagrado que cualquier club afiliado vaya a jugar partidos amistosos a la misma ciudad. 3) Que el 4 de setiembre partan los teams argentinos que participarán en los partidos internacionales a realizarse en Chile con motivo de las fiestas del Centenario”.

Más allá de todas las polémicas, Héctor R. Gómez alcanzó el gran objetivo surgido en su mente luego de la derrota 4:1 en Buenos Aires el 12 de junio de 1910. En el partido siguiente, con cinco modificaciones en el equipo, consiguió Uruguay su primera victoria ante los albicelestes en Montevideo. La tercera de la historia de los enfrentamientos entre ambos equipos. La segunda durante su mandato. El tiempo que transcurrirá le dará razón a lo afirmado por el periodista Eduardo Arechavaleta en El Plata: la simiente plantada en 1909 por Héctor R. Gómez es el punto de partida del gran fútbol uruguayo. Los episodios narrados hasta aquí -y los que continuarán- constituirán la verdad histórica del proceso de nacimiento del gran fútbol uruguayo, desvirtuando lo afirmado por el Dr. César L. Gallardo en 1969, en la colección de 100 años de fútbol, fascículo 3, donde fija el comienzo del proceso en 1912, sin mencionar para nada, en ningún momento, al constructor de esa realidad: Héctor R. Gómez. Insisto en lo afirmado en notas anteriores. El Dr. Gallardo conocía muy bien, de primera mano, esta verdadera historia que se colgando en la serie de notas que venimos escribiendo en el sitio www.tenfield.com, seguramente por resentimiento y/o rencillas tan comunes dentro del periodismo deportivo de todos los tiempos, excluyó al presidente Gómez -a quién no menciona en ningún momento- de la narración que publicó, sin que la misma se ajustara a la verdad histórica, y a la sucesión de los hechos tal como ocurrieron. Sucesión que aquí estamos rescatando para la posteridad.

(1) “El gran match de hoy: Uruguayos y argentinos”. La Tribuna Popular. 15/08/1910.

(2) “El combinado designado”. La Tribuna Popular. 09/08/1910.

(3) “FOOTBALL. La Copa Lipton (De nuestro enviado especial)”. La Nación. Buenos Aires. 16/08/1910.

(4) “La Copa Lipton ganada brillantemente por los uruguayos 3 goals a 1”. La Tribuna Popular. 16/08/1910.

(5) Ibid

(6) La Razón. Buenos Aires. 16/08/1910.

(7) “Soeces insultos y proyectiles de la turma inconsciente a los visitantes argentinos”. La Razón. 17/08/1910.

 

Notas Relacionadas:

100 años de la CONMEBOL (Nota 1)

100 años de la CONMEBOL (Nota 2)

100 años de la CONMEBOL (Nota 3)

100 años de la CONMEBOL (Nota 4)

100 años de la CONMEBOL (Nota 5)



SEMIFINAL - FINAL

1 - 2
Estadio Centenario
Ver fixture y posiciones