Dos salteños, entre la gloria y la incertidumbre

Las dudas en torno a la transferencia de Cavani y al rendimiento de Suárez en la espectacular eliminación del Barcelona no pueden anular el futuro, y menos la historia, de los dos valiosos goleadores.


Edinson Cavani y Luis Suárez, en un abrazo enormemente emotivo que, pese a un presente marcado por cuestionamientos más ajenos que propios, seguramente se repetirá.


23 agosto, 2020
Fútbol Internacional

Escribe: Juan Carlos Scelza

 

Una creciente incredulidad avanzaba en la noche de Lisboa y se expandía frente a pantallas y celulares del planeta mismo. Después del segundo gol, marcado por el croata Ivan  Perisic, millones de ojos sorprendidos acompañaban la inesperada pesadilla catalana. Cada gol -y fueron demasiados- completaba el calvario que llevó a la tan lógica eliminación del Barcelona como a la inmediata destitución del técnico Setién. Fueron ocho, y no eran los “Orozco” de la conocida y pegadiza canción de León Gieco que acaparó el dial en 1997. No fueron Pocho, Toto, Cholo, Tom, Moncho, Rodolfo, Otto y Pololo, y la canción sonó desafinada y sin armonía. Fueron otros ocho: Gnabry, Perisic, Kimmich, Lewandowski, y Muller y Coutinho, con dos tantos cada uno. Sus apellidos no rimaban, y sus goles lastimaban los ojos de aquellos que suponían y aguardaban otro toque genial de Messi y compañía, para acaparar un título más de los tantos conseguidos con brillo en los últimos años.

 

Para millones de seguidores imparciales, después de la tercera conquista germana cada gol significaba un gesto distinto, una mezcla rara de exclamación y mueca de sonrisa cómplice, que denotaba un “no puedo creerlo”, pero también algo así como: “¡Qué paliza le están dando!”. Algo usual que sucede cuando el más poderoso y lógico favorito de todos es sacudido de tal manera. Esto no constituye una irreverencia a la histórica tradición ganadora del Bayern Munich ni a la riqueza de su plantel. En cada uno de nosotros se reservaba una chance para un posible triunfo teutón, aunque en las condiciones habituales y normales de un partido semifinal entre dos serios y ambiciosos candidatos a la conquista de la copa.

 

El silbato fue a la boca del árbitro, sin nunca mencionarlo ni menos solicitarlo. Era el fin que íntimamente deseaba cada uno de los futbolistas del Barcelona que permanecían en campo del magnífico y desierto estadio perteneciente al Benfica. Que por favor terminara ese suplicio, en el que la desesperación se apoderó de un equipo que, lejos de reaccionar, se sumergía entre dudas y gruesos errores que agravaron cada vez más la situación, y que en los instantes finales desembocaron en una catarata de goles que condujo a la peor paliza recibida en un torneo internacional, solo comparable a la que en la Copa del Generalísimo había recibido el Barcelona ante el Sevilla en abril de 1946, cuando cayó por 8 a 0.

 

Coletazos inmediatos: elogios y más elogios, tan merecidos como reiterados, para el entrenador Hans-Dieter Flick, un ex volante mixto cuyo mejor momento como futbolista transcurrió entre 1985 y 1993, años en los cuales defendió primero al Bayern, con el que ahora logró esta resonante victoria, y luego al Colonia, otro de los históricos clubes de su país.

 

Ayudante de Joachim Low en la selección mayor desde 2006 hasta el año 2014, luego del título logrado en Río de Janeiro ante Argentina, renunció para transformarse en coordinador deportivo de la federación germana, y asumió el año pasado la conducción en este ciclo con un club al que conoce desde sus épocas de pantalón corto. Otra reacción inmediata: la destitución del técnico del Barcelona, que llegaba con la pesada carga de haber perdido la Liga a manos del Real Madrid, en un final reprochable donde el equipo se desflecó, con un tirante relacionamiento con los referentes del plantel, y cuyo cargo dependía del delgado hilo de conseguir sí o sí la Champions, lo que quedó trunco tras semejante humillación. De su despedida sin defensa interna alguna al nombramiento del holandés Koeman, solo pasaron unos días. Y la tercera derivación llegó entre declaraciones, lista de retención y rumores y especulaciones periodísticas que involucraban dudas en la continuidad de algunas de las figuras emblemáticas que, como siempre ocurre, a la hora del triunfo se llevan las mayores loas, y que en la derrotas reciben las más despiadadas críticas acusatorias.

 

Luis Suarez cayó en la redada y provocó a miles de kilómetros una desmesurada incertidumbre en algunos que parecieron chocarse con el espejo de la realidad cronológica que asegura, a mayor edad, un deterioro natural en el rendimiento deportivo. Los ocho goles de Bayern provocaron un debate de horas y días enteros en medios y redes, sobre la repercusión que un posible alejamiento del histórico goleador celeste del Barcelona tendría en el futuro de la selección de Tabárez, quien lo considera clave no solo futbolísticamente.

 

Sumémosle la inactividad prolongada de Cavani y las múltiples versiones que primero lo condenaban a un conflicto con el PSG –del que es goleador histórico- que efectivamente terminó en tal y que, luego de la confirmación del  alejamiento, lo vinculó al Atlético de Madrid, al Nápoles, al Inter y a la Roma, en un momento a un llamativo interés de Boca y de Palmeiras, hasta llegar al tan tardío como necesario acuerdo -¿sólido?- con Benfica, mientras el salteño llenaba el espacio de la larga cuarentena, mostrando en redes sus ejercicios de mantenimiento físico en su ciudad natal, aguardando por el vínculo contractual que le permitiera volver a las canchas.

 

Las eliminatorias también sufrieron modificaciones y, más allá de supuestas fechas que se han pospuesto, no se sabe ni el cuándo ni el dónde de su inicio. Es cierto que ninguno de los hechos transita una lógica, y que pueden traer consecuencias. Cavani, por falta de actividad, y en ambos casos el impacto sicológico que puede afectarlos por el desgaste de las negociaciones en uno de los casos. Y en el otro, por el probable alejamiento de uno de los clubes más poderosos del mundo, en el cual se sentía como en su casa. Ahora, de allí a pensar que éste es el final de cualquiera de las dos carreras brillantes, hay un disparatado trecho, mucho más emocional que racional.

 

Como la inmensa mayoría de la carrera de los futbolistas, el momento de máximo esplendor transitó el Mundial de Rusia, particularmente para Cavani. Pero ambos siguen vigentes, fuertes y encendidos y, de no mediar un tema físico, llegarán sin dificultades al Mundial de Catar 2022. Ellos son los primeros en saberlo, y Tabárez ha ido buscando las alternativas que han permitido que se concretara un serio proceso de selección. Los amistosos luego de 2018, la Copa América 2019 y los posteriores partidos de fecha FIFA, reflejaron convocatorias en las que aparecieron Darwin Núñez, Lozano, Gómez y Brian Rodríguez con minutos, goles y auspiciosas participaciones, confirmatorias de sus atributos. Ahí asoma el recambio natural y progresivo, aunque sin urgencias desmedidas, simplemente ajustando sus minutos, para alternar con los encumbrados e indiscutibles goleadores celestes, a los que le sumo a Stuani, quien acaba de rubricar una estupenda temporada con más de treinta anotaciones en la Segunda española y que, además, ha tenido un valioso aporte en momentos complicados.

 

Independientemente del futuro de cada uno, Suárez y Cavani continúan siendo dos de los mejores goleadores del mundo. Y lo seguirán demostrando con la camiseta y en las circunstancias que correspondan. Seguramente, Cavani esperara una solución más rápida y, por qué no, que lo arrimara a otro club más poderoso. Y Suárez nunca imaginó el bochornoso final de la Champions, en que padeció tal goleada, mucho menos los cuestionamientos de los que fue víctima. Pero pese a que el trago amargo pueda aparejar un cambio, y a que éste difícilmente lo llevara a una institución de igual nivel, no está en discusión su valía ni su nivel, que seguramente demostrará en la primera oportunidad en que se cruce con arquero rival alguna, ya sea en el Camp Nou, intentado revertir la situación para olvidar el trago amargo sufrido por la afición, o iniciando el camino con otros colores, de los muchos que, aprovechando los ecos de la cruel derrota, lanzaron su deseo de contar con sus servicios.

 

No le encuentro fundamento a esa alarma que encendieron estos episodios con relación a la selección uruguaya y su camino hacia el próximo Mundial. Es más: quienes la enfundan desconocen el trabajo de recambio que se ha hecho y olvidan los elogios que la inmensa mayoría brindó a las promisorias actuaciones de jóvenes delanteros incluidos por el técnico celeste. Es lógico que los dos enormes goleadores vayan sintiendo el rigor de la prolongada actividad, y que Tabárez pruebe, como lo ha hecho en otras posiciones cuando ocurrió lo mismo con figuras destacadas de gran peso y trayectoria en el proceso. Pero nada de eso se desencadena por estos dos sucesos que han colocado a los salteños en el foco de una tormenta que superarán con su jerarquía y que para nada pone en riesgo ni su presente ni su futuro de cara a Catar 2022, que será, y ellos lo saben, allí sí, el punto final de su participación celeste a primer nivel internacional.


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