Nery Pumpido, exclusivo: “En el fútbol te exponés a todo”

El ex arquero, que disputó tres Mundiales con Argentina, ganó el de 1986 y salió campeón de América y del Mundo con River, habló con Tenfield.com de su carrera como jugador y entrenador.


Pumpido, titular y figura de la Argentina de 1986 que, dirigida por Bilardo y comandada por un Maradona insuperable, dio cátedra en el Mundial de México.


12 junio, 2020
Las leyendas hablan

“La lealtad -afirma Jorge Valdano en su estupendo libro “Fútbol: el juego infinito- sigue sostenida por el poder simbólico de un trozo de tela con los colores de siempre”. Como no podía ser de otra manera, para Nery Alberto Pumpido Barrinat esos colores son el rojo y el blanco de River Plate, pero fundamentalmente el celeste y el blanco de su tierra, Argentina.

El 15 de mayo de 2020, Clarín publicó un apasionante informe sobre los únicos diez futbolistas en la historia que ganaron todo lo que jugaron, a nivel de clubes y de selección, en un solo año. ¿La lista? Oscar Ruggeri, Héctor Enrique, Gilmar, Mauro Ramos, Zito, Coutinho, Pepe, Mengálvio, Pelé y Pumpido, el entrevistado de lujo de la decimotercera entrega de “Las leyendas hablan”.

Ex jugador del Betis, de Lanús, de Unión de Santa Fe y de Vélez Sarsfield, Pumpido salió campeón de Argentina, de la Copa Libertadores de América, de la Copa Intercontinental y de la Copa Interamericana con River, disputó tres Mundiales con el seleccionado, fue titular en dos hasta su lesión en Italia 1990, llegó en ambas oportunidades a la final y abrazó para siempre la gloria en México 1986.

Sobre esa experiencia extraordinaria, pero también sobre su destacada carrera como entrenador, que lo ha llevado desde Unión hasta Godoy Cruz, Los Andes y Newell’s Old Boys, pasando por el Al-Shabab de Arabia Saudita, por Tigres y por Veracruz de México, así como por Olimpia de Paraguay, Pumpido, fiel a un estilo frontal, sin modestias fingidas y con la emoción a flor de piel, dialogó hace pocas horas con Tenfield.com.

 

-Empecemos por uno de los hitos de su carrera, pero como director técnico. ¿Cómo recuerda la Copa Libertadores que ganó con el Olimpia en 2002, y qué importancia tuvieron en ese título los uruguayos Sergio Orteman y Hernán Rodrigo López?

­-Fue espectacular. Después de muchos años, Olimpia volvía a ganar una Copa Libertadores muy anhelada por toda la gente. Como Peñarol y Nacional, Olimpia es un club con tradición, que siempre piensa en la Copa. Nosotros llegamos, trabajamos seis meses y pudimos armar un gran equipo. Orteman tuvo un rendimiento tan extraordinario que fue el mejor jugador de la Libertadores. Y “RoRo” llegó para las semis pero resultó clave, porque a poco tiempo de desembarcar fue uno de los encargados de patear los penales en las semifinales y en las finales. Yo sabía el tipo de jugador que era y le tuve mucha confianza.

 

-Y todo en seis meses…

-Es que llegué en enero y en julio salimos campeones, porque el torneo se paró un mes por el Mundial 2002. Las semis y las finales se jugaron en julio, y los cuartos de final con Boca los habíamos terminado en mayo.

 

-Desviémonos un poco. En su foto perfil de Whatsapp, ¿aparece su nieto?

-No, mi hijo.

 

-¿Su hijo cuando era chico?

-No, ¡tengo un hijo de seis años!

 

-¿Y qué sintió frente a esta relativamente nueva paternidad? ¿Lo revitalizó como persona?

-En total, yo tengo cinco hijos de dos camadas. Dos son grandes y tres tienen 15, 13 y 6 años. Eso te da la posibilidad de conocer las distintas crianzas de cada hijo, y también saber que con cualquier edad podés tener una vinculación linda y fluida. ¡Mirá si va a ser cierto ese verso de que los técnicos deben ser jóvenes para actualizarse y estar alrededor de la juventud! (risas). Más viendo la edad de los últimos entrenadores campeones de todos los países. Independientemente de esto, yo siempre tuve una manera de vivir fundamentalmente disfrutando, y bueno: los hijos forman parte de ese disfrute y te ayudan a que sea más profundo. En definitiva, uno nunca sabe cuánto puede estar en esto de la vida.

 

-Usted participó de tres Mundiales y fue titular en dos, uno de los cuales fue el de México 86, que Argentina ganó. ¿Cómo caracterizaría la diferencia entre Menotti, que lo dirigió en 1982, y Bilardo, que lo dirigió en 1986 y en 1990, un contraste del que mucha gente habla a veces sin conocimiento?

-Yo digo que son formas distintas de manejarse, de entrenar y de ver el fútbol, pero que los dos tuvieron el mismo suceso, y que por eso no se debe soslayar el hecho de que el jugador argentino se puede adaptar a cualquier sistema de juego y salir campeón. Ese es un halago que hay que hacer, y tampoco es casualidad que el futbolista sudamericano sea requerido en todo el mundo. Y sí: Menotti tenía una forma de manejarse tal vez distinta a la de Bilardo, pero los dos han sido importantísimos, han tenido un éxito bárbaro, y lo único lamentable de todo esto es que aquí en Argentina se ha insistido en establecer una diferencia, como una especie de enfrentamiento entre ellos, con lo cual hemos desaprovechado muchos años que hubiéramos podido aprovechar para que ellos hicieran hasta cursos juntos, para que quienes los escucharan sacaran el bien que hay en la síntesis entre la riqueza de sus conocimientos.

 

La vieja afición argentina por las dicotomías…

-Sí, nos encanta comparar una cosa con la otra, y no es algo que haya que hacer. Pero el fútbol argentino tiene que estar contento, porque entre los cinco mejores jugadores de la historia, junto a Cruyff y a Pelé, hay tres argentinos: Maradona, Messi y Di Stéfano. ¿Qué podemos decir? Más que andar diferenciando, tendríamos que estar felices por la categoría de jugadores que hemos tenido.

 

-Mirándola en retrospectiva, ¿cuán acertada fue la decisión de Bilardo de darle la cinta de capitán a Maradona en 1986?

-Creo que fue importante para todo el grupo, y ni que hablar para Maradona, a quien le dio un carácter mucho más fuerte y una seguridad mucho mayor.

 

-¿Qué importancia tuvieron Batista, Brown y Valdano en ese grupo, y por qué Daniel Passarella quedó tan relegado?

-Todos fueron muy importantes en la selección, y por eso no me gusta individualizar. Yo digo que muchos buscan la figura del mejor jugador, que en este caso fue Diego sin lugar a dudas, no solo de Argentina sino también del mundo. Pero sin un equipo detrás, ni fenómenos como Maradona, Cruyff, Ronaldo o Pelé te ganan un Mundial solos. La solidez está en el equipo, no hay otra. Y hay un ejemplo estadístico. Maradona jugó cuatro Mundiales, y Messi también. ¿Y cuántos ganamos?

 

-Uno.

-Bueno, ahí tenés el motivo: un plantel que trabajó durante tres años se consolidó como grupo y como equipo, y lógicamente nos sirvió tener al mejor jugador del mundo. Con lo cual Maradona ayudó al grupo y el grupo ayudó a Maradona. Por eso ganamos. Después, no es que desperdiciamos, pero participamos de siete Mundiales más y no pudimos salir campeones. ¿Lo tuvimos a Maradona? Sí. ¿Lo tuvimos a Messi? Sí. Pero si no conformás un equipo, perdés.

 

-¿En 1986 hubo un punto de quiebre, en el sentido de que tras el conflicto con Passarella el equipo se unió?

-Es que no hubo un conflicto con Passarella.

 

-¿No hubo un conflicto en torno a la capitanía y problemas iniciales de convivencia?

-Al contrario: el grupo fue extraordinario, y cuando hubo reuniones hablamos entre todos. Si no, no hubiéramos podido salir campeones. Obviamente, problemas de convivencia siempre hay, pero vos antes de que empiece un gran torneo tenés que dejar las cosas claras dentro del grupo, y ahí estuvo la inteligencia y la sapiencia de cada uno de nosotros, que teníamos una personalidad fuerte. ¿Celos por la capitanía entre Pasarella y Maradona? Sí. ¿Conflictos que hayan perjudicado al grupo? Nunca.

 

-Ahora, dentro de los siete Mundiales a los que usted hizo alusión, hay uno que solo desde la ignorancia o desde el exitismo se puede ver como un fracaso: el de Italia 1990.

-Claro. La campaña fue extraordinaria, y no salimos campeones porque faltaron Olarticoechea, Giusti y Caniggia en la final, y porque el árbitro se equivocó al cobrar ese penal. Estoy convencido de eso. Un segundo puesto nunca significa un fracaso, y por eso el de Argentina en Brasil 2014 también es destacable. Fracaso es quedarse afuera en la primera vuelta o, si sos una potencia como Brasil, Uruguay o Argentina, quedar eliminado en octavos. Llegar a la final de un Mundial es un mérito inmenso.

 

-Desde la óptica de un arquero, ¿por qué la definición de Jorge Burruchaga en el gol clave contra Alemania fue tan buena?

-Porque iba mirando bien al arquero, porque tuvo lugar para apreciar que al lado venía un compañero, porque a pesar de ello se tuvo confianza, y porque definió muy bien y con categoría.

 

-¿Es justo decir que nadie atajó como Pumpido?

-No, para mí el “Pato” Fillol fue el mejor.

 

-De todas maneras, me gustaría que les explicara a los jóvenes que no lo vieron cuáles eran sus puntos fuertes.

-Primeramente la personalidad, algo fundamental para ir al arco, donde apenas fallás, tenés que recuperarte. Después, la capacidad de trabajar, de repetir todo lo que hiciera falta y de intentar mejorar mis déficits. Y también de escuchar a los más grandes, porque la experiencia no es sustituible.

 -¿Qué significó emocionalmente haber salido campeón del Mundo con River y con la selección con muy poca diferencia de tiempo, y en las dos oportunidades con Oscar Ruggeri y Héctor Enrique como compañeros?

-Hay nada más que diez jugadores en todo el mundo que salieron campeones de los cuatro títulos más importantes -no metamos Sudamericana ni Recopa- en un solo año: nosotros tres y un grupo de brasileños que ganaron todo con Brasil y con el Santos. Así que fijate lo que significa eso para mí, considerando los futbolistas que ha habido en la historia. Somos solo diez y de dos equipos. Después, te diría que están bárbaras la Copa Libertadores y la Copa Intercontinental, y que podés ganar diez Champions League. Pero no hay como salir Campeón del Mundo con tu selección.

 

-¿El recuerdo de la gente lo sigue emocionado?

-Sí, por supuesto. Lograste el Campeonato del Mundo, con todo lo que significa. La misma reglamentación de FIFA te da a entender lo que estás ganando, porque solo los campeones pueden tocar la copa, con la excepción de los presidentes de los países. Ahí tenés la dimensión de un Mundial, y también lo difícil que es alcanzarlo.

 

-Imagino que su relación con Ruggeri y con Enrique, luego de tantas experiencias acumuladas, debe haber sido especial.

-Sin dudas. Somos amigos desde hace muchos años, y aún hoy seguimos teniendo relación de familia.

 

-Antes usted hablaba de la importancia del colectivo por sobre las individualidades en la Argentina campeona del Mundo. ¿Diría lo mismo del River de 1986?

-Sí, porque era un verdadero grupo. Es muy difícil que hoy en día encuentres a cinco campeones del Mundo y a tres jugadores de selección uruguaya en un solo equipo. Ese River tenía a Gallego y a Alonso, que habían salido campeones del Mundo en 1978, a nosotros tres, a Alzamendi y al “Tano” Gutiérrez, del seleccionado, y a Enzo, que se fue antes de la Libertadores. Contar en un plantel con esa categoría de jugadores es raro. Y por eso digo que el River de 1986 fue el mejor de todos los tiempos.

 

-Imagino lo que habrá sido ver el gol de Alzamendi desde la lejanía del arco…

-Por supuesto, imaginate lo que fue estar festejando una Copa Intercontinental, que era la primera para River y terminó siendo la única. Ese gol de Alzamendi fue clave, muy, muy importante, para que después pudiéramos festejar.

 

-Nery, ¿usted es un hombre nostálgico?

-¿Por qué lo decís?

 

-Porque la gente que ganó tanto muchas veces siente nostalgia por las cosas espectaculares que logró.

-Yo disfruto de los momentos que he vivido, disfruto de los amigos y, hoy en día con los adelantos que tenemos, disfruto junto a mis compañeros de los grupos de Whatsapp, sobre todo en el de River de 1986, donde estamos todos y nos la pasamos hablando durante todo el día (risas). También tenemos otro los que ganamos el Mundial con la selección, y esas cosas nos mantienen con la alegría de vivir que sentimos en 1986. Así que te diría que vivimos el presente, pero disfrutamos el pasado.

 

-¿Qué jugador usted hoy disfruta especialmente?

-Messi, sin lugar a dudas. Es el mejor.

 

-¿Y cuál fue el equipo uruguayo más duro que enfrentó?

-El Peñarol de 1986.

 

-¿Qué reproches se hace, más allá del fútbol?

-Qué sé yo, un montón de cosas. Pero estoy satisfecho con lo que he hecho, y tengo la tranquilidad de vivir con mis hijos y con mis nietos. Y los disfruto, que es lo fundamental.

 

-¿En dónde ha encontrado la fuerza exterior para seguir mirando hacia adelante más allá de los obstáculos, como por ejemplo de la famosa fractura que sufrió?

-Mirá, primero que nada creo en Dios. Y uno cuando está dentro del fútbol se expone a todo: a lograr lo máximo y a sufrir lesiones serias. Cuando tuve la lesión en el Mundial de Italia, venía de ganar cuatro años atrás lo más importante que había. Así que, por más que al principio sentí bronca, después sentí que debía asumir la lesión con la misma fuerza, la misma tranquilidad y la misma humildad con que había internalizado aquel campeonato. Esa fue mi ventaja para recuperarme rápido: pensar, cuando estaba solo en el sanatorio en Nápoles: “El fútbol me dio todo. ¿Me voy a quejar por una lesión?”.

 

-¿Y cuál es su mayor orgullo?

-Mis hijos, ni que hablar.

 

-¿Qué es lo que aprende de ellos y cuál es la mayor alegría que le han dado?

-Yo aprendo todos los días, y la alegría me la dan siempre, desde el más grande hasta el más chico. Pero además voy viendo el cambio generacional y las diferentes formas de comunicación que hay entre mi hijo de 37 años y el de 15. Por eso, cuando escucho decir que se busca a un técnico que esté más cerca de la edad de los jugadores que dirige, no lo puedo creer.

 

-La verdad es que es insólito, también porque esa moda supone idealizar la falta de experiencia de un técnico debutante.

-Sí, porque vos podés tener 80 años y contar con la sapiencia para hablar con fluidez con chicos de 12 o 13 años. Es más: seguramente les vas a llegar mucho mejor. Pero no es que yo esté en contra de los jóvenes. Mi hijo de 37 años, por ejemplo, es técnico y se está preparando para eso.

 

-Y Gallardo es excelente. El punto es no pensar que solo valen los jóvenes.

-¡Exactamente! No hacer esa diferencia. Si no, ¿cómo salió campeón Miguel Ángel Russo con toda la experiencia que tiene? A veces, la estadística indica lo contrario de lo que dicen algunos. Russo les cambió la mentalidad a los jugadores de Boca, y ganó el campeonato enseguida.

 

-Yéndonos un poco más atrás, recordemos a Marcello Lippi, a Alex Ferguson o a Fabio Capello.

-¿Y quién maneja la selección de Uruguay?

 

-Tabárez, que es un hombre viejo, directamente.

-¿Y hace cuántos años está?

 

-Desde 2006.

-¡Un fenómeno! Por eso te digo: a veces en el periodismo se crea una moda sin analizar con rigor, y no se evalúa cómo puede afectar negativamente a mucha gente. Lamentablemente varios dirigentes se quedan con lo que dicen los periodistas, en lugar de hacer un estudio previo, de involucrarse y de aprender cómo manejar un club. Yo mismo lo he vivido. Creen que un entrenador de 40 años va a estar necesariamente más cerca de un chico de 18. Y es mentira. Yo trabajo en Conmebol hace tres años, en esta cuarentena hemos realizado 40 conferencias con un montón de técnicos, y estoy actualizado constantemente. Pienso que para que mejore el fútbol hay que hacer un gran curso de dirigente, porque no hay que confundir el microclima con la realidad ni rodearse de gente que solo sabe decir que sí.

 

 

 

 

 

 


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