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Verón, la «Bruja» original: «Fue duro ganarles a los grandes uruguayos»

El eterno ídolo pincharrata, ganador de la Copa Intercontinental y de tres Copas Libertadores, habló con Tenfield.com sobre su carrera y sobre su hijo, el gran Juan Sebastián Verón.


Verón, a la izquierda junto a Oscar Más, y a la derecha convirtiendo el gol de la victoria intercontinental en el Old Trafford.


3 abril, 2020
Columnistas Las leyendas hablan

En 1971, el Club Nacional de Football salió Campeón de la Copa Libertadores de América. Aquel plantel fantástico de Manga, Ubiña, Ancheta, Espárrago, Maneiro, Artime y Julio César Morales, que dirigía Washington “Pulpa” Etchamendi, se impuso en la final a Estudiantes de La Plata, un equipo de élite que no solo había ganado la Copa Intercontinental y la Copa Interamericana, sino también la Copa Libertadores de 1968, de 1969 y de 1970.

Parte esencial del corazón de esa máquina implacable dirigida por Osvaldo Zubeldía, donde cada obrero y cada crack tenían algo que decir, y de la que formaron parte Alberto Poletti, Carlos Salvador Bilardo, Carlos Pachamé, Jorge Solari, Eduardo Flores y Marcos Conigliaro, fue Juan Ramón Verón, el mayor ídolo en la historia platense.

“Si ve una bruja montada en una escoba, ¡ése es Verón, Verón, Verón, que está de moda!”, reza el genial cántico con que los hinchas de la institución celebraban la habilidad, el arrojo, la eficacia y la rapidez extrema de quien, por si fuera poco, es el padre de Juan Sebastián Verón, un volante que asombró al mundo con su precisión, su pegada, su inteligencia y su talento, y que, tras brillar en Europa, regresaría al club de sus amores para obtener dos veces el Torneo Apertura y una vez -la sangre se honra- la Libertadores.

Actualmente, Juan Sebastián -histórico de la selección argentina- es el presidente de Estudiantes, institución a la que su apellido estará siempre ligado gracias a su padre, protagonista de esta tercera entrega de “Las leyendas hablan”, sección que Tenfield.com inauguró con Roberto Matosas y en la cual la semana pasada tuvimos el testimonio de José Emilio Santamaría.

El honor inmenso de seguir con Juan Ramón, ex figura del Panathinaikos griego y ganador de los títulos de la Primera División argentina con Estudiantes y de la Primera División colombiana con el Junior de Barranquilla, no es nuestro sino de los lectores.

 

-¿Cuánto ha alterado su vida y la de la ciudad de La Plata el coronavirus?

-Y… muchísimo, porque estamos encerrados y en Argentina hay cuarentena obligatoria. Estoy acostumbrado a salir todos los días, a ir al country de Estudiantes y a los entrenamientos, así que es complicado. Pero ¿qué vas a hacer? La ciudad está paralizada: no hay nada, con lo cual no ves a toda esa enorme cantidad de personas que siempre van y vienen. La gente está haciendo caso.

 

-A los 76 años, ¿usted se siente cómodo siendo ídolo, o querría más tranquilidad?

-Me siento muy cómodo y, más allá del tiempo que estuve en Grecia y en Colombia, hice casi toda mi carrera en la ciudad, donde nos conocemos todos y tengo mucha gente amiga.

 

-Usted ganó tres Libertadores seguidas, dos de ellas contra los dos equipos grandes de Uruguay, donde jugaban, entre otros, Víctor Espárrago, Luis Cubilla, el “Cascarilla” Morales, Ermindo Onega, Elías Figueroa y Néstor Gonçalves. ¿Cómo recuerda aquellos enfrentamientos contra Nacional en 1969 y contra Peñarol en 1970?

-Fueron durísimos. Es más: la cuarta final consecutiva de la Libertadores la jugamos contra Nacional y la perdimos en el tercer partido. Nosotros teníamos un buen equipo, pero Nacional y Peñarol eran muy buenos, así que nos costó mucho. Y cuando perdimos, a ellos también les costó bastante (risas).

 

-¿Qué adversario oriental le llamó la atención por su calidad?

-En general se nos hizo muy difícil, porque los enfrentamientos fueron durísimos, y Nacional y Peñarol tenían gente grande y preparada. Había muy buenos jugadores, como los que nombraste. Y también recuerdo al “Peta” Ubiña, que me marcó en varios partidos.

 

-Usted era audaz, ganador, hábil, eficaz y rapidísimo por la banda izquierda. Para los jóvenes, ¿a quién se parecía más Juan Ramón Verón? ¿A Juan Sebastián Verón o a Claudio Caniggia?

-A Caniggia, porque yo era delantero y jugaba tanto por derecha como por izquierda. Sebastián era mediocampista, y creo que más completo. Yo era más puntero. Me gustaba hacer goles.

 

-¡Y cómo corría!

-Sí, era rápido (risas). Creo que, para las tres finales que nombraste, tuvimos la suerte de llegar en un momento muy lindo y poder disfrutar muchísimo todo el proceso. Incluso llegué a jugar para una selección uruguaya, algo que prácticamente no se sabe.

 

-¿Cómo es eso?

-Un grupo de futbolistas agremiados de Uruguay me invitó a disputar un partido amistoso, si recuerdo bien contra Perú en 1973. Fue algo lindo y distinto, y recuerdo que jugué con el “Negro” Cubilla y con Fernando Morena.

 

-Qué bárbaro. Me quedé pensando en lo que hablábamos antes. Cuando uno ve recibir la pelota a Juan Ramón Verón y a Juan Sebastián Verón, nota que algo hay: el gesto técnico, la pose o la zancada…

-Seguramente algo hay. Lo que pasa es que Sebastián era un jugador más de toda la cancha. Yo jugaba más arriba, en un puesto que realmente disfrutaba.

 

-Sigamos hablando de su carrera. ¿Qué diferencias culturales le llamaron más la atención entre Argentina, Colombia y Grecia?

-En Grecia estuve tres años, la pasé muy bien y jugué en el Panathinaikos, un equipo grande que venía de hacer una linda campaña, porque había perdido la final de la Copa de Campeones de Europa con el Ajax. Disputé varios torneos allí, con bastante responsabilidad, y lo disfruté mucho. El caso de Colombia fue distinto, porque la liga se fue armando con la llegada de entrenadores, profes y jugadores rioplatenses. Los colombianos tenían condiciones, pero eran un poco indisciplinados (risas).

 

-¿Cuál es el jugador de fútbol que le da más placer ver?

-Messi. Me gusta la habilidad que tiene, cómo lleva la pelota y su facilidad para gambetear. Aparte, tuve la posibilidad de charlar con él, y me gustó como persona.

 

-¿Cuál es el compañero de aquella máquina de Estudiantes con el que usted se entendía mejor personal y futbolísticamente?

-Bueno, con los delanteros que tenía, que eran Marcos Conigliaro, Felipe Ribaudo y el “Bocha” Flores, me entendía muy bien. Sobre todo con el “Bocha”: jugamos juntos prácticamente desde los 14 años, hicimos toda la carrera en Estudiantes y participamos de una muy linda campaña. Con él me entendía hasta de espaldas (risas).

 

-¿Qué importancia tenía el entrenador Osvaldo Zubeldía?

-En un momento en que el fútbol se estaba profesionalizando y los entrenamientos eran muy distintos a los actuales, la llegada de Zubeldía nos dio la posibilidad de sobresalir. Él trabajaba mucho, nos hacía entrenar de mañana y de tarde, en fin: había muchas cosas que los demás equipos no hacían. Con otro técnico, de repente no hubiéramos llegado tan lejos.

 

-¿Qué significó ganarle al Manchester de visitante la Copa Intercontinental y convertirle un gol a un club grande, del que años más tarde su hijo sería figura indiscutida?

-Fue muy importante. Pero como Estudiantes estaba tan bien trabajado y entrenado por la tarea que hicieron el técnico, el médico y el profe, no notamos tanta diferencia, más allá de que ellos tenían un gran equipo, y de que habían sido campeones de Europa y del Mundo a nivel de selección. Aunque nos costó mucho, hicimos méritos suficientes para poder ganar y disfrutar eso, porque la verdad es que fue increíble. Respecto a Sebastián, cuando llegó al Manchester ya había transitado una gran parte de su carrera y estaba preparado para grandes cosas. Sinceramente, fue algo precioso, tuve la posibilidad de verlo y sé que él lo disfrutó.

 

-“Yo jugué cinco años en Grecia y gané 1000 dólares por mes. Y Juan Verón, el extraordinario jugador de Estudiantes, en una época en que Francia pagaba muy poco y España e Italia no contrataban extranjeros, fue a Grecia. Entonces, el griego no nos resultó tan difícil porque, casi al mismo tiempo que Verón y yo, fueron transferidos Araquem de Melo, Julio Losada, Alberto Poletti y Miguel Nicolau. Yo tenía dos hijos en ese momento, Maximiliano y Sebastián, y Juan Ramón, mi gran amigo, que se había separado de la primera señora y estaba con la segunda, en honor a nuestra hermandad le puso Sebastián a su hijo”: eso declaró Milton Viera cuando lo entrevisté para el libro “Desde adentro: Uruguay Mundial». Usted, ¿cómo recuerda a Viera y a los tantos amigos y rivales con los que confraternizó allí entre partidos de truco y de ludo?

-Uh, el “Tornillo” es un amigo, y vivimos un tiempo lindo juntos. Y coincidió que mi mujer estaba embarazada y que el nombre, aunque no sea muy especial, nos gustó, así que se lo pusimos a Sebastián. También conviví con el uruguayo Carlitos Linaris, que estuvo con nosotros todo nuestro primer año en Grecia. Él había ido muy joven y hablaba muy bien en inglés, así que nos ayudó muchísimo. Si no, en Grecia no hubiéramos existido. Donde íbamos, Carlos venía y nos hacía de traductor (risas). Y es cierto que nos reuníamos con la familia en la casa del “Tornillo”, de Poletti o de algún otro amigo a jugar, a comer algo y a pasarla bien: no importaba que estuviéramos en distintos equipos.

 

-Qué lindo. ¿Qué diferencia hay entre los hinchas ingleses, los griegos, los uruguayos y los argentinos?

-El argentino es muy efusivo, pero yo disfruté de todos y tuve la suerte de hacer una buena campaña en los lugares donde estuve. Por ejemplo, ahora que me preguntás recuerdo a los colombianos, porque allí tuve la fortuna de ganar con el Junior de Barranquilla el primer título del club, con la particularidad de haber empezado la campaña como jugador y de haberla terminado como técnico.

 

-¿Qué es Estudiantes para usted, Juan?

-Todo. Mi casa, donde yo me crie, donde viví y donde aún hoy estoy. Una casa de la que, pase lo que pase, permanentemente estaré pendiente.

 

-¿Quién es Juan Sebastián Verón, su hijo, el presidente de Estudiantes, y de qué modo se diferenció de usted como jugador de fútbol, más allá de haber sido más “completo”?

-Sebastián es un enfermo del fútbol, y en eso somos iguales. Fue un mediocampista muy completo, y eso le dio la posibilidad de jugar bien en todos lados. A mí, como delantero, me costaba más tirarme para atrás. Después, me gustó mucho que él pudiera ganar la Libertadores y estuviera a dos minutos de ser Campeón del Mundo contra el Barcelona. Me puso muy contento, porque Sebastián logró lo que quería.

 

-Sus amigos dicen que usted es cariñoso, jodón y cálido. En otras palabras, Juan Ramón Verón ha vivido a su manera. Pero ¿cuál es su filosofía de vida?

-Afortunadamente, pude hacer lo que siempre me gustó, que es jugar al fútbol. De a poco, dando vueltas por quinientos lugares, fui llegando, y tuve la suerte de tener a técnicos como Zubeldía y Bilardo. La dosis de suerte necesaria estuvo. Y después te diría que soy muy amigo de mis amigos, a los que conozco de toda la vida: tenemos un club donde empezamos a jugar cuando éramos chicos y donde todavía seguimos ahora, que estamos viejos (risas). Los que quedamos estamos cerca y juntos, y a los que no están los recordamos siempre.

 

-Dígame: después de la vida, ¿hay algo?

-Sí, seguramente. Tiene que haberlo: yo creo en eso.

 

Los Verón, una dinastía de amor y talento.

El entrenador Osvaldo Zubeldía, junto a parte de un plantel de élite que incluía a Carlos Salvador Bilardo.


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